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PERÚ
La ruta que asciende | 1 | 2 |


La opinión de empresarios, Administración y analistas locales y extranjeros no tiene fisuras sobre la economía del Perú: el país andino vive, si no el mejor, sí uno de los momentos más dulces de su historia. El Perú entró en el nuevo siglo con las mejores credenciales macroeconómicas: crecimiento sostenido durante siete años consecutivos, inflación que oscila entre baja y muy baja, moneda -el nuevo sol- fuerte y estable respecto al dólar, equilibrio fiscal y una balanza comercial que muestra un superávit creciente.

El horizonte muestra algunas nubes (volatilidad política, desequilibrios en la distribución de la renta, cierta dependencia de la coyuntura internacional) que no se pueden obviar. Pero todo parece indicar que la buena evolución de la economía continuará a medio plazo. Y esto no es poco en un país que ha sufrido varias crisis en los últimos veinte años, que han afectado seriamente a su organización social y a sus infraestructuras.

Infra y superestructuras
Una somera experiencia en el país demuestra que los problemas y sus posibles soluciones o efectos adversos son percibidos de forma muy similar por expertos y ciudadanía en general. El primero y principal a medio plazo es el de la redistribución de la riqueza. Elmer Cuba, socio gerente de la consultora peruana Macroconsult, expone una perspectiva compartida por otros expertos: “El Perú corre mucho riesgo cada vez que se celebran elecciones, porque en un solo día se escoge al presidente y a todo el Congreso. Y los votantes más desfavorecidos, sobre todo del interior del país, votan siempre por el outsider, que tiene un discurso más radical. Lo hicieron con Fujimori, con Toledo y con Humala”.

Las cifras macroeconómicas que ocupan las portadas de los principales periódicos limeños no se ven reflejadas en las condiciones de vida de las clases populares, que se ven obligadas a emigrar, siendo España uno de sus destinos preferentes. Una adecuada redistribución de la riqueza es necesaria para evitar esta situación. Pero también para mantener la estabilidad de un sistema político, en el que ni siquiera los denominados partidos tradicionales muestran apoyos electorales sólidos sin el carisma de sus líderes.

Oportunidades y retos de la diversidad
Las desigualdades en renta e infraestructuras disponibles no se dan solo entre clases, sino, y quizás de forma más acusada, entre regiones.

Una primera división habría que hacerla entre las tres zonas geográficas en que se divide el país: la costa, apta para la agricultura; la sierra, con grandes potencialidades en minería; y la selva amazónica, con grandes recursos forestales aún por explotar.

La segunda división clara se establece entre la capital y las llamadas regiones o provincias. Lima es, indudablemente, el motor de la economía peruana. El resto del país mantenía hasta hace pocos años prácticamente un economía de subsistencia, derivada de una alarmante falta de inversiones en infraestructuras.

Durante los últimos años la situación ha empezado a cambiar. El gobierno de Toledo inició un proceso de descentralización de la administración estatal, animada por las nuevas oportunidades económicas y las reivindicaciones de la población. El desarrollo de la agroindustria y de los sectores minero y textil está permitiendo que los recién creados gobiernos regionales dispongan de recursos económicos.

Sin embargo, como indica Gianfranco Castagnola, presidente ejecutivo de la consultora peruana Apoyo, “este proceso no ha venido acompañado de un desarrollo de las capacidades de gestión pública en las instancias regionales y locales”. En la misma dirección apunta José Rosas, gerente general de la Cámara de Comercio de Lima: “No vemos una decisión fuerte del Gobierno, ya que el presupuesto de la nación sigue muy concentrado en la capital. Desde Perucámaras, que es la asociación nacional de cámaras de comercio, promovemos lo que nosotros llamamos descentralización productiva, esto es, apoyada por inversiones, capacitación y una delegación del control y la gestión en los administradores regionales. No se trata solo de firmar un decreto”.

A pesar de las dificultades que presenta el proceso, también en este país surgen opciones interesantes para algunas empresas españolas.

Inversión extranjera, objeto de deseo
Para desarrollar todas las potencialidades que ofrece el Perú se necesita la colaboración de la inversión extranjera. Una gran cantidad está ya comprometida para los próximos años. Las principales necesidades se centran en el desarrollo de infraestructuras (de transporte, educativas y sanitarias), así como en los principales sectores exportadores del país: la agroindustria, la