Elementos clave para esta
transformación han sido, entre otros:
- La privatización de las empresas estatales, en la que el
capital extranjero ha jugado un papel importante. En 1995, el
60% de las empresas estatales habían sido ya privatizadas
y un 20% liquidadas. Actualmente, aunque puede considerarse que
el proceso privatizador está prácticamente
concluido, todavía quedan proyectos de mediano tamaño que
puede ser interesante aprovechar.
- La desaparición de los
monopolios, que ha cambiado el panorama de los canales de
distribución.
Entre 1990 y 1993 Hungría
sufrió un desplome
productivo, con una caida del PIB del 18,2%. El paro, un
desconocido en el sistema anterior, creció con rapidez,
alcanzando en 1993 un 13%. También la construcción
atravesó una de sus peores recesiones en este periodo, y en
1992 la producción agrícola cayó un 25%.

En abril de 1995 se aprobó un
presupuesto muy restrictivo con el fin de conseguir un acuerdo con
el Fondo Monetario Internacional. Entre las medidas tomadas se
recogía un fuerte ajuste
fiscal; un recorte de las rentas para frenar la demanda
interna, la devaluación del forinto en un 9% y la
instauración de un sistema de devaluaciones con un ritmo
preestablecido que se ha ido reduciendo paulatinamente.
En 1996-97
llegó una explosión económica: se abrieron
nuevos centros comerciales, los cajeros automáticos
comenzaron a proliferar junto con el uso de tarjetas
electrónicas; se multiplicó el número de
sucursales bancarias, se renovó el parque
automovilístico, etc.
En la actualidad, la húngara se ha
convertido en una de las economías más sólidas
de la región. A principios de 1999 la inflación
cayó por debajo del 10% por primera vez desde 1987, y el paro
también descendió por debajo del 10%. La
producción industrial es la de mayor crecimiento de la zona.
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