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Después de varios intentos a lo largo del siglo XX, ha sido con el cambio de siglo cuando parece que, por fin, se ha conseguido poner en marcha la maquinaria egipcia.

Gracias a los ingresos del turismo y del Canal de Suez, el paso marítimo más importante del mundo, además de los réditos del comercio del petróleo y del gas, el país árabe confía en volver a parecerse a lo que fue en tiempos de los faraones.
Al fin, un crecimiento real
Las exportaciones crecieron en 2006 casi el doble que en el año anterior, hasta los 10.222,4 millones de dólares, los ingresos del canal de Suez, al aumentar el tráfico marítimo en la zona y el comercio mundial, registraron un récord de 3.558,8 millones de dólares y los ingresos por turismo alcanzaron los 7.234 millones de dólares.
Sin embargo, aunque la libre fluctuación de la libra egipcia tuvo un efecto positivo entre los inversores internacionales, también supuso una fuerte depreciación de la divisa, lo que produjo un acusado encarecimiento de las importaciones, que se trasladó a los precios en 2004/2005.
Todo esto ha permitido un crecimiento del PIB en 2006 que por primera vez en dos décadas supera el umbral necesario para que el país pueda progresar en términos reales, dada la enorme carga que supone un aumento de la población del 2% anual, más de un millón cada año.
Nuevos compradores
Con un PIB pér capita de 4.200 dólares medidos en paridad de poder de compra, las oportunidades para la introducción de bienes de consumo son todavía limitadas, pero crecientes, dado el enorme potencial del país.
Algunas tiendas españolas de ropa, como Springfield o Mango, ya han abierto en los nuevos centros comerciales que sirven a la creciente clase media, un 8% de la población, que supone seis millones de personas.
La cadena de distribución comercial es corta y sencilla. Los importadores, que deben ser egipcios y estar inscritos en el Registro de Importadores, casi siempre actúan como mayoristas, que suelen contar con unos márgenes comerciales de entre el 5% y el 10%, mientras que los minoristas tienen alrededor de un 20%. Assem Mohamed N. Gwefel, presidente de la empresa importadora de equipos de transmisión de fluidos Universal International Trading, considera que las empresas españolas ofrecen unos precios poco competitivos, mientras avisa de que en Egipto “la calidad de Asia es aceptada como suficiente”.
Para hacer negocios en Egipto, no basta con enviar un correo electrónico desde Europa. El contacto personal y el trato directo son fundamentales para establecer una relación comercial duradera.
Pero todavía existen problemas con la administración en cuanto a la participación de empresas extranjeras en la economía nacional, sobre todo en el terreno de las inversiones de tipo medio del sector terciario. “Más que para prestar servicios, es un buen país para producir. Las industrias productivas que basan su ciclo de producción en los costes energéticos, en la materia prima o en la situación geográfica son las más interesantes”, aclara José María Magrina, coordinador general de Cementos La Unión. Para circunstancias de este tipo, España cuenta con un Acuerdo de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones con Egipto desde finales de 1992.
Un entorno propicio
La buena coyuntura por la que atraviesa Egipto ha permitido al Gobierno del primer ministro Ahmed Nazif profundizar en su plan de reformas. Se ha simplificado la estructura arancelaria y se ha avanzado también en el terreno fiscal y en la eliminación de los subsidios.
La Administración egipcia se ha propuesto que el país comience, por fin, a absorber la inversión directa extranjera que le correspondería por su tamaño y peso relativo en la región. Como primer paso, se propuso establecer un entorno atractivo para las empresas multinacionales. Desde julio de 2004 hasta junio de 2005, la venta de activos públicos produjo unos beneficios de 735 millones de euros, de los que el 63% se adjudicó a empresas extranjeras.
En el ámbito legal, la ley 8/97, de Incentivos y Garantías a la Inversión, permitió acercar la legislación egipcia en materia de inversiones a la de los países europeos. También establece otros instrumentos para promover la inversión directa extranjera:
- Zonas Francas: Existen dos tipos. Las zonas francas públicas se establecen en localizaciones específicas designadas por The General Authority for Investment and Free Zones (GAFI). Actualmente existen 11, en ciudades como El Cairo, Alejandría, Suez y Port Said. Las zonas francas privadas se diferencian en que están destinadas para un proyecto en concreto. Ambas cuentan con exenciones limitadas de impuestos y de aranceles.
- Zonas Económicas Especiales (SEZ, en inglés). Instituidas por la ley 83/2002, permiten el establecimiento de zonas industriales, agrícolas y de servicios cuando estén orientadas específicamente a la exportación. Actualmente solo existe una zona económica especial, en el noroeste de Suez. Mejora algunas de las condiciones fiscales de las zonas francas.
Por esta ley, la Autoridad General para las Zonas Francas y la Inversión (GAFI, por sus siglas en inglés) asumió la responsabilidad de la atracción y promoción de inversiones desde el exterior. Hasta ese momento solo se dedicaba a realizar funciones de regulador de las inversiones.
Entre los servicios que el GAFI presta a los inversores, se encuentra un personal especializado por áreas geográficas, asesoramiento al inversor antes y después de la operación, un mecanismo de solución de conflictos y una ventanilla única, que ha reducido sustancialmente el tiempo necesario para abrir una empresa.
En el terreno fiscal, una serie de reformas ha reducido el impuesto de sociedades del 42% al 20%, así como los aranceles, que se han situado de media en el 9%, desde un 14,6% anterior.
Esta situación ha permitido a la inversión directa extranjera crecer desde los 407 millones de dólares de 2003/2004, hasta los 6.111 millones de dólares de 2005/2006, un 1.400% superior. “Se ha llevado a cabo un proceso de liberalización muy bueno y valiente. Bastante práctico, porque no se puede ir más rápido sin dosificar los efectos negativos sobre el consumo. Se está haciendo lo que se tiene que hacer”, afirma Enrique Feás, consejero de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en El Cairo.
Otra de las recientes iniciativas para promover la inversión extranjera es Smart Village, un parque tecnológico participado en un 20% por el Ministerio de Comunicaciones e Información Tecnológica (MCIT) y en un 80% por empresas privadas, situado a 25 kilómetros de El Cairo, y orientado en exclusiva hacia las empresas de tecnología. Además, el proyecto incluye la construcción de un distrito financiero, donde se situarán la Bolsa de El Cairo y Alejandría, el Centro Egipcio de Servicios Financieros y la Capital Market Authority, el regulador del mercado de valores, así como otros bancos e instituciones financieras.
Otro motivo importante para invertir en Egipto es su localización estratégica como nodo de transportes para distribuir al sur de Europa, Oriente Medio y el norte de África. Gracias a su adhesión a COMESA (Mercado Común para África Oriental y Meridional), de la que son socios 20 estados africanos, y al PAFTA (Acuerdo Pan-Árabe de Libre Comercio), del que forma parte la mayoría de los países de Oriente Medio, cuenta con enormes ventajas aduaneras con casi el conjunto de los países de su entorno.
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