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Desde sus
inicios, el pueblo turco se ha movido entre varias aguas, no sólo
por su situación geográfica, sino por sus relaciones
entre dos culturas y dos continentes. Una situación que
se percibe, hoy más que nunca, debido a la posibilidad
de que Turquía, una de las grandes civilizaciones del Mediterráneo,
forme parte de la Unión Europea.
En la actualidad,
Turquía intenta recuperarse del último
de los períodos de dificultades económicas que
ha venido sufriendo en la última década, caracterizada
por continuas crisis y recesiones que se han ido superando poco
a poco. A pesar de esta situación, lo cierto es que la
economía turca ha crecido una media del 5% desde 1981,
aunque con algunos altibajos.
A la fragilidad
política y, la fuerte inflación, que ha aumentado
el IPC de 2001 en casi treinta puntos con respecto al año
anterior, y la depreciación de la lira turca en un 50%,
se ha unido la debilidad del sistema bancario turco. Y además,
a la pérdida de confianza suscitada entre inversores y
consumidores con motivo de la situación política
y económica que vive el país, hay que añadirle
los efectos colaterales producidos por los atentados del 11 de
septiembre que han afectado al turismo, uno de los grandes potenciales
de Turquía.
Las consecuencias
de esta incertidumbre política y económica no se
han hecho esperar. Miles de empresas han cerrado durante el pasado
año y esto ha provocado un fuerte aumento del paro. También
se ha sufrido el colapso del programa económico que sustentaba
un acuerdo suscrito con el Fondo
Monetario Internacional, por lo que ha sido necesaria la elaboración
de un nuevo Programa de Estabilización.
>> Un nuevo horizonte
En mayo de 2001 se puso en marcha ese nuevo programa de apoyo
por parte del FMI para solventar la crisis, gracias a los esfuerzos
del nuevo ministro de economía turco, Kemal Dervis, antiguo
vicepresidente del Banco Mundial.
El nuevo Acuerdo
Stand-By 2002-2004 compromete al FMI a financiar nuevamente a
Turquía para que ésta salga de su última
crisis.
Los ejes básicos
sobre los que se estructura este acuerdo de financiación
son la contención de la inflación, un ajuste fiscal
que permita limitar la deuda pública y una serie de reformas
estructurales tanto en el sector público como en el privado,
con especial incidencia en la banca.
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