N.55
Julio 2002
 
 





     
Tras las huellas de ...  
  Primeros pasos  
  Actualidad del exportador  

 

Barpimo dedica el 6% de su presupuesto a investigación, desarrollo e innovación (I+D+I)

 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE… BARPIMO  


>> Barnices y pinturas familiares
Estamos en el año 1959 en la localidad riojana de Nájera. Juan Ros acababa de ser despedido por su empresa mientras vendía a los fabricantes de muebles de la localidad métodos para aplicación a pistola de barnices y les asesoraba sobre su uso: "La empresa -nos explica su hijo, José Miguel Ros- no le pagó siquiera el billete de regreso a Cataluña y mi padre estaba completamente arruinado". La situación era dramática y Juan Ros pronunció la frase "Me tenéis hundido, pero no vencido", que se ha quedado grabada en la memoria de su familia. Ante esta situación el matrimonio formado por Juan Ros y Gloria Vázquez decidió establecerse en Nájera, y Juan inauguró Barnices y Pinturas Modernas (Barpimo), un pequeño taller dedicado a la fabricación de barnices.

José Miguel Ros

Estamos a comienzos del siglo XXI. En las actuales instalaciones de Barpimo hay escenas llenas de colorido y de actividad. El viejo taller es casi un museo de la arquitectura industrial de la España de los 60 y en torno a él han crecido unas instalaciones modernas, limpias y extensas donde 300 personas trabajan para el grupo Barpimo en su sede central de Nájera. Además, el grupo ha abierto plantas en México, Chile y Polonia y es un nombre conocido mundialmente por sus barnices para madera, pinturas para la decoración y la construcción, pinturas industriales y pinturas en polvo. El nombre de la firma está ya completamente asociado al patrocinio y mecenazgo de actividades culturales, empresariales y medioambientales en La Rioja y, muy especialmente, en Nájera, una ciudad emblemática dentro de la Ruta Jacobea.

>> Relevo generacional
Tras 43 años de andadura, Barpimo ha pasado a ser una gran empresa familiar y su director general, José Miguel Ros, representa la toma de la gestión de la empresa por parte de la segunda generación de la familia. Ha sido con esta segunda generación con la que se ha demostrado que la empresa familiar crece, pues con ella el grupo Barpimo ha tenido un desarrollo exponencial, tras un breve período de tiempo en el que estuvo completamente gestionada por ejecutivos externos a la familia. Barpimo está de nuevo en manos de la familia Ros, "pero con unas normas que imposibilitan que entorpezcamos la marcha de la empresa por decisiones arbitrarias", como apostilla José Miguel Ros.

Y es que el adjetivo familiar es fundamental para entender la evolución de Barpimo en la última década, como nos explica José Miguel Ros: "Cuando se produjo el relevo generacional pensamos que si desarrollábamos unos valores que consideramos propios de este tipo de empresa, transmitiríamos una imagen que tendría una repercusión muy positiva en nuestras cifras de ventas".

Barpimo se convirtió en una de las firmas españolas líderes en la fabricación de barnices ya en los años 70: "Mi padre decidió establecer delegaciones comerciales en toda España tras el cierre de muchas delegaciones de competidores por la crisis del petróleo. Esto hizo que tuviéramos nuestro primer gran crecimiento en 1975".

Mucho después, a finales de los años 80, se produjo el segundo salto, como consecuencia del relevo generacional. Juan Ros había dejado la gestión de la firma en manos de ejecutivos profesionales "que se dedicaban más a consolidar las finanzas de Barpimo que a crear empresa", según palabras de José Miguel Ros. Además, había tensiones dentro de la familia y "no estábamos satisfechos con ese tipo de gestión". Fue así como en 1989 los hijos convencieron a su padre y se convocó a toda la familia: "Los hermanos luchamos por entrar en el negocio y lo conseguimos. Teníamos en mente construir una firma de pinturas y barnices cada vez más fuerte que tuviera a la UE como mercado natural y, al mismo tiempo, que nuestra marca tuviera asociados una serie de valores que considerábamos propios de una empresa familiar: buenas relaciones laborales, responsabilidad social con la comarca donde estamos establecidos, buena gestión medioambiental, etc.".

En este proceso se creó el Consejo de Familia de Barpimo: "En el marco del Consejo creamos normas legales y morales que fijaban el papel de la familia en la empresa y, al mismo tiempo, diseñamos estrategias para seguir creciendo con los valores que nos habíamos impuesto. No sabemos si nuestros hijos van a relevarnos en la dirección de la empresa, pero ellos sí tienen claro qué estudios universitarios deben cursar y qué carrera profesional deben desarrollar: tienen que aprender un idioma extranjero, preferentemente inglés, estudiar carreras de las ramas de la Química, o de la Economía o del Derecho y adquirir su primera experiencia profesional fuera de Barpimo".

Con la empresa de nuevo en manos de la familia, vino un bienio de análisis y estudio de posibilidades y debilidades: "Barpimo era líder de su sector en España, pero sus exportaciones eran casi cero. Teníamos presente que España se estaba abriendo a competidores de la UE y que nosotros teníamos el capital y la tecnología necesaria para lanzarnos al mercado internacional. Por lo tanto, quisimos que el crecimiento de Barpimo se fundamentara en nuestra expansión internacional, algo que muchos consideraban una locura porque las pinturas y barnices son productos químicos con márgenes bajos de beneficio".

Este proceso de preparación para el comercio exterior se materializó en 1992 con el Plan Barpimo 97, que tenía los siguientes objetivos a realizar en un período de cinco años: respeto al medio ambiente, apoyo a la comunidad donde se ubica, internacionalización, compromiso de calidad total, homologación de las instalaciones y desarrollo de nuevas áreas de I+D. "Todo esto es normal hoy día entre las empresas españolas, pero en aquel momento parecía un discurso de ciencia ficción", apunta José Miguel Ros sin ocultar su orgullo por haber conseguido materializar un proceso de crecimiento satisfactorio, mientras nos muestra una maqueta que visualiza la futura ampliación de la sede central: sobre 100.000 metros cuadrados se extienden zonas deportivas, oficinas en edificios inteligentes, centros fabriles y de almacenaje con la última tecnología... Es la Barpimo que se quiere construir al comenzar el siglo XXI.

Para comprender este crecimiento vertiginoso a lo largo de los años 90 hay que analizar cada uno de los puntos del Plan 97, hoy todo ello hecho realidad.