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TRAS LAS HUELLAS DE … GIRBAU
Centrifugando el mercado | 1 | 2 |


En 1920, Juan Girbau Vilageliu, el abuelo de la familia, funda un taller generalista de electricidad en la localidad barcelonesa de Vic después de finalizar su formación. Pere Girbau, presidente de la compañía y nieto del fundador, lo relata: “Mi padre, que había acabado sus estudios de peritaje industrial electricista, decide montar un taller de electricidad junto con mi abuelo. En aquel momento eran básicamente generalistas, pero se especializaron de alguna manera en electricidad aplicada al sector automovilístico”. En esta misma época, la radio se populariza en España y la familia Girbau descubre en este pequeño electrodoméstico un nicho importante. “Mi abuelo y mi padre, con gran visión de futuro, abren una tienda de electrodomésticos en Vic”.

  Pere Girbau

En 1939, todo está paralizado. La coyuntura nacional e internacional dificultaba la libre circulación de mercancías, por lo que la familia buscó nuevas oportunidades. “Nos dedicamos a los equipos de rayos X después de llegar a un acuerdo con la empresa Philips. Ésta se ocupaba de la parte eléctrica y electrónica, mientras que nosotros hacíamos la estructura de metal de cada mesa e incorporábamos los elementos de la parte mecánica de los que la compañía holandesa carecía. Otra línea de negocio que abrimos fueron los equipos de soldadura para Philips y otras empresas”.

En la década de los sesenta, España comienza su proceso de modernización. La industrialización y la ligera apertura de las fronteras generan en el país la demanda de electrodomésticos. La familia Girbau ya tenía dos tiendas de electrodomésticos en Vic, que no daban abasto. “Cuando se popularizó la lavadora doméstica en España, las empresas fabricantes eran de pequeño tamaño y usualmente no podían atender todas las peticiones. Encontrábamos problemas de suministro”.

La familia se animó a fabricar su propia línea: “Las primeras máquinas del mercado eran lavadoras de bombo, que era de madera, y depósito de zinc. Vimos que era una mecánica muy sencilla: mueble, bombo y depósito”. La idea fue un éxito, pero “cuando las empresas multinacionales como Otsein entraron en el mercado español, vimos que éramos demasiado pequeños para competir en un mercado tan grande y nos fuimos retirando”.

La firma estaba consolidada como fabricante de electrodomésticos y el propio desarrollo español facilitó el estreno de nuevas vías. La consolidación del proceso de apertura, acentuada por el auge del sector turístico, provocó el cambio de estrategia: “Vimos que quizás en este sector podríamos entrar con más fuerza y, desde luego, con más posibilidades”. Las cadenas internacionales de hoteles se estaban asentando progresivamente en el país y, como consecuencia de su expansión, los hermanos Girbau “decidimos explorar el segmento de lavandería industrial. Los hoteles y los restaurantes tienen unas demandas específicas que podíamos cubrir. Este planteamiento significaba reorientar la empresa, porque no podíamos competir en precio final con las multinacionales que producían electrodomésticos para el hogar”.

En este momento, el crecimiento de Girbau se enlaza con el turismo. “Empezamos construyendo lavadoras de diez kilos de capacidad y luego nos fuimos adaptando a las necesidades. Podemos asegurar que hemos crecido de la mano de los hoteles, los restaurantes y los servicios relacionados con el turismo. En cierto modo ha sido un modelo que repetimos en el proceso de expansión. Las cadenas hoteleras se han instalado en otros países, fundamentalmente en el Caribe, y nosotros les hemos seguido atendiendo, suministrándoles la maquinaria y resolviéndoles los problemas relacionados con la lavandería”.

  La crisis de la energía
El 31 de diciembre de 1971, la compañía se constituye en sociedad anónima como paso natural para hacer frente a nuevos desafíos. En 1973 comienzan a exportar su producción de manera irregular, si bien estaban presentes en Andorra, Argelia, Dinamarca, Francia, Grecia, Irán, Marruecos, Nigeria, Portugal y Sudáfrica. Pere Girbau asegura que no había un plan de internacionalización predefinido. “No teníamos una línea clara de exportación, sino que fuimos allí donde iban surgiendo las oportunidades de negocio”.

La coyuntura política y económica mundial contribuye a definir la estrategia de la empresa y, así, la crisis del petróleo reposiciona la empresa por segunda vez. “Tuvimos un bache en 1974 con la primera crisis del petróleo. El sector hotelero sufrió un parón y entonces actuamos en dos esferas: el mundo hospitalario y la exportación. Estos dos caminos ya estaban abiertos, pero tuvimos que profundizar en ambos. Durante esta época, en España se construyeron grandes hospitales que demandaban instalaciones de lavandería. Era un nicho que necesitaba unas máquinas más grandes, pero cuyo diseño y características podíamos asumir. Básicamente el producto era el mismo que ya realizábamos. Por otro lado, decidimos que había que aumentar las exportaciones”.

