Benchmarking
es una técnica de gestión empresarial que pretende
descubrir y definir los aspectos que hacen que una empresa sea más
rentable que otra, para después adaptar el conocimiento adquirido
a las características de nuestra propia compañía.

Gonzalo Alegría,
consejero delegado de All Experts Spain y profesor de comercio
exterior del ICADE, ha creado, sobre esta base, el benchmarking
inclusivo, un esquema estratégico cuya particularidad consiste en que está pensado para hacer frente al mercado
global.
Según
Gonzalo Alegría, “la superioridad del benchmarking
respecto a otras técnicas de planificación estratégica
es notable. Con él, lo importante es saber dónde localizar
y cómo procesar la información, una información
veraz y actualizada que me permita tener oportunidades reales de
negociación en el mercado”.
A pesar de que,
como técnica empresarial, el benchmarking se empezó
a emplear a finales de los 70 en los EEUU, Alegría destaca
el uso que han hecho de este recurso las empresas japonesas, que
llevan años aprendiendo de la competencia internacional para
descubrir nuevas formas de producción, vías de negocio,
nichos de mercado, etc.
Lo que debe
quedar claro es que el benchmarking no implica prácticas
fuera de la legalidad. Esta técnica nada tiene que ver con
el espionaje industrial o la copia, ni debe tener como resultado
un cambio brusco de la cultura empresarial que rija la propia organización,
sino recabar la información suficiente con el fin de poder
negociar en las mejores condiciones con todos los implicados en
los procesos de creación de valor de una empresa; hacer la
competencia más dura a los demás, y descubrir nuevos
nichos de mercado.
Técnicas de Benchmarking
Hay
cuatro niveles a los que hay que atender para realizar el proceso
de benchmarking:
- Benchmarking
interno:
El análisis de la cadena de valor de la empresa propia
aportará los primeros datos sobre cuáles son los
aspectos que mejor y peor funcionan en la compañía.
Gonzalo Alegría sugiere que se puede completar este estudio
con consultas a los empleados y directivos de la propia empresa.
“A pesar de que el benchmarking interno parece sencillo
porque en este país nos caracterizamos por ser muy comunicativos,
hay un factor cultural que puede dificultar este proceso, el miedo
al despido. Este miedo puede llevar a que algunos empleados se
pongan a la defensiva y la información pierda parte de
su valor. Sin embargo, para recabar información en el exterior
la actitud es distinta, el empleado piensa que se le consulta
por ser un buen conocedor del país, no porque existan segundas
intenciones”.
- Benchmarking
primario: Se recaba información directamente
de la competencia. Alegría recomienda la consulta a los
antiguos empleados de otras empresas. “En España,
estas consultas pueden dar buenos resultados, mientras que, por
ejemplo, en el mundo anglosajón es muy difícil de
hacer, porque en muchas empresas se obliga a firmar a los empleados
un pacto por el que no puedes contar nada, debido a que es muy
usual hacer benchmarking”.
Otra fuente muy buena de información son los clientes y
proveedores de la competencia, a pesar de que “parte de
esta información estará viciada, ya que será
un intento de negociación por parte del otro, para convertirse
en cliente nuestro”.
- Benchmarking
cooperativo:
Consiste en la realización de un intercambio de información
con las empresas competidoras.
La técnica cooperativa siempre es más sencilla en
el ámbito internacional, porque la competencia se percibe
como más lejana y menos peligrosa que la nacional. Aunque
Gonzalo Alegría afirma que “en España, y más
en el caso de las pymes, es casi imposible. Muchas son empresas
familiares y es como pedir a los Montesco y los Capuleto que intercambien
información familiar”.
En este caso, acudir a un consultor externo al que encargar un
estudio en común puede despejar suspicacias, ya que aportaría
información que se compartiría igualitariamente
entre estas empresas.
Y siempre hay que tener en cuenta que los que son nuestros competidores
en España pueden ser nuestros aliados en el exterior. (Ver
el artículo de El Exportador Digital dedicado a los consorcios
de exportación).
- Benchmarking
secundario: Recopilamos información de dominio
público sobre un sector de actividad, las empresas competidoras,
los mercados en los que nos movemos, los clientes, proveedores,
etc. Sin ir más lejos, Internet permite conseguir información
gratis o a bajo precio de manera cómoda y rápida.
El objetivo es descubrir cuál es el valor añadido
de otras empresas, cuáles son nuestros competidores y cuáles
son sus debilidades y fortalezas.
Tanto a través del portal del ICEX como en las páginas
de la revista que tiene ante sus ojos, puede encontrar multitud
de enlaces a distintas fuentes de información.
Lo primero es
obtener una visión global del sector en el que nos movemos
en el contexto mundial: debemos detectar los países con mayores
oportunidades para nuestros productos o servicios. Para una pyme,
Gonzalo Alegría recomienda ir a países donde alguna
empresa española del sector esté presente, ya que,
si la marca española o algún producto similar al que
ofrecemos es conocido, será más fácil entrar
en ese mercado.
En segundo lugar, debemos conocer a exportadores nacionales del
sector. Para localizar a estas empresas se puede acudir, por ejemplo,
a los repertorios sectoriales que ofrece el ICEX o a los listados
de las asociaciones de exportadores.
También debemos conocer a los exportadores extranjeros del
sector que compiten dentro y fuera de España.
Las ventajas del benchmarking exterior
Ante
una crisis de demanda, Gonzalo Alegría enuncia dos formas
de recuperar el nivel de ingresos de la empresa:
- Aumentar
la gama de productos, lo que implica fuertes inversiones.
- Diversificarse
geográficamente, lo que propone Gonzalo Alegría
en especial para las pequeñas y medianas empresas.
Ahora bien, mientras
que en el caso del mercado nacional el análisis es sencillo,
por el hecho de compartir las mismas prácticas laborales,
legales, etc., en el mercado exterior los resultados del análisis
pueden verse afectados por la diferente cultura empresarial de cada
zona, que se traduce, por ejemplo, en aspectos como el diferente
tratamiento del apalancamiento financiero o el efecto fiscal
en cada país.
En el ámbito internacional,
la adecuada gestión del conocimiento consigue la detección
de nuevos nichos de mercado y oportunidades de negocio, la planificación
de repliegues estratégicos, es decir, la no incursión
o retirada de un mercado, y la puesta en marcha de estrategias que
permitan hacer frente a una invasión del mercado en el que
operamos.
El gran acierto de esta
técnica es que nos permite tomar decisiones a base de hechos
y no de intuición. La clave está en localizar quiénes
son los mejores haciendo algo y aprender de sus aciertos. Nos permite
no tener que reinventar soluciones que ya existen y que aplican
otras empresas, y acelerar los procesos de mejora.
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