Según
los científicos, las consecuencias del aumento de temperatura
ocasionado por la contaminación, serán catastróficas
por la reducción de alimentos a escala mundial, el aumento
de la desertificación, la escasez de agua, el aumento de
fenómenos tormentosos y la disminución de tierra habitable
por la subida del nivel del mar. Todo ello contribuirá en
un futuro cercano a un flujo emigratorio constante desde los países
subdesarrollados hacia países industrializados, ya que los
efectos perjudiciales afectarán desproporcionadamente a las
zonas más pobres con economías muy dependientes de
los recursos naturales y de los sectores económicos vinculados
con ellos. Los efectos del cambio climático también
repercuten en la salud humana, principalmente por la aparición
de plagas transmisoras de enfermedades (insectos y roedores).

Desde la Unión
Europea se han establecido durante los últimos años
numerosos mecanismos para paralizar este proceso de calentamiento
de la atmósfera. Por un lado, se están desarrollando
nuevas tecnologías y, por otro, se está generando
gran cantidad de legislación específica, que reduce
los valores límites de emisión en la industria, los
motores de tracción y las instalaciones de combustión.
La política de fiscalidad e incentivos de la energía
contribuye también al desarrollo de tecnologías limpias,
al fomento del uso de fuentes renovables y a la optimización
de procesos de eficiencia energética.
El Protocolo
de Kioto constituye el único tratado internacional que
trata de buscar soluciones reales a este problema social, ambiental
y económico de primera magnitud.
Esta nueva concienciación
de la importancia del entorno natural afecta a la competitividad
de las empresas en el mercado mundial en un doble ámbito:
- Por un lado,
las medidas de prevención y control de la contaminación
son caras y repercuten en el coste de los productos y los procesos.
- Por otro,
estas mismas medidas obligan al desarrollo de tecnologías
y nuevos productos y procesos que constituyen oportunidades de
mercado para las empresas capaces de desarrollarlas.
Un reciente
informe sobre el Programa
Europeo del Cambio Climático (PECC) estima que el coste
requerido para asumir el Protocolo se cifra, sólo en la UE,
en 3.700 millones de euros al año y que éste es perfectamente
asumible por los países miembros, aunque requerirá
instrumentos legales y de mercado para su cumplimiento.
La adopción
de los principios de Kioto supone la reducción mundial de
los gases de efecto invernadero para el período 2008-2012
en un 5,2%, y en el conjunto de los países de la Unión
Europea de un 8% con respecto a los niveles registrados en 1990.
Según eso, en España se podrían aumentar hasta
un 15% las emisiones cumpliendo con los objetivos del Protocolo.
Aunque aún
no se encuentra en vigor, Rusia ha anunciado que lo ratificará
en breve, constituyendo éste un hecho clave, ya que este
país aportaría un 17,4% de las emisiones totales de
gases.
Herramientas de trabajo
Los países
firmantes de Kioto han puesto tres fondos a disposición
de los países con mayores dificultades.
La Comisión
Europea inició el pasado 25 de marzo una consulta sobre la
forma en la que se puede impulsar el uso de las tecnologías
ecológicas, de cara a realizar un plan de acción a
finales de año. Asimismo, también recordó el
efecto que el uso de estas tecnologías tiene para la creación
de empleo, dado que desde 1994 en la UE aumentaron en 500.000 los
puestos de trabajo directos ligados a la gestión de la contaminación
y a las tecnologías limpias.
En países
como Alemania ya se está llevando a cabo iniciativas fiscales
ecológicas. En España se opta por el modelo de incentivo
pero aún no se han implantado cargas ambientales significativas.
El Ministerio
de Medio Ambiente ha creado la Oficina Española de Cambio
Climático con la finalidad de detectar las necesidades y
adoptar las medidas de mejora que se estimen oportunas.
Mecanismos flexibles
El Protocolo
de Kioto prevé tres tipos de mecanismos de flexibilidad,
destinados a facilitar a los países desarrollados el cumplimiento
de sus obligaciones de emisiones.
- El principal
de ellos es el comercio de emisiones,
mediante el cual los países podrán transferir parte
de su cuota asignada de emisión a otro país, o adquirirla
mediante una compensación económica.
- Los otros
dos mecanismos se refieren a proyectos internacionales específicos
en los que un país invierte en otro produciendo una reducción
de emisiones, que contabiliza a su favor el país inversor.
La aplicación
de los mecanismos de flexibilidad es de carácter voluntario,
aunque su puesta en marcha se considera ventajosa económicamente.
El Plan Internacional de Comercio de Derechos de Emisión
tiene prevista su entrada en vigor en el año 2008 y la Unión
Europea pretende adelantar este objetivo a 2005 en el ámbito
de los países miembros. Con anterioridad a esta fecha, se
debe establecer, entre otras cosas, el establecimiento de un precio
único para las cuotas intercambiadas.
La transparencia
de los precios permitirá a las empresas juzgar las oportunidades
de negocio que presenta el intercambio de emisiones. El beneficio
económico es claro: la empresa vendedora recibe una compensación
económica y la compradora se ahorra los costes imprevistos
que puedan provenir de posibles sanciones o multas. Asimismo, se
fomenta la inversión en tecnologías limpias de reducción
de la contaminación.
A pesar de la
falta de definición, existen ya experiencias de sistemas
de intercambio de derechos de emisión en varios Estados miembros
como Dinamarca o el Reino Unido.
El sistema de
compraventa de derechos de emisión afectará a más
de 5.000 empresas en la Unión Europea y supondrá un
ahorro potencial de 1.300 millones de euros con respecto a la situación
planteada sin la existencia de este mecanismo. La adaptación
de la industria española a la futura Directiva de comercio
de emisiones supondrá un coste calculado superior a 1.000
millones de euros al año a partir de 2005.
EEUU: una visión divergente
Las medidas adoptadas
por el equipo del presidente estadounidense George Bush como alternativa
a la negativa de su país a ratificar el Protocolo de Kioto
sobre cambio climático, difieren profundamente de la línea
seguida en la Unión Europea.
Teniendo en
cuenta que EEUU es responsable de la cuarta parte de las emisiones
mundiales de dióxido de carbono (principal agente
responsable del cambio climático), es francamente difícil
pensar que el modelo de desarrollo planteado por el Gobierno de
Bush se acerque al de desarrollo sostenible planteado por la Unión
Europea en el Sexto
Programa de Acción Comunitaria en Materia de Medio Ambiente.
La estrategia
estadounidense se sustenta en unas pocas iniciativas reglamentarias
en la promoción de acuerdos voluntarios de reducción
de CO2 y en la concesión de estímulos fiscales e incentivos
financieros a la industria. Sin embargo, la mayoría de la
financiación se consigue actualmente a través de los
impuestos procedentes de las facturas eléctricas y no existe
un recargo fiscal para las energías más contaminantes.
Como contrapartida,
ya existen ejemplos de acuerdos voluntarios. E incluso el estado
de California se ha desmarcado de la política energética
nacional y ha establecido sus propios criterios de control de emisiones.
La Unión
Europea, por su parte, afirma que EEUU elevará un 33% respecto
a 1990 sus emisiones de gases de efecto invernadero y que el país
se verá desconectado del nuevo mercado internacional de emisiones.
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