N.43
Junio 2001
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Aquel garaje de los años 60 se ha convertido en un grupo que factura más de 5.000 millones de pesetas anuales, con 200 empleados en plantilla, y unas instalaciones cuya superficie ronda los 10.000 m2


La trayectoria exterior de Telstar recibe un espaldarazo definitivo en 1992 con la creación de un departamento consagrado a la exportación

 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE ... GRUPO TELSTAR  


>> Sin temor al vacío
En junio de 1962 se lanzaba al espacio desde Cabo Cañaveral, Florida, el satélite de telecomunicaciones Telstar, que permitió la primera transmisión de imágenes en directo entre América y Europa. Un proyecto que, en principio, habría resultado ajeno a la historia de esta empresa catalana de no ser porque a él debe, precisamente, su nombre; así, con ese símbolo de tecnología e innovación como enseña, nacía en Tarrasa, localidad del cinturón industrial de Barcelona, Telstar S.A.

Ton Capella, director general de Telstar.

Corría el año 63 y, tal como relata Ton Capella, director general de la compañía e hijo de su fundador (Ramón Capella), "comenzaban a fabricarse en España los primeros frigoríficos eléctricos con compresores herméticos; hasta entonces, la gente tenía en sus casas una especie de neveras de madera, en las que, cada uno o dos días, se introducía una barra de hielo, y de esta forma conservaban los alimentos frescos". Ese avance, como inmediatamente advirtió su padre, traía consigo nuevas necesidades, que no contaban aún con una respuesta efectiva dentro del mercado. "Para hacer la carga de gas refrigerante, tanto en el proceso de producción como en reparaciones de averías del servicio posventa, hacía falta, al igual que hoy, una bomba de vacío. El desarrollo de toda esa industria fue lo que le hizo plantearse introducir la tecnología del vacío en este sector", explica. Dicho y hecho: con pocos medios, pero grandes perspectivas, "en un garaje, debajo del piso donde él vivía aquí en Tarrasa, dibujó los planos de las primeras bombas y, con un mecánico, las fabricaron, las montaron y las probaron. Después, mi padre salía con la cartera a venderlas; la demanda aumentó de manera bastante rápida y así se fue creciendo". Tanto, que aquella pequeña empresa se ha convertido en un grupo que factura más de 5.000 millones de pesetas anuales, con 200 empleados en plantilla, y unas instalaciones cuya superficie ronda los 10.000 m2.

De los componentes producidos en serie, Telstar daría, dos años más tarde, el salto a los equipos de vacío, afrontando su apuesta más decidida: la diversificación. "Éstos ya son instrumentos especiales que requieren una ingeniería de diseño a otro nivel, y profesionales, métodos y estructuras comerciales diferentes", matiza Capella. Su principal destino, la industria farmacéutica (y, más recientemente, la biotecnología), con la que la empresa logró trabar una estrecha y fructífera relación: "Este sector comenzaba a tener la necesidad de fabricar en ambiente estéril; clientes y amigos nos encargaron los primeros aparatos de flujo laminar y, en 1970, creamos la división de ultrafiltración de aire". Como en el caso de la división de vacío, continúa, "comenzamos con una producción estándar, de catálogo, orientada a disponer de material en stock y dar un servicio rápido de entrega; aquí se incluyen cabinas de seguridad biológica, de flujos laminares (verticales y horizontales), etc., que se utilizan para análisis clínicos, hospitales, universidades, centros de investigación... Y, después, seguimos con una línea especial de diseño, para un determinado cliente que, por ejemplo, quiere proteger una zona de llenado de un inyectable, y necesita una limpieza específica en un punto concreto".

>> Su secreto, la diversificación
Una vez familiarizada con esas tecnologías, la empresa no dudó en embarcarse en proyectos de mayor envergadura, las salas blancas (espacios completamente estériles), que, además de flujos laminares, requieren paredes y suelos con unas características muy definidas, conductos de distribución de aire, climatización, etc., y, por descontado, un nuevo enfoque en la filosofía de producción. "Como resultado de esta actividad, que se remonta a los años 70, y de la absorción por parte de Telstar de Ingeniería Farmacéutica, dedicada a la obtención, almacenaje y distribución de aguas purificadas y para inyectables, surge en abril del 98 Telstar Projects", recuerda Ton Capella.

Meses más tarde, prosigue, "compramos la filial de una compañía francesa en España que se llamaba Instrumat (concentrada en la distribución de equipos de alta tecnología relacionados con el vacío y la nanotecnología), y segregamos una de nuestras actividades, la comercialización de aparatos fabricados por firmas internacionales, complementarios a los nuestros; las unimos y el resultado fue Telstar Instrumat".

Gracias a esta estrategia, la firma iba definiendo sus grandes líneas de negocio, a las que habría que sumar una última rama: la certificación de salas blancas y de cabinas de flujo laminar. Para potenciarla, "decidimos separarla del grupo y fusionarnos con una empresa ya existente, SVS, que en aquel momento estaba haciendo validación de software para la industria farmacéutica, y de la que Telstar controla actualmente el 50%".