China se está tomando en serio un papel internacional cada vez más preponderante, un papel que no solo se fija en su nuevo estatus de superpotencia y en el deslumbrante crecimiento que ha venido sosteniendo en las tres décadas pasadas, sino también en la imagen competitiva y moderna que la nueva China quiere proyectar al mundo.
No obstante, la actual crisis internacional presenta el escenario propicio para detenernos en algunas de sus flaquezas, como la caída del índice de precios, el desplome de las exportaciones e importaciones, el frenazo inmobiliario, la ingente degradación medioambiental o la pérdida de puestos de trabajo.
El Gobierno chino reaccionó con vehemencia a estas amenazas al anunciar a finales del pasado año un plan de estímulo fiscal de 586.000 millones de dólares que está empezando a dar sus primeros frutos. Sin embargo, son muchos quienes subrayan que esta medida centrada en el desarrollo de las infraestructuras podría no resultar efectiva.
I+D
China necesita nuevos motores de crecimiento, y los planes gubernamentales apuntan en esa dirección. En este cambio de paradigma tienen cabida aquellas empresas extranjeras que respondan a los nuevos requisitos de la transformación económica a la que aspira el país asiático, sobre todo en la medida en que “China sigue estando atrasada en ciertos aspectos tecnológicos”, apunta este Wang Jianmao, siendo notoria la fascinación que tienen por la tecnología.
China que avanza a dos velocidades donde conviven los arquetipos de su tradición junto con los más avanzados despliegues tecnológicos. En esa dualidad se mueve también la “occidentalización de los gustos chinos”, que es por un lado una realidad evidente, pero en la que las especificidades de la cultura china siempre dejan su impronta.
A su vez, el país cuenta cada vez con más activos que hacen que las empresas extranjeras encuentren en él nuevos puntos de interés. Tantas veces caracterizada como “la fábrica del mundo”, China no está perdiendo tal condición, sino diversificándola hasta el punto de que su atractivo no se basa solo en el coste de su mano de obra, sino que posee una serie de ventajas adicionales que siguen haciéndola competitiva frente a otros países emergentes.
Al bajo coste se le han añadido ya la cada vez más alta cualificación del trabajador chino, la posibilidad de acceder a un creciente mercado doméstico y la existencia de un entramado industrial y logístico que facilita las operaciones, permite elegir entre una mayor oferta de proveedores y genera economías de escala.
Además, según Juan Dedéu, consejero delegado de China Consultants, una consultora que asiste a empresas españolas en su proceso de establecimiento en el país asiático, “la creciente capacidad tecnológica china va a ser pronto otro atractivo fundamental, por lo que serán ya cuatro las razones para trabajar en este país: precio, logística, consumo doméstico y tecnología”.
Crisis = Peligro + Oportunidad
Del mismo modo en que la crisis ha hecho a muchos empresarios creer en la fragilidad de un sistema que hasta ahora parecía invulnerable, esta ha conseguido mitigar, al menos de forma transitoria, algunos de los problemas que se encuentran las empresas extranjeras al abordar este mercado.
Pedro San Gil, director de la juguetera Famosa en Hong Kong, lo sintetiza así: “la crisis ha ayudado a China a ser competitiva en términos de precio respecto a otros países emergentes; el frenazo de la demanda ha abaratado las materias primas y ha descendido el coste de la mano de obra en la industria manufacturera”. Esta circunstancia, sin embargo, no es siempre extensible a sectores que implican mayores requerimientos técnicos.
A su vez, el descenso de inversión extranjera directa (IED) que ha sufrido China con la crisis ha relajado las estrictas medidas de selección de la misma en las que estaba incurriendo el país. El consejero jefe de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Pekín, Fernando Salazar, afirma que la crisis está llevando al país a “atraer la inversión con menos filtros, facilitando su entrada con la eliminación de los impuestos de exportación en determinados sectores o el incremento de la devolución del IVA a la exportación, concediendo más facilidades de crédito y, en general, con un aligeramiento de las trabas burocráticas”.
La competencia china
El desarrollo industrial del país y su progresiva capacitación técnica generan también crecientes dificultades a las empresas extranjeras. La competencia china se ha extendido a un mayor número de sectores de actividad, cada vez con más recursos y mejores resultados, y siempre contando con la ventaja competitiva de un precio más barato.
Pedro Pablo Arroyo, arquitecto español y socio de CA Group, se centra precisamente en ese sector más exclusivo que por el momento es coto de profesionales extranjeros. A pesar de eso, reconoce que “la necesidad de importar know-how extranjero es cada vez menor en China, por lo que la impronta de otros países en ciertos proyectos, que hasta ahora ha aportado un gran valor, va a ser cada vez menos importante”.
La equiparación de diversas técnicas de los profesionales chinos a las de sus homólogos occidentales y japoneses ha ido asociada a la proliferación de copias y de distintas estrategias ilegales de transferencia de conocimiento. Esto obliga a las empresas que ofrecen productos de alto valor añadido a afrontar con especial cautela este mercado en el que, según José Luis Gascó, Director de Indra en China, aún mantienen “un nivel tecnológico superior al de las empresas chinas, si bien hace falta una fuerte y sostenida inversión en I+D por un lado, y guardarte la última generación de tus productos, por otro lado, para evitar que te copien”.
La competencia china sigue adoleciendo de una calidad insuficiente en ciertos sectores altamente especializados. Tales carencias pueden abrir las puertas a los profesionales extranjeros, pero también pueden constituir una dificultad para fabricar productos de alta tecnología en el país.
La calidad, por lo tanto, no es solamente una exigencia, sino también un elemento que es preciso inculcar en un país en el que este concepto no tiene un arraigo tan fuerte como en Europa.
