Oro
o plata, ¿qué metal triunfa en el mundo de la joyería?
"La plata, sin lugar a dudas, el blanco está de moda",
afirma con rotundidad Salvador Tous, director general de Joyería
Tous. Una moda con la que, fiel a su estilo, cumple a la perfección,
combinando el blanco y el negro en todo lo que le rodea y en su
misma persona. Sofá y sillas blancas, estantería negra.
Prendas negras, cabello y accesorios blancos. Este aderezo ambiental
y personal, intencionado o casual, parece buscar la estilización
atribuida en el mundo del arte a estos dos matices.
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Salvador
Tous,
director general de Joyería
Tous |
Manifestación
trasladada también al seno de la dirección de su empresa.
El color siempre ha sido misterioso, e incluso calificado por muchos
artistas de poco fiable, debido a su capacidad de mutar. Y a Salvador
Tous, una persona de ideas bien definidas, no le gusta que las cosas
cambien a su antojo, sin control alguno. “La calidad tiene
que ser siempre la misma y anteponerla al volumen de producción
y ventas, mientras que el diseño ha de ser fresco, actual
e innovador, en consonancia con las tendencias del mundo de la moda”.
De nuevo aparece esa omnipresente combinación del blanco
y el negro, materializado en la distribución de las responsabilidades:
Salvador Tous es el alma de la gestión y su mujer Rosa Oriol,
el de la creación.
Dos tareas,
una misma esencia que persiste desde 1965, año en el que
ambos unen sus vidas en el sentido más completo del término
y proporcionan a Joyería Tous, el negocio familiar de los
Tous, un sello propio, que ha venido a convulsionar la orfebrería.
En un sector marcado por el clasicismo y la tradición, sus
piezas, adaptadas al gusto contemporáneo, a la moda y al
modo de vida actual de la mujer, trajeron savia nueva. Además,
como apunta Salvador, “conjugamos calidad, diseño,
precio y servicio en unas joyas pensadas exclusivamente en quien
va a lucirlas, tanto en un entorno profesional como personal”.
Momentos de éxito que avalan una trayectoria de más
de 80 años.
Ese
taller de reparaciones
Los felices años
20 animan a un relojero catalán, Salvador Tous Blavi, a abrir
un pequeño taller de reparaciones en una céntrica
calle de Manresa, localidad próxima a Barcelona, conocida
por su actividad empresarial. Según marcan los cánones,
el negocio pasa a manos de su único hijo, Salvador Tous Ponsa,
quien decide introducir algunos artículos de joyería
en plata y oro. Y tras su matrimonio con Rosa Oriol en 1965, como
resultado de las conclusiones obtenidas tras analizar la dinámica
del sector en Europa, ambos optan por diseñar piezas únicas
y colecciones identificativas, adentrándose también
en la búsqueda de nuevos proveedores. Como consecuencia más
inmediata: la incorporación años más tarde
de un taller de joyería propio desde el cual se conciben
joyas exclusivas y encargos personalizados.
Corren los años
80 y esta empresa catalana, con casi el 70% de joyería de
creación y producción propia, pone en marcha un plan
estratégico de expansión, avalado por la creación
de una marca, Tous, simbolizada en la figura de un osito, que ya
ha dado la vuelta al mundo. Creado por Rosa Oriol a mediados de
la década, es el símbolo distintivo de la compañía
y uno de los que más falsificaciones ha sufrido en los últimos
años.
Lérida
primero y Barcelona después son sus dos grandes bancos de
pruebas. "Lo más importante es que vimos que no era
tan difícil manejar diferentes tiendas, en diferentes localidades.
