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>> Diversificación e industrialización
Pasados los avatares de la guerra, se entra en una época
de escasez, en la que el azafrán se sustituye por el colorante
artificial al alcanzar unos precios tan altos que los consumidores
españoles no se podían permitir comprarlo. En consonancia
con esta tendencia de mercado, en Jesús Navarro Jover se
opta por destinar parte de la capacidad de la planta de envasado,
cuya fuerza de trabajo está compuesta por un centenar de
mujeres, a liar carteritas de condimento.

A esta tímida
diversificación, le sobrevino la industrialización.
Como recuerda Jesús Navarro Valero, "un mecánico
local nos presentó una máquina que liaba las carteritas
en sobres termosellados y, tras la firma de un contrato en exclusiva,
adquirimos una decena de máquinas, cada una de las cuales
sacaba el trabajo de unas diez mujeres envasadoras". Avance
que dejaba en el aire una inquietante cuestión: ¿qué
hacer con la mano de obra sobrante? Jesús Navarro Jover
adquirió el compromiso de "no despedir a nadie".
¿Solución? Llevar a cabo de forma concienzuda un
plan de diversificación y, por consiguiente, ir ampliando
la capacidad de la planta envasadora. "Mi padre desestimó
la indemnización por paro tecnológico a la que entonces
se podía optar, porque esas mujeres llevaban en la empresa
unos treinta años trabajando y algunas de ellas tenían
casi 60 años. Cada trabajadora liaba unas 2.333 carteritas
al día, lo que suponía una capacidad de envasado
de 300.000 carteritas de especias al año ".
De esta forma
se empezó a envasar todo tipo de especias. El planteamiento
fue sencillo: con el beneficio extra que les iba a proporcionar
la utilización de maquinaria para el envasado del azafrán,
se pagaría el salario del personal y, a su vez, se vería
la respuesta del mercado ante la comercialización, bajo
la misma marca, de otras especias como la canela, la nuez moscada,
el anís o la pimienta. La experiencia tuvo éxito
y Carmencita se hizo mayor al ampliar su gama de productos.
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El vidrio llega a las especias
Corren los años setenta y con la apertura de fronteras
empiezan a entrar en España nuevos productos y envases,
traídos por las multinacionales de la distribución.
Plástico, vidrio o aluminio son algunos de los materiales
que se comienzan a ver con frecuencia. Jesús Navarro Jover
decide seguir sus pasos y opta por envasar las especias en tarros
de plástico primero y después de cristal. "En
aquellos momentos fue una decisión muy arriesgada, ya que
era tal el arraigo popular de las carteritas que parecía
impensable que tal innovación hiciese cambiar los hábitos
de consumo de los españoles, sobre todo teniendo en cuenta
que se compraba la cantidad necesaria para consumir en una comida,
no había costumbre de tener más producto guardado.
Sin embargo funcionó y analizándolo ahora con perspectiva
sólo puedo decir: ¡bendita decisión de mantener
los empleos, bendita diversificación y bendita renovación
del envase!", afirma con entusiasmo Jesús Navarro
Valero.
La fidelidad
a la marca hizo aumentar las ventas y en 1978 Jesús Navarro
Jover deja formalmente la empresa en manos de su hijo, Jesús
Navarro Valero, quien, en unión con sus cuñados,
decide constituirla como sociedad anónima, cambiando la
denominación social a Jesús Navarro Valero.
La expansión
definitiva de Carmencita se produce en la década de los
ochenta, momento en el que se convierte en la marca líder
de las especias en España. La publicidad, cuyas primeras
manifestaciones en la empresa adquirieron la forma de carteles
a principios de 1940, y el perfeccionamiento del sistema de distribución
fueron sus ejes del crecimiento.
En esta época,
la preocupación por el futuro de esta empresa familiar
ya está latente, por lo que, con el objetivo de profesionalizar
la gestión, se vende a principios de los años noventa
el 50% de las acciones a Ebro Agrícola, actualmente Grupo
Ebro Puleva, del que forman parte la propia Proaliment - Jesús
Navarro, Azucarera Ebro Agrícola, Arrocerías Herba,
Puleva, IANSA y Andoleum. Momento que se aprovecha también
para que la tercera generación tome
el relevo, al amparo de este importante grupo de alimentación.
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Decidiendo el futuro
Con la entrada de capital se toman tres importantes decisiones:
abordar nuevos sectores de la alimentación, automatizar
las cadenas de envasado para garantizar la calidad integral del
producto e iniciar de forma estructurada la internacionalización
de la empresa. Así se produce la compra de la marca de
postres caseros Mandarín y se lanzan dos nuevas líneas
de productos para aprovechar sinergias en los canales de distribución:
las conservas vegetales Amalur y las infusiones naturales Siesta.
Ante esta
nueva diversificación, que les lleva también a comercializar
en España la gama de productos de la marca alemana Hengstenberg,
se opta por cambiar la denominación de la empresa a la
actual Proaliment - Jesús Navarro. Según el director
general de la compañía, Jesús Navarro Alberola,
"necesitábamos un nombre paraguas que abarcase toda
nuestra actividad, pero sin perder las raíces propias.
De ahí surgió la idea de pasarnos a denominar Proaliment
- Jesús Navarro".
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