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Hace cinco años en la sede barcelonesa de Natura Bissé Internacional se recogió una sorprendente y enigmática llamada de la embajada británica en España, para acordar la hora en que al día siguiente alguien importante se pondría en contacto con ellos desde Londres. “Resultó ser la jefa de compras de los almacenes Harrods, quien me comunicó que estaban interesados en que nos reuniéramos, con el objetivo de tener nuestros tratamientos de belleza facial y corporal en sus almacenes. Venciendo el asombro que casi me impedía pensar con claridad, le pregunté que cómo habían conocido la firma, y la impresión fue todavía mayor cuando me aseguró que fue a través de la señora Al Fayed, pues era una entusiasta de nuestros productos desde que los conoció en Estados Unidos”, rememora como si fuera hoy mismo Ricardo Fisas, su presidente. En la fiesta de bienvenida que le rindieron el día en que comenzó a comercializar sus líneas en los míticos almacenes británicos, a la que asistieron los presidentes de las 23 principales empresas cosméticas del mundo, sintió que partiendo de cero había llegado al infinito. Por ello le gusta tanto evocar este episodio, que “además recoge la esencia de Natura Bissé y refleja perfectamente el empuje de la calidad en estado puro”.
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Ricardo Fisas |
A sus casi 77 años Ricado Fisas desprende una gran fuerza vital, palpable en cada una de sus respuestas y de sus acciones. Viéndole, hablando con él, no deberían extrañar sus ansias por probar la Harley Davidson que justo antes de nuestra entrevista había llegado directamente del concesionario, y con la que tiene previsto viajar a Galicia de forma inmediata y a Normandía este verano. “Muchos me han dicho que estoy loco, pero ya estoy acostumbrado, también me lo dijeron cuando, el mismo día en que cumplía los 50 años, me quedé en el paro y, con una determinación inapelable, le dije a mi mujer que nunca más iba a trabajar para terceros. Y cuando otros piensan en retirarse, fundé Natura Bissé, con 800.000 de las antiguas pesetas”..
Del cero…
Tal vez su formación en ciencias exactas y en filosofía le ayudó a no percibir el salto al vacío que otros vaticinaban. Sencillamente decidió empezar una nueva vida aprovechando un hallazgo científico con el que se topó en la empresa de hidrolizados de proteínas para el enriquecimiento de piensos para animales que dirigía y que le dejó sin empleo en 1979. “Siempre me llamó la atención que las manos de los trabajadores eran extremadamente suaves y finas y pensé que podría ser debido a la continua manipulación de tejidos ricos en elastina, colágeno, keratina… Para saciar mi curiosidad y verificar mi tesis consulté al doctor Oriol Mercadal Peyri, un prestigioso dermatólogo, quien, tras la realización de las correspondientes pruebas clínicas, confirmó que los responsables eran los aminoácidos naturales libres que obtenían del proceso de hidrólisis de las proteínas con las que trabajan. El propio doctor me animó a fabricar cremas con esos principios, pero yo no le hice caso entonces. Sin embargo, al quedarme en la calle con cincuenta años y cuatro hijos y con una coyuntura económica en crisis, la idea surgió con fuerza y, a la postre, se convirtió en mi tabla de salvación”.
Una tabla de salvación que congregó a un pequeño equipo de científicos amigos suyos, entre los que destacaba el mismo doctor Oriol Mercadal y el doctor en ciencias químicas Miguel Margalef Esteve, a su mujer, Mª Gloria Vergés, y a las amigas de ésta. “Eran señoras que tenían estudios, algunas eran abogadas, otras habían hecho secretariado, otras tenían formación en marketing… y con ellas empezamos”.
Un año tardaron en lanzar al mercado su primera línea de tratamiento, compuesta por cinco cremas “de gran calidad” -se apresura a apuntar Ricardo Fisas-, incorporando los principios activos, los aminoácidos naturales libres que descubrió en su anterior experiencia laboral. Su presentación: una exposición de cosmética celebrada en 1980 en el Palacio de Congresos de Madrid. Cinco cremas faciales únicamente, lo que suponía ir a contracorriente, pues la lógica del sector imponía presentar una línea completa, con leches limpiadoras, tónicos, mascarillas…“Los profesionales se sorprendían pero nosotros les hicimos ver que eran cinco cremas para cinco problemas muy concretos y muy habituales”. Hace hincapié en los profesionales de la cosmética, -esteticistas-, porque fueron a ellos hacia los que enfocaron en un primer momento la comercialización de sus productos. “Abordar el canal de la perfumería requería una inversión inmensa, mientras que el del retail, el de la estética, era más razonable y se podía cubrir perfectamente con una buena red de vendedores”. Hoy, con más de 6.000 puntos de venta por todo el planeta y con más de 150 referencias, que abarcan todas las necesidades de la piel Ricardo y Mª Gloria observan esos años con la añoranza que supone revivir la ilusión con la que se hacía frente a la incertidumbre.
La década de los ochenta no sólo supone para Natura Bissé el posicionamiento de la marca en el mercado profesional español, sino también su contacto con los mercados exteriores. “Decidimos ir a Estados Unidos por el conocimiento previo que tenía de este mercado. Pero la inexperiencia en las lides de este sector hizo que nos estrelláramos: a mediados de los ochenta no existían salones de belleza tal y como se entiende en Europa, sólo existían peluquerías. Además, las estadounidenses nunca se habían preocupado por el cuidado de la piel y era inconcebible que una esteticista se la tocara. Estuvimos cinco años allá y perdimos medio millón de dólares”.
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