N.55
Julio 2002
 
 
 


>> El baúl de los sueños

Un camisón blanco de finas transparencias y puños de encaje acarician la piel aterciopelada de la joven. Sobre sus hombros, un viejo mantón de Manila impide que la humedad de la noche traspase su cuerpo. Los cortinajes de la habitación en la que se encuentra son de terciopelo rojo y, al fondo de la escena, un viejo arcón de madera guarda celosamente un tesoro.

Este tesoro no es otro que el vestuario de Titanic, una de las películas que más beneficios ha dado al cine norteamericano. El séptimo arte siempre nos transporta a lugares de ensueño, donde imaginamos ser los protagonistas de escenas como la anterior. Pero no hay que irse muy lejos, y no hay que ser Kate Winslet, para rodearnos de objetos preciosos y dejarnos envolver por el lujo del pasado. Para esto, basta con acercarnos a las callejuelas del centro de Barcelona y disfrutar de una visita a L'Arca de l'Avia, una de las tiendas de anticuarios de la Ciudad Condal, especializada en textil modernista y donde, por pura casualidad, una estadounidense decidió entrar un buen día y nutrirse de sus artículos para utilizarlos en el vestuario del largometraje, y donde podremos encontrar piezas únicas de los siglos XVIII y XIX: lencería, abanicos, muñecas, encajes, mantones de Manila y vestidos de época que, sin duda alguna, nos transportarán al mundo de nuestros antepasados.
LAURA SOTO VIDAL