Han
pasado ya cuatro generaciones desde que, en 1898, el abuelo de Luis
Artigas se aventurara, casi por azar, en la comercialización
de pieles en bruto. “Un día le encargaron una -nos
explica- y, cuando la vendió, se dio cuenta de que ganaba
más de esa forma que con una carga de leña”.
Comenzó entonces a recorrer los pueblos cercanos a su Andorra
natal, en el Bajo Aragón, y, comprando pieles por toda la
región, fue consolidando poco a poco un negocio que “luego
continuaría mi padre, después yo y ahora mis hijos”.
Una trayectoria centenaria que esta firma turolense abandera con
orgullo por ser, en su opinión, la mayor garantía
de solvencia que podrían ofrecer a sus clientes.
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Luis
Artigas |
Cuestión de confianza
Y es que, como
reconoce Luis Artigas, en un sector de ámbito tan reducido
como éste la confianza es, por lo general, la llave maestra
del éxito. “Los compradores dan mucha importancia a
la antigüedad de la empresa porque para ellos es señal
de que sabe lo que quiere y sabe lo que hace”, es decir, es
un aval de profesionalidad.
“Cada
fábrica de curtición te pide un determinado tipo de
piel (entrefino, double face, con más o menos pelo...,
según sea para chaquetas de napa, de piel vuelta, etc.);
nosotros compramos a mataderos o almacenes y lo que hacemos es clasificarlas
en función de esas necesidades porque, aunque parezcan todas
iguales, hay muchísimas clases”, aclara. Salvo contadas
excepciones, “sólo nos dedicamos a las pieles de ovino
por aquello de hombre de muchos oficios, pobre seguro. Luis Artigas,
no cabe duda, conoce el suyo a la perfección y por eso afirma
sin rubor no tener miedo a la competencia. “Si no eres profesional
no vas a ningún lado”, sentencia. Aunque ése
no haya sido, ni mucho menos, su caso.
Más de
un siglo después de su nacimiento, la compañía
cuenta con una sólida cartera de clientes (amigos, como prefiere
llamarles Luis Artigas) en toda España y empieza a abrirse
paso en los mercados internacionales. El afán por seguir
creciendo y las sucesivas crisis que han venido atravesando las
fábricas de curtición españolas fueron los
factores que les animaron a dar el salto. “Aquí hay
una cosa muy clara: o ganas o pierdes, pero nunca te mantienes.
No puedes parar porque ya tengas unos determinados clientes, hay
que seguir”, insiste.
Inquietud exportadora
Fue su hijo mayor,
Alberto, actual director comercial de la empresa, quien despertó
en la familia esa inquietud exportadora. “Cuando terminó
sus estudios, le aconsejé que se marchara fuera a aprender
inglés. Al principio no quería, y prácticamente
le tuve que apuntar con una pistola para que subiera al avión
-bromea Luis Artigas-”. Finalmente, pasó dos meses
en Oxford y, llegada la hora de prolongar su estancia allí,
puso una sola condición: comenzar a trabajar en un almacén
de pieles. Esos dos meses se convirtieron en tres años, en
los que Alberto tuvo la oportunidad de conocer a clientes de todo
el mundo y familiarizarse por completo con el funcionamiento del
sector. A su vuelta a España, recuerda su padre, fue cuando
la idea de exportar empezó a tomar forma, y lo hizo con el
respaldo y el asesoramiento del PIPE.
“En Teruel
fuimos casi los pioneros del programa, nos ha ayudado mucho; nuestro
colaborador era muy competente y constante, y estuvimos muy contentos
con él; además teníamos la ventaja de que Alberto
ya conocía todo esto”, afirma Luis Artigas. Gracias
a esa experiencia, y dado lo específico del sector, “en
algunas cosas incluso les tenemos que aconsejar nosotros porque
esto no es como el aceite o las almendras, sino que con la misma
piel tienes que hacer diferentes cosas para diferentes clientes”.
Con las ideas
tan claras, no les fue difícil definir desde el principio
sus mercados objetivo, “países emergentes que no podemos
dejar pasar” como Turquía, su gran baza, la India o
China, una espina que todavía están tratando de sacarse.
“Hasta ahora no lo hemos conseguido, pero tenemos que entrar
como sea porque cuando China despierte... Llevan un ritmo increíble:
ellos van con un Mercedes y nosotros con un Citroën, y en cuanto
aprendan a curtir va a ser un mercado muy importante ya que la mano
de obra es muy barata”, piensa en voz alta. Y la lista continúa
ampliándose: Australia, Canadá, Francia o Polonia
donde, finalmente, tras enviar algunas muestras han comprendido
que es imposible entrar por precio. “Las pieles españolas
son las mejores del mundo pero también las más caras;
mandamos medio contenedor y nos dijeron que, pese a la calidad,
eran prohibitivas para ellos”.
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