Y más aún: nuestros diseños tenían una
enorme aceptación", apunta Salvador. En pleno proceso
de crecimiento, la tercera generación de la familia Tous,
todas mujeres, se incorpora al negocio: Rosa, con formación
en gemología, se ocupa de la compra de piedras preciosas;
Alba es la encargada de los recursos humanos; el departamento de
contabilidad está bajo la supervisión de Laura, y
Marta está volcada en el diseño, producción
y reparación de piezas. Su formación, además
del periplo universitario: centros especializados como el Gemological
Institute of America (GIA) de Los Ángeles, el Instituto de
Joyería de Lausana, la Escuela de Joyería de Madrid
o el IESE de Barcelona.
Y con ellas
llegó la salida al exterior. Según cuenta Salvador,
"las ventas en España habían alcanzado un volumen
cercano a la saturación, por lo que, después de analizar
diferentes variables, decidimos abordar los mercados internacionales.
Teníamos un símbolo exclusivo, un producto de calidad
e innovador, una infraestructura contrastada y una política
tanto de ventas como de imagen de marca definida, así que
pensamos que ningún país se mostraría reticente
a adquirir nuestros productos. Lo que no imaginábamos era
que costase tanto adecuar nuestra estrategia a las peculiaridades
de los mercados. Pecamos de ingenuos, hay que reconocerlo".
Primeras
experiencias
Japón,
Alemania y Estados Unidos fueron sus primeros objetivos. "La
reflexión que hicimos -continúa para recalcar la entonces
bisoñez del equipo directivo- fue la siguiente: ¿Qué
países tienen una mayor capacidad adquisitiva y una elevada
demanda de joyas? Pues Japón, Alemania y Estados Unidos.
Y allí nos lanzamos casi sin más. Recibimos golpes
por todos los lados, pero teníamos a nuestro favor que en
Tous el tiempo nunca ha sido un factor determinante. Siempre que
invertimos lo hacemos a largo plazo, aunque bien es cierto que esto
nos ha traído consigo un mayor nivel de gastos".
Así pues, en el
país del sol naciente, allá por 1994, se produce el
bautismo internacional de Joyería Tous y el primer problema
con el que se encuentran es que, con su complicada estructura comercial,
el coste de las piezas se eleva a cotas no deseadas. Según
cuenta Salvador, para que una colección importada pueda llegar
al consumidor japonés ha de pasar por un importador y un
mayorista, hasta llegar al jefe de compra del establecimiento. “A
todos ellos les debe quedar un margen sustancioso, por lo que al
final el precio de venta es desorbitado, lo que va en contra de
la política de Tous, ya que precisamente de lo que presumimos,
y que ha constituido una de las claves del crecimiento de la compañía,
es que ofrecemos alta calidad a precios razonables”. La solución:
buscar un socio local y crear Tous Japón para poder operar
desde el interior.
Dicho y hecho.
Mitsukoshi fue el primer gran almacén japonés que
confió en las posibilidades de Tous. Un pequeño espacio
en aquellos años ha dado paso a ocupar casi una docena de
corners en diferentes ciudades. El interés del consumidor
japonés y la consolidación de la imagen de marca han
incrementado la presencia de Tous en otras grandes cadenas de distribución
como Takashimaya y Odakyu.
“Al japonés,
un cliente muy marquista, cuesta venderle la primera joya, pero
una vez que se consigue repiten, son bastante fieles. De hecho,
más del 60% ha adquirido piezas en más de una ocasión”,
señala con orgullo Salvador, consciente de que su expansión
en el mercado nipón ha sido lenta pero constante.
Los primeros contactos
comerciales con Japón hicieron ver a Tous la necesidad de
diversificar su línea de negocio para así potenciar
la imagen de marca de la firma. A Rosa se le ocurrió entonces
diseñar y lanzar una colección de bolsos, que funcionó
muy bien. Después aparecieron las bufandas, los guantes,
la marroquinería, los paraguas y las gafas. Y las últimas
novedades han llegado con el material de escritura, la vajilla,
el perfume, los zapatos y artículos de viaje. “Una
marca que se precie debe ofrecer distintos productos para arropar
su concepto”, sentencia Salvador.
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