Recursos humanos
China ha experimentado una rápida evolución y mejoría en la cualificación de sus recursos humanos. No obstante, sigue existiendo mayor demanda de trabajadores cualificados que oferta, lo que ha producido toda una serie de desequilibrios, disparando el coste de contratación y generando índices de rotación altísimos. A pesar de que la crisis ha provocado un ajuste de esta tendencia, sigue existiendo una clara escasez de personal cualificado de primer nivel.
Gascó, de Indra, destaca por su parte la necesidad de un liderazgo verdadero que transcienda la mera jerarquía, y que implica “muchas relaciones públicas con tus propios trabajadores”. La relación con sus superiores es crucial para el trabajador chino, si bien esta misma lealtad supone un obstáculo para la creación de equipos con plena autonomía de decisiones, ya que la obediencia sin cuestionamiento va generalmente en detrimento de la actitud “proactiva” y emprendedora que muchos profesionales extranjeros echan de menos en los trabajadores chinos.
Presencia incipiente
La identificación de ciertos datos y pronósticos sombríos no han hecho cambiar de idea a muchas empresas españolas que siguen decididas a apostar por este mercado. Sin embargo, la presencia española en China sigue siendo escasa en comparación con la de otros países de nuestro entorno, lo que se debe, según Fernando Salazar, a que “España ha abordado muy recientemente el mercado asiático, de modo que muchas de las oportunidades de negocio más claras ya están copadas por nuestros competidores, respecto a los que tenemos una imagen menos consolidada”.
Nuestras empresas navegan en un océano de tópicos que los chinos poseen acerca de la cultura española, y son pocos los sectores empresariales en los que España ha conseguido hacerse un nombre entre los profesionales chinos.
A su vez, la presencia comparativamente baja de nuestras compañías en el país se debe a que buena parte de las grandes empresas españolas están relacionadas con sectores en los que la participación extranjera se encuentra limitada, como es el caso de la banca, las telecomunicaciones, la petroquímica o la construcción.
Asimismo, el inmenso tamaño del mercado y su carácter hiper-fragmentado exige esfuerzos que en ocasiones exceden la capacidad de algunas pymes.
Acuerdos, educación y triangulación
El desarrollo de los vínculos económicos y comerciales entre España y China está siendo objeto de un esfuerzo institucional que ha llevado, en el plazo de unos pocos meses, a la firma de importantes acuerdos empresariales entre compañías de ambos países, centradas principalmente en el ámbito tecnológico.
Al mismo tiempo, la puesta en marcha por parte de la Secretaría de Estado de Comercio de un Plan Integral de Desarrollo de Mercado (PIDM) para China puede suponer un importante impulso a unas relaciones que tienen una cita crucial en septiembre del presente año, ya que España ha sido elegida como país invitado a la China International Small and Medium Enterprises Fair (CISMEF), que se celebrará en septiembre en Cantón. España dispondrá en esta feria de un pabellón propio que contará con alrededor de 200 expositores entre los que se incluyen empresas españolas e instituciones de la Administración central y autonómica.
Sin embargo, el esfuerzo destinado a la colaboración empresarial debe verse reforzado por el desarrollo de un nexo educativo común entre ambos países. Este énfasis en la educación puede verse respaldado por el creciente valor de la lengua española como recurso económico en China, cuya pujanza viene marcada en parte por el interés de los chinos en nuestra lengua como una plataforma para hacer negocios en América Latina. El papel de España como impulsora de las relaciones chino-latinoamericanas se basa en las afinidades lingüístico-culturales y en la gran experiencia de nuestras empresas en esa región, si bien, según el profesor Wang Jianmao, “China no necesita valerse de España como puente de acceso a América Latina”.
Compromiso a largo plazo
Los profesionales españoles afincados en China se muestran unánimes al afirmar que los negocios en China implican no sólo un intenso trabajo preliminar, sino una orientación estratégica a largo plazo y nunca un enfoque centrado en la rentabilidad rápida.
Una parte importante del éxito en China radica en contraer compromisos sólidos con este mercado, estableciéndose en él y haciendo ver a las diferentes instancias chinas que la empresa extranjera apuesta por su país, que está decidida a involucrarse en su tejido empresarial y, en última instancia, a transferir esas nuevas técnicas y conocimientos que China intenta atraer con avidez.
Pero otra parte fundamental es contar con buenos contactos o socios fiables, que verdaderamente se impliquen en sacar adelante un proyecto o negocio. Para facilitar el trabajo de estos, es crucial fijarse en lo que sugiere Joutainghua Xu, socio chino de empresas de moda españolas como Trucco o Caramelo: “Hace falta un verdadero compromiso y un cálculo realista de las inversiones para no hacer perder el tiempo a los socios locales y para no quemar contactos. Lamentablemente, muchas empresas españolas tienden a recular después de que nosotros hayamos movido ya nuestros contactos, lo que a la larga va deteriorando la imagen de España y también la credibilidad de su empresariado”.
Las empresas que alcancen el éxito en esta China que se abre al futuro y a la economía del conocimiento habrán afrontado este mercado como una carrera de fondo, y no como un sprint efímero.
En la edición papel se ofrece información sobre la experiencia de una serie de empresas españolas que se han adentrado en el mercado chino.
Documentación
Informe Económico y Comercial: China
Oficina Económica y Comercial de España en Pekín,
abril 2009, 62 págs.
Guía País de China
Oficina Económica y Comercial de España en Pekín, marzo 2009, 98 págs.
Country Report: China
The Economist Intelligence Unit (EIU), marzo 2009, 25 págs,; en inglés
Country Report: China
The Economist Intelligence Unit (EIU), 2009, 38 págs.; en inglés