|
>> Barnices y pinturas familiares
Estamos en el año 1959 en la localidad riojana de Nájera.
Juan Ros acababa de ser despedido por su empresa mientras vendía
a los fabricantes de muebles de la localidad métodos para
aplicación a pistola de barnices y les asesoraba sobre
su uso: "La empresa -nos explica su hijo, José Miguel
Ros- no le pagó siquiera el billete de regreso a Cataluña
y mi padre estaba completamente arruinado". La situación
era dramática y Juan Ros pronunció la frase "Me
tenéis hundido, pero no vencido", que se ha quedado
grabada en la memoria de su familia. Ante esta situación
el matrimonio formado por Juan Ros y Gloria Vázquez decidió
establecerse en Nájera, y Juan inauguró Barnices
y Pinturas Modernas (Barpimo), un pequeño taller dedicado
a la fabricación de barnices.
 |
José Miguel Ros
|
Estamos a
comienzos del siglo XXI. En las actuales instalaciones de Barpimo
hay escenas llenas de colorido y de actividad. El viejo taller
es casi un museo de la arquitectura industrial de la España
de los 60 y en torno a él han crecido unas instalaciones
modernas, limpias y extensas donde 300 personas trabajan para
el grupo Barpimo en su sede central de Nájera. Además,
el grupo ha abierto plantas en México, Chile y Polonia
y es un nombre conocido mundialmente por sus barnices para madera,
pinturas para la decoración y la construcción, pinturas
industriales y pinturas en polvo. El nombre de la firma está
ya completamente asociado al patrocinio y mecenazgo de actividades
culturales, empresariales y medioambientales en La Rioja y, muy
especialmente, en Nájera, una ciudad emblemática
dentro de la Ruta Jacobea.
>>
Relevo generacional
Tras 43 años de andadura, Barpimo ha pasado a ser una gran
empresa familiar y su director general, José Miguel Ros,
representa la toma de la gestión de la empresa por parte
de la segunda generación de la familia. Ha sido con esta
segunda generación con la que se ha demostrado que la empresa
familiar crece, pues con ella el grupo Barpimo ha tenido un desarrollo
exponencial, tras un breve período de tiempo en el que
estuvo completamente gestionada por ejecutivos externos a la familia.
Barpimo está de nuevo en manos de la familia Ros, "pero
con unas normas que imposibilitan que entorpezcamos la marcha
de la empresa por decisiones arbitrarias", como apostilla
José Miguel Ros.
Y es que el
adjetivo familiar es fundamental para entender la evolución
de Barpimo en la última década, como nos explica
José Miguel Ros: "Cuando se produjo el relevo generacional
pensamos que si desarrollábamos unos valores que consideramos
propios de este tipo de empresa, transmitiríamos una imagen
que tendría una repercusión muy positiva en nuestras
cifras de ventas".
Barpimo se
convirtió en una de las firmas españolas líderes
en la fabricación de barnices ya en los años 70:
"Mi padre decidió establecer delegaciones comerciales
en toda España tras el cierre de muchas delegaciones de
competidores por la crisis del petróleo. Esto hizo que
tuviéramos nuestro primer gran crecimiento en 1975".
Mucho después,
a finales de los años 80, se produjo el segundo salto,
como consecuencia del relevo generacional. Juan Ros había
dejado la gestión de la firma en manos de ejecutivos profesionales
"que se dedicaban más a consolidar las finanzas de
Barpimo que a crear empresa", según palabras de José
Miguel Ros. Además, había tensiones dentro de la
familia y "no estábamos satisfechos con ese tipo de
gestión". Fue así como en 1989 los hijos convencieron
a su padre y se convocó a toda la familia: "Los hermanos
luchamos por entrar en el negocio y lo conseguimos. Teníamos
en mente construir una firma de pinturas y barnices cada vez más
fuerte que tuviera a la UE como mercado natural y, al mismo tiempo,
que nuestra marca tuviera asociados una serie de valores que considerábamos
propios de una empresa familiar: buenas relaciones laborales,
responsabilidad social con la comarca donde estamos establecidos,
buena gestión medioambiental, etc.".
En este proceso
se creó el Consejo de Familia de Barpimo: "En el marco
del Consejo creamos normas legales y morales que fijaban el papel
de la familia en la empresa y, al mismo tiempo, diseñamos
estrategias para seguir creciendo con los valores que nos habíamos
impuesto. No sabemos si nuestros hijos van a relevarnos en la
dirección de la empresa, pero ellos sí tienen claro
qué estudios universitarios deben cursar y qué carrera
profesional deben desarrollar: tienen que aprender un idioma extranjero,
preferentemente inglés, estudiar carreras de las ramas
de la Química, o de la Economía o del Derecho y
adquirir su primera experiencia profesional fuera de Barpimo".
Con la empresa
de nuevo en manos de la familia, vino un bienio de análisis
y estudio de posibilidades y debilidades: "Barpimo era líder
de su sector en España, pero sus exportaciones eran casi
cero. Teníamos presente que España se estaba abriendo
a competidores de la UE y que nosotros teníamos el capital
y la tecnología necesaria para lanzarnos al mercado internacional.
Por lo tanto, quisimos que el crecimiento de Barpimo se fundamentara
en nuestra expansión internacional, algo que muchos consideraban
una locura porque las pinturas y barnices son productos químicos
con márgenes bajos de beneficio".
Este proceso
de preparación para el comercio exterior se materializó
en 1992 con el Plan Barpimo 97, que tenía los siguientes
objetivos a realizar en un período de cinco años:
respeto al medio ambiente, apoyo a la comunidad donde se ubica,
internacionalización, compromiso de calidad total, homologación
de las instalaciones y desarrollo de nuevas áreas de I+D.
"Todo esto es normal hoy día entre las empresas españolas,
pero en aquel momento parecía un discurso de ciencia ficción",
apunta José Miguel Ros sin ocultar su orgullo por haber
conseguido materializar un proceso de crecimiento satisfactorio,
mientras nos muestra una maqueta que visualiza la futura ampliación
de la sede central: sobre 100.000 metros cuadrados se extienden
zonas deportivas, oficinas en edificios inteligentes, centros
fabriles y de almacenaje con la última tecnología...
Es la Barpimo que se quiere construir al comenzar el siglo XXI.
Para comprender
este crecimiento vertiginoso a lo largo de los años 90
hay que analizar cada uno de los puntos del Plan 97, hoy todo
ello hecho realidad.
|