La
adaptación al entorno natural ha marcado la evolución
de los seres vivos; esto aplicado al comercio podría ser
una explicación para el surgimiento y la posterior expansión
en un tiempo récord de Altimiras Mobiliari S.L., una empresa
que cobró vida propia en el año 2000, aunque desde
varios años atrás funcionaba como departamento específico
de ITEX S.L., compañía familiar catalana dedicada
a la subcontratación metalúrgica en la región.
La singularidad del mueble metálico para colectividades y
sus particulares necesidades de diseño y mercadotecnia hicieron
posible el alumbramiento; ahora madre e hija se complementan y se
benefician en sus respectivas actividades. En lo que respecta a
Altimiras, la posibilidad de contar con suministro de material en
su propia casa es una ventaja añadida. La adaptabilidad al
mercado es una de las características de la filosofía
de la empresa, junto con la innovación constante y el contacto
directo con el cliente, que en este caso es el distribuidor, algo
que prefieren a la intermediación de agentes.
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Miquel
Altimiras |
La producción
de Altimiras se centra básicamente en las taquillas metálicas
y los bancos de asiento para interior. Desde el principio se apuesta
por hacer un mueble al gusto del cliente, cuya opinión sirve
en ocasiones para ampliar el catálogo. Los muebles de oficina
de Altimiras se fabrican una vez recibido el pedido, no existen
stocks, aunque siempre se produce una cierta cantidad de
los más habituales. Los inicios partieron de la necesidad
de salvar la excesiva rigidez de la metalurgia y buscar una línea
de continuidad en el mercado. “Buscamos, entre lo que hacíamos,
qué nos parecía más interesante, algo que no
fuera habitual, un nicho de mercado”, comenta Miquel Altimiras,
gerente de la empresa que lleva su nombre. Lo que empezó
siendo un departamento surge entonces con forma de empresa que busca
su propia personalidad y un mayor margen de maniobra. No obstante,
contar con la infraestructura industrial de ITEX S.L. tiene ventajas
e inconvenientes: aunque pueda tener sus limitaciones debido a que
el mobiliario metálico es un producto muy específico
y quizá la maquinaria de la empresa catalana sea algo generalista
para el mismo, “a cambio nos ha permitido fabricar con un
mayor margen de adaptación, cosa que no todos los fabricantes
de mobiliario pueden”.
La sinergia entre las
dos empresas les ha permitido atacar el mercado desde un punto de
vista muy personal; de otro modo se hubieran visto obligados a buscar
fabricantes, lo que les habría dificultado adaptar el producto
al cliente. Esta flexibilidad acaba siendo una ventaja: “Al
cabo de un tiempo los clientes no buscan en otra parte, porque lo
que tú haces por ellos no lo hace nadie”. Esta joven
empresa vende, casi exclusivamente, a distribuidores más
que a clientes finales, aunque no pierden de vista a éstos:
“Las principales novedades surgen cuando alguien sugiere algo
que parece descabellado. Sobre eso se investiga y lo que empieza
como un producto para un señor en concreto acaba siendo incorporado
al catálogo”. Ahí radica la flexibilidad de
Altimiras, pero para obtener esta información el principal
canal es el distribuidor; éste es quien genera las operaciones,
informa de los problemas o quejas de los clientes usuarios, nos
dice qué se vende y qué no…
La calidad como constante
Cambios continuos
y renovación constante. Pero lo que siempre tiene que permanecer
es la calidad. Altimiras prefiere vender un producto que se adapte
a las necesidades del cliente sin renunciar a las tendencias de
diseño: “Cuanto más diseño pongas en
el producto, mejor; pero lo que la gente quiere es que se haya pensado
para el uso que finalmente va a tener”. Además, sin
desdeñar apuestas personales, aseguran que el cliente prefiere
cosas probadas, cosas que tengan éxito, “es decir,
que lo que tú ofreces no es ningún invento, sino algo
que va a salir bien”, añade.
Lejos de parecer
que van a remolque, en Altimiras están seguros de que apuestan
por las necesidades reales de sus clientes; por ello su principal
valor estratégico es estar al tanto de lo que demanda el
mercado a cada momento. Trasladado a aspectos más técnicos,
la renovación continua supone apostar también por
la investigación: “El I+D es imprescindible porque
cada vez hay necesidades más concretas; productos nuevos
que generan mercados nuevos”. Y ello porque aseguran que el
mundo quiere cambios constantes, pese a que los productos de calidad
sean duraderos. Lo que se gana, fundamentalmente, es confianza,
un valor necesario para Altimiras desde el primer eslabón
hasta el último de la cadena de venta. El cliente vuelve
entonces a lo conocido, a quien le ha vendido calidad. “En
cuanto surge un problema procuramos contactar con el cliente final
y que queden satisfechos, tanto él como el distribuidor”,
subraya Miquel Altimiras.
El contacto
con el cliente es un valor que en esta joven empresa procuran mantener
siempre al alza, por lo que se preocupan de que las personas que
contacten con ellos guarden una cara en su memoria. Para ello consideran
importantes ferias como Ofitech o Construmat: “En las ferias
hay más competencia, pero si tú crees en tu producto,
cuantos más haya, mejor”. Además, existe la
posibilidad de que clientes y distribuidores vean, e incluso toquen,
el producto, saliendo más reforzada su confianza en el mismo.
No obstante, la red de redes también se ha convertido en
una herramienta de trabajo indispensable para Altimiras, en cuya
página incluyen nombres y caras para que el cliente sepa
quién está al otro lado. El resultado: el 90% de las
consultas de negocios del pasado ejercicio se hicieron a través
o gracias a su web. “Se ve el producto y los clientes tienen
una mejor idea de lo que se puede hacer, tienen una base”,
señala Maïna Gautier, responsable de exportación
y recién incorporada a la empresa.
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