Suecia es, a día de hoy, el país europeo con menor dependencia de fuentes de energía fósil y quiere eliminarlas por completo a mitad de siglo; la eólica es la energía renovable que encabeza la carrera por la sustitución.
Sin embargo, aunque aún no ha terminado de despegar dentro de uno de los panoramas geográfica y demográficamente más propicios para ello en todo el continente, parece que ahora soplan nuevos aires en el país escandinavo. Así lo afirma, al menos, Lars Alfrost, portavoz del departamento de Planificación Eólica de Energimyndigheten: “Vamos muy por detrás de otros países actualmente, pero contamos con el potencial para plantearnos objetivos muy ambiciosos. Aunque no se llegaran a alcanzar en su totalidad”, algo que Alfrost no descarta, “el salto en los próximos años va a ser tremendo”.
Sobre el retraso sueco, Alberto Ceña, director técnico de la Asociación Empresarial Eólica española (AEE), tiene una explicación muy sencilla: “Suecia fue uno de los pioneros europeos en cuanto a energía eólica, pero a la hora de establecer un marco regulador ha ido más lento y tiene el handicap de una baja remuneración por MW producido.” Estos son los deberes pendientes del Gobierno, cuyo papel real en el sector es muy limitado y, en ocasiones, más testimonial que efectivo, ya que los auténticos problemas de ámbito administrativo se encuentran en las licencias municipales y provinciales, si el parque excede los 25 MW.
El peligro para un proyecto, que el promotor -habitualmente compañías eléctricas- debe presentar directamente a municipios o diputaciones provinciales detallando datos técnicos, fechas y fuentes de financiación, reside en el derecho de particulares y asociaciones a presentar alegaciones en cualquier fase durante el proceso de concesión de permisos, lo que puede alargar los trámites indefinidamente. Esto convierte en imprescindible un contacto anterior con los vecinos de la zona y requiriere una casi obligatoria presencia efectiva en el país.
Es muy ilustrativo el ejemplo de Gamesa, la única empresa española en el mercado eólico sueco, presente a través de una joint-venture con un socio local. José Donoso, director de Promoción de Gamesa Energía, afirma: “Nosotros ponemos el know-how y la financiación y nuestro socio aporta el conocimiento local. Una vez conocido el mercado podremos ir por nuestra cuenta y es lo que nos proponemos a unos años vista.”
En los últimos años han proliferado muchas pequeñas compañías o promotores locales que han visto una posibilidad, sobre todo, en el segmento de los parques con una capacidad instalada por debajo de 25 MW, que requieren un menor número de permisos. Lars Alfrost reconoce que “algunas de estas empresas pueden necesitar recursos, desde financiación a suministros o know-how de países con experiencia en el sector”. España encaja en la descripción, aunque en los casos en los que transporte o proximidad puedan incidir seriamente en una relación comercial, la competencia será realmente dura. Tal es el caso de empresas como SKF, el primer productor mundial de rodamientos para aerogeneradores, que es sueco, o países como Alemania -primer productor europeo de energía eólica- y Dinamarca -hasta 2007, el tercero-, que están mucho más cerca que nosotros.
Soplando en popa y en proa
El sueco es un mercado rico tanto en materia prima (viento) como en grandes extensiones de terreno con una densidad de población baja. Además, su gran línea de costa abre enormes posibilidades para realizar parques offshore.
Pero no todo va a ocurrir en el mar. Según Energimyndigheten, solo con las peticiones para parques en tierra que las empresas eléctricas han realizado a los municipios y diputaciones, ya se alcanzaría el ambicioso objetivo para 2020; también reconocían, no obstante, que una gran mayoría de los proyectos están pendientes de los distintos permisos necesarios.
En los últimos dos años, la tasa de crecimiento anual ha superado ampliamente la necesaria para alcanzar las previsiones, que sería de un 25% aproximadamente. La gran pregunta es si este aumento constante es sostenible durante 12 años, máxime en la actual coyuntura de crisis financiera.
Además, queda una última amenaza al crecimiento de la energía eólica sueca. Recientemente, el Gobierno ha propuesto la abolición del edicto que obligaba a desmantelar las 10 centrales nucleares del país según fueran agotando su vida útil, aunque aún no se ha aprobado. La continuidad de estas instalaciones, dada su mayor eficiencia energética, puede suponer un obstáculo para el desarrollo de parques eólicos. José Antonio Gallego, consejero económico y comercial de la Embajada de España en Estocolmo, afirma al respecto: “Suecia desea una energía sin carbono para luchar contra el cambio climático. Tanto la nuclear como la eólica responden a esta premisa. Las plantas nucleares son productivas a largo plazo y generan energía de base constante, por lo que, a priori, si se desarrolla la energía nuclear, hay menos necesidad de la eólica. No obstante, creo que ambas serán cada vez más necesarias”.
Un ejemplo claro de esta compatibilidad es la casi segura construcción en los próximos años en el norte del país del que sería el mayor parque eólico de Europa. Tras conseguir en abril salvar los trámites provinciales y a la espera de la más que probable aprobación del proyecto por parte del Gobierno, se prevén 1.101 aerogeneradores que producirán entre 8 y 12 TWh al año (más energía que una central nuclear media). Quizá haya llegado el momento de aprovechar los vientos del Norte.
Principales ferias
European Offshore Wind Conference & Exhibition 2009
Encuentro profesional paneuropeo del sector de energía eólica
Estocolmo
Próxima edición del 14 al 16 de septiembre de 2009
Organizador: European Wind Energy Association (EWEA)
ewea@ewea.org
Documentación
Permits required for setting wind farms in Sweden
Ed. Invest in Sweden Agency, 3 págs., en inglés
Wind power. Building and connecting large wind turbines
Ed. Energimyndigheten, abril 2008, 42 págs., en inglés