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Sin temor al vacío
En junio de 1962 se lanzaba al espacio desde Cabo Cañaveral,
Florida, el satélite de telecomunicaciones Telstar,
que permitió la primera transmisión de imágenes
en directo entre América y Europa. Un proyecto que,
en principio, habría resultado ajeno a la historia
de esta empresa catalana de no ser porque a él debe,
precisamente, su nombre; así, con ese símbolo
de tecnología e innovación como enseña,
nacía en Tarrasa, localidad del cinturón industrial
de Barcelona, Telstar S.A.
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Ton Capella, director
general de Telstar. |
Corría
el año 63 y, tal como relata Ton Capella, director
general de la compañía e hijo de su fundador
(Ramón Capella), "comenzaban a fabricarse en
España los primeros frigoríficos eléctricos
con compresores herméticos; hasta entonces, la gente
tenía en sus casas una especie de neveras de madera,
en las que, cada uno o dos días, se introducía
una barra de hielo, y de esta forma conservaban los alimentos
frescos". Ese avance, como inmediatamente advirtió
su padre, traía consigo nuevas necesidades, que no
contaban aún con una respuesta efectiva dentro del
mercado. "Para hacer la carga de gas refrigerante,
tanto en el proceso de producción como en reparaciones
de averías del servicio posventa, hacía falta,
al igual que hoy, una bomba de vacío. El desarrollo
de toda esa industria fue lo que le hizo plantearse introducir
la tecnología del vacío en este sector",
explica. Dicho y hecho: con pocos medios, pero grandes perspectivas,
"en un garaje, debajo del piso donde él vivía
aquí en Tarrasa, dibujó los planos de las
primeras bombas y, con un mecánico, las fabricaron,
las montaron y las probaron. Después, mi padre salía
con la cartera a venderlas; la demanda aumentó de
manera bastante rápida y así se fue creciendo".
Tanto, que aquella pequeña empresa se ha convertido
en un grupo que factura más de 5.000 millones de
pesetas anuales, con 200 empleados en plantilla, y unas
instalaciones cuya superficie ronda los 10.000 m2.
De los
componentes producidos en serie, Telstar daría, dos
años más tarde, el salto a los equipos de
vacío, afrontando su apuesta más decidida:
la diversificación. "Éstos ya son instrumentos
especiales que requieren una ingeniería de diseño
a otro nivel, y profesionales, métodos y estructuras
comerciales diferentes", matiza Capella. Su principal
destino, la industria farmacéutica (y, más
recientemente, la biotecnología), con la que la empresa
logró trabar una estrecha y fructífera relación:
"Este sector comenzaba a tener la necesidad de fabricar
en ambiente estéril; clientes y amigos nos encargaron
los primeros aparatos de flujo laminar y, en 1970, creamos
la división de ultrafiltración de aire".
Como en el caso de la división de vacío, continúa,
"comenzamos con una producción estándar,
de catálogo, orientada a disponer de material en
stock y dar un servicio rápido de entrega;
aquí se incluyen cabinas de seguridad biológica,
de flujos laminares (verticales y horizontales), etc., que
se utilizan para análisis clínicos, hospitales,
universidades, centros de investigación... Y, después,
seguimos con una línea especial de diseño,
para un determinado cliente que, por ejemplo, quiere proteger
una zona de llenado de un inyectable, y necesita una limpieza
específica en un punto concreto".
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Su secreto, la diversificación
Una vez familiarizada con esas tecnologías, la empresa
no dudó en embarcarse en proyectos de mayor envergadura,
las salas blancas (espacios completamente estériles),
que, además de flujos laminares, requieren paredes
y suelos con unas características muy definidas,
conductos de distribución de aire, climatización,
etc., y, por descontado, un nuevo enfoque en la filosofía
de producción. "Como resultado de esta actividad,
que se remonta a los años 70, y de la absorción
por parte de Telstar de Ingeniería Farmacéutica,
dedicada a la obtención, almacenaje y distribución
de aguas purificadas y para inyectables, surge en abril
del 98 Telstar Projects", recuerda Ton Capella.
Meses
más tarde, prosigue, "compramos la filial de
una compañía francesa en España que
se llamaba Instrumat (concentrada en la distribución
de equipos de alta tecnología relacionados con el
vacío y la nanotecnología), y segregamos una
de nuestras actividades, la comercialización de aparatos
fabricados por firmas internacionales, complementarios a
los nuestros; las unimos y el resultado fue Telstar Instrumat".
Gracias
a esta estrategia, la firma iba definiendo sus grandes líneas
de negocio, a las que habría que sumar una última
rama: la certificación de salas blancas y de cabinas
de flujo laminar. Para potenciarla, "decidimos separarla
del grupo y fusionarnos con una empresa ya existente, SVS,
que en aquel momento estaba haciendo validación de
software para la industria farmacéutica, y
de la que Telstar controla actualmente el 50%".
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