
En Irán, cualquier decisión empresarial queda sometida no sólo a criterios económicos o políticos, sino también a los de carácter religioso (principios del Corán). No hay que olvidar que Irán es una República Islámica con un gobierno teocrático, en el que la máxima autoridad del país es el Líder Supremo o Guía ( Rahbar ).
La forma de saludo habitual es el apretón de manos. Con las mujeres debe evitarse cualquier tipo de contacto físico, ya que está prohibido por las leyes islámicas.
El trato es educado y formal. A diferencia de otros países del área, la puntualidad es estricta.
En las conversaciones previas, se aconseja evitar cualquier referencia a EE UU o a la población exiliada -varios millones de iraníes viven en el exterior, principalmente en EE UU y Reino Unido-.
Durante las reuniones empresariales se suele ofrecer té. Se espera que el visitante extranjero lo acepte como muestra de hospitalidad.
Se espera que el ejecutivo extranjero vista con traje y corbata, preferiblemente en colores discretos. En organismos públicos y mezquitas, está prohibido el uso de camisas de manga corta.
Las mujeres deben cumplir las estrictas leyes coránicas en la forma de vestir. Desde la llegada al aeropuerto, deben cubrirse el pelo y el cuello con un pañuelo (chador), llevar un abrigo o gabardina amplio hasta la rodilla (si visten pantalones) y hasta los tobillos (si llevan falda), y medias oscuras. No deben usar joyas ni maquillaje.
Los contactos personales suelen ser determinantes para acceder con más facilidad a los círculos empresariales y sociales.
El idioma del país es el farsi o persa (no debe decirse “iraní”), muy distinto al árabe, pero el inglés es la lengua más utilizada en las relaciones internacionales, por lo que es aconsejable viajar al país con las tarjetas de visita escritas en esa lengua. Sin embargo, cuando se negocia con empresas con poca experiencia internacional, se hace necesario recurrir a los servicios de un traductor.
No es aconsejable visitar Irán en tres épocas del año: las dos semanas siguientes al 21 de marzo (vacaciones anuales), julio y agosto (por el calor) y el mes del Ramadán (la actividad se ralentiza, aunque no se paraliza).
FUENTE: Global Marketing Strategies y El Exportador, nº 39 (F.J. Safont)
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