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Como es lógico,
las empresas españolas definen esos retos de diferentes
maneras, en función sobre todo de su experiencia internacional,
aunque inevitablemente existen coincidencias en su apreciación
de los desafíos que plantean los cambios económicos
y tecnológicos.
Por ejemplo,
José Mª Hernández, vicepresidente de Expansión
Internacional de Panda Software, se fija fundamentalmente en el
interior de cada empresa: "El principal reto para ser competitivo
siempre es tener un buen producto y una empresa bien gestionada.
A partir de ahí cualquier empresa puede empezar a convertirse
en una multinacional."
Por su parte,
Antonio Santamaría, director de Internacional de INDRA
considera que "los dos principales retos que plantea esta
situación a la empresa española son la evolución
y mejora constante de la tecnología, y la mejora de los
costes de producción, es decir de la productividad empresarial.
Un tercer reto, y complementario, es el posicionamiento local
de la empresa española en los mercados que quiera acometer.
Es una tendencia generalmente aceptada, a pesar de la globalización,
favorecer la producción local frente a las importaciones
puras y duras. Este hecho ha quedado plenamente constatado con
la crisis del acero de Estados Unidos o con el proteccionismo
a las empresas locales existentes en Brasil, México y China".
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La innovación
Ante el cambio, la innovación. La idea está clara
y su importancia ha sido bien detectada por la encuesta
realizada por la Comisión Europea.
Por su parte,
el Consejo Europeo en su reunión de marzo de 2000 en Lisboa
señaló la importancia de la innovación como
factor esencial para la competitividad de las empresas europeas,
y, por tanto, como uno de los principales componentes de la política
de empresa y uno de los principales objetivos de la política
de investigación.
Según
la encuesta sobre estrategias empresariales encargada por la Fundación
Empresa Pública, correspondiente al año 2000, (última
publicada), la inversión en I+D de las empresas españolas
muestra importantes diferencias entre los resultados correspondientes
según si las empresas cuentan con más o con menos
de 200 trabajadores.
En el mundo
empresarial, las posiciones con relación a las implicaciones
del cambio tecnológico también son diferentes según
el tamaño de la empresa, y varían en función
de su posicionamiento internacional. Para Javier Fernández
López, director de Soluziona, nos encontramos ante un proceso
de universalización de la competencia, originado por la
incorporación acelerada de la tecnología.
José
A. Prieto, de Durán Electrónica, señala a
su vez las dificultades del cambio tecnológico para muchas
empresas: "La adaptación a los cambios tecnológicos
es sin duda el principal escollo a salvar para aquellas empresas
en las que la adaptación a situaciones cambiantes se hace
de una forma lenta o con fundamentos poco sólidos. La adaptación
exitosa dependerá de la formación, la información,
el desarrollo de nuevos productos y servicios, la simplificación
administrativa, la dimensión empresarial y la internacionalización."
En este sentido,
para Enrique Pérez Tortosa, presidente de ANIEME, "se
requiere de un nuevo planteamiento en los retos que deben asumir
nuestras empresas: mejorar la relación calidad-precio;
apostar por la mejora del servicio y por una mayor adaptación
a los gustos y tendencias de cada mercado, así como a la
evolución de los hábitos de consumo".
Según
él, las empresas, con el apoyo de las instituciones y las
asociaciones sectoriales, deben unir esfuerzos para la promoción
exterior de una marca potente que se constituya como factor diferenciador
y valor añadido del artículo español frente
al que producen nuestros competidores.
Apoyo institucional
que está a disposición de las empresas tanto desde
los programas comunitarios antes señalados como desde la
Administración española a través, en el caso
de las pequeñas y medianas empresas, del Plan
de Consolidación y Competitividad de la Pyme.
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Integrar al cliente
Responder con rapidez y eficacia a las modificaciones de la demanda
es otra de las formas de situarse con ventaja en un entorno altamente
competitivo. No hay que olvidar que esto permite, entre otras
cosas, reaccionar más eficazmente ante los cambios tecnológicos.
Este proceso parte de la constatación de que, como consecuencia
del predominio de la organización taylorista de
la mayor parte de las empresas europeas, el producto final no
corresponde siempre a las expectativas del cliente.
Para hacerlo,
habría que cumplir toda una serie de requisitos:
- Priorizar:
identificar los clientes que para la empresa son prioritarios
por margen y volumen de compras.
- Diferenciar
claramente entre tareas a realizar en tiempo real y tareas que
se aplican en tiempo aplazado.
- Necesariamente,
compartir entre los distintos departamentos de la empresa
la información obtenida de los clientes.
- Explotar
esa información poniendo en pie un sistema de gestión
adecuado.
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Gestionar competencias, explotar la información
Los retos que hemos señalado y sus múltiples implicaciones
organizativas en el seno de la empresa plantean, en última
instancia, un problema de recursos humanos: es preciso definir
el papel de las personas en la empresa no por su puesto en la
jerarquía sino por sus cualidades individuales y sus competencias.
Aunque parece éste un criterio evidente, el hecho es que,
en la práctica, la empresa, generalmente se organiza por
puestos y la competencia, se supone. Pero parece comprobado que
las empresas que incorporan los nuevos criterios encuentran en
su personal más responsabilidad, más iniciativa,
mejores resultados.
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