La decisión de salir al exterior tarda en dar sus frutos, sobre todo por la citada crisis. Tanto en 1974 como en 1975 se redujo el volumen de exportaciones y la maquinaria Girbau se comercializó en menos países. Pero en 1976, la marcha es imparable y el volumen de ventas en el exterior casi se duplica. “Aquel año estábamos ya presentes en diecisiete mercados con un volumen de ventas alrededor de los cincuenta millones de pesetas de la época”. Durante el siguiente lustro, multiplican los países, cuya lista incluye mercados tan dispares como Austria, Cuba, Estados Unidos o Kuwait. Las cifras de negocio por facturación de la exportación se multiplican por seis.

 El proceso de internacionalización
El Presidente insiste en que no había una única estrategia de internacionalización: “El único criterio válido era que cuantos más países, mejor. En la práctica, observamos razones estratégicas, porque hemos ido de la mano de una cadena hotelera que se ha instalado en un país determinado, o sencillamente por relaciones con otras empresas de la región que tenían intereses en éste o aquel país. También hemos aprovechado las actividades de ICEX, tales como misiones comerciales o ferias. Cualquier mercado es bueno”.

La exportación fue producto de la necesidad y la compañía comenzó según los métodos más tradicionales. El Presidente asegura que “somos una firma familiar dirigida por tres hermanos, pero desde el punto de vista empresarial somos una empresa comercial que tiene una fábrica. A la hora de exportar, al principio, yo mismo viajé bastante y visité a muchos distribuidores y proveedores”. La experiencia fue positiva. “Enseguida vimos que era necesario montar una estructura más adecuada mediante representantes”. La estrategia continúa en la actualidad, ya que “normalmente en los países en los que no tenemos filiales vendemos a través de un distribuidor que tiene la exclusiva. Es el responsable del mantenimiento, del servicio técnico y, lógicamente, de la venta y de la relación con el cliente final”.

Posteriormente se optó por crear una primera compañía en el exterior. “Fundamos una sociedad llamada Ibérica del Frío en Limoges (Francia) a medias con un socio de Pamplona. Fue el primer experimento de empresa propia fuera de las fronteras. Después de la experiencia constituimos una firma propia en el país”. Creada en 1989, Francia Girbau tenía como misión distribuir directamente la producción y proporcionar asistencia técnica.

Este sistema ha dado resultados: más del 50% de la facturación de la empresa, que supera los ochenta millones de euros, se destina a la exportación. Los principales países son Estados Unidos, Francia, México, Italia, Reino Unido, Sudáfrica, República Dominicana y Australia. Girbau cuenta con más de ochenta distribuidores, que compran material regularmente, pero “si cuentas los países donde se han hecho ventas casi doblamos la cifra. Muchos mercados no tienen una infraestructura ni una demanda estable para disponer de un distribuidor, pero sí realizan compras esporádicas. Por ejemplo, el distribuidor ubicado en Dubai suele vender a países del entorno”.

La empresa ha tenido que moldearse a esta estructura, que “lo mismo obliga a reciclar los servicios técnicos, que a organizar reuniones y convenciones o preparar visitas a la fábrica y, sobre todo, contar con una documentación plurilingüe para que cualquier cliente pueda resolver un problema dado en su propio idioma. Tenemos una editorial propia que publica manuales, instrucciones y actualizaciones en una gran cantidad de lenguas”.

Como conclusión, el Presidente adelanta que la clave ha sido “la ampliación de la gama. La experiencia de 1973 nos hizo ver cuán importante es estar en diferentes áreas de negocio para evitar que una crisis sectorial nos cogiese de lleno. La diversificación nos ha conducido a fabricar máquinas para la lavandería hospitalaria y sanitaria (hospitales, centros de mayores, asilos, residencias de la tercera edad...), para el sector de hostelería, para la lavandería industrial, para los autoservicios y los gimnasios y para el sector de las tintorerías. Otros fabricantes entran en uno de estos segmentos con una gama más completa que la nuestra, centrándose en un nicho. Nosotros tenemos una gama que aporta soluciones básicas a diferentes sectores industriales”.

Para hacer frente a todas las demandas, Girbau ha tenido que cumplir con las normativas específicas de cada país. “Obtenemos los certificados de calidad y las normas de seguridad para trabajar con tranquilidad. Estas certificaciones nos permiten cubrir casi cualquier país del mundo. Ahora nuestra maquinaria está verificada por ETL (Estados Unidos), TUV GS (Alemania), Bureau Veritas (Francia) y LGAIG (España). Contamos con un equipo de profesionales dedicados exclusivamente al tema”.

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