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>> Madera de altura
Don José Esteban Díaz, el que fuera cura párroco
de Yecla, está siempre presente en la memoria colectiva
de la localidad. No sólo por la labor desempeñada
como guía espiritual de la comunidad, sino, sobre todo,
porque supo dar una alternativa industrial a un pueblo cuya única
forma de subsistencia era la agricultura.
Tuvo la iniciativa de crear una pequeña fábrica
de muebles, la Cooperativa Obrera de Muebles Esteban Díaz,
que se convirtió en una referencia de futuro para los jóvenes
y que hoy es considerada como el germen de las más de 400
empresas del sector mobiliario que están funcionando en
la actualidad. "Allí te enseñaban a trabajar
y muchos, cuando comprendían que lo habían aprendido
todo, se salían y montaban su propia fábrica. Este
fue el caso de dos de mis hermanos y el origen de nuestro negocio",
señala José María Muñoz, director
comercial de Torneados Muñoz, una empresa dedicada a la
fabricación de balaustres y accesorios en madera maciza
para escaleras, que ha traspasado fronteras haciendo gala de un
producto de calidad y diferenciándose de la competencia
por sus complejos y detallados diseños.
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José
María Muñoz, director comercial de
Torneados Muñoz. |
"Todo
comenzó en la primavera de 1973 cuando mi hermano Manuel
Muñoz, tornero de una fábrica de muebles, organiza
una reunión familiar para exponer su intención de
establecerse por su cuenta. Mi padre le dio el visto bueno, pero
con la condición de que los cinco hermanos estuviésemos
implicados en el negocio. Así, acordamos que nos centraríamos
en el torneado y transformación de la madera, aprovechando
los conocimientos de Manuel", se empeña en explicar
José María para dejar clara la impronta familiar
de la firma.
Si bien al
principio sólo estaban dedicados al 100% los dos mayores,
Manuel y Pedro, poco a poco todos y cada uno de los hermanos Muñoz
se fueron despidiendo de sus empleos, todos vinculados de una
u otra forma con la industria del mueble: metalúrgico José
María, ebanista Bienvenido y especialista en acabados de
muebles Rafael, para dedicarse al negocio familiar, Torneados
Muñoz.
Los recuerdos
de aquellos primeros momentos se tiñen del cansancio que
traían consigo los días llenos de horas de trabajo.
Para dejar claro que no se trata de palabrería, José
María explica que "la primera máquina semiautomática
que tuvimos, estuvo 120 días sin parar, funcionando las
24 horas, hasta que se quemó el motor. Sólo se apagaba
para retirar la viruta y afilar las herramientas". Son años
en los que se torneaban todo tipo de piezas: patas de ataúd,
peonzas, flotadores para redes, botones para prendas de vestir,
catavinos... "¡vamos!, que no poníamos reparo
a ninguna pieza por complicada que pareciese".
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Por la vía de la especialización
Poco a poco el mercado va definiendo la actividad de Torneados
Muñoz, centrándose a principios de los ochenta en
la fabricación de balaustres y de mueble auxiliar, sobre
todo camas, marcos, mesas de centro y consolas. "Era lo que
más se demandaba y además, al vender a los almacenes
directamente, teníamos menos problemas de cobro",
apunta José María.
Su forma de
comercialización era entonces muy precaria: con un Citroën
AK400, una furgoneta Ebro 100 y posteriormente un camión,
conducido siempre por José María, se recorría
toda España. En estos vehículos, que hacían
las veces de expositor, se ha llegado incluso a traer madera de
la localidad onubense de Valverde del Camino para tornearla en
Yecla.
El incremento
de las ventas hace que sea muy difícil prestar toda la
atención necesaria a las dos líneas de producción,
por lo que la familia decide crear una nueva razón social,
ADEMU S.L., para la elaboración de mueble auxiliar, de
la que se hace cargo Bienvenido, cuya profesión de ebanista
le hacía el más indicado.
Especializada
ya en la producción de balaustres de madera y accesorios
para escaleras, y con el mercado nacional dando signos de saturación,
Torneados Muñoz decide salir al exterior. De forma paralela
a lo que sucedió en los inicios de esta empresa, los primeros
pasos de su aventura internacional fueron difíciles. Según
cuenta José María, "para nosotros obtener información
era algo bastante complicado, ya que la partida estadística
donde se encuentra nuestro producto es residual, así que
no tuvimos más remedio que utilizar la vía más
ardua y costosa: visitar los destinos que pensábamos que
podrían ser interesantes, basándonos en un sentido
comercial, los países más cercanos primero, los
más lejanos después. Además, optamos por
asistir a ferias en esos mismos lugares para analizar la oferta
existente en el mercado. Y, a partir de ahí, tratar de
localizar posibles distribuidores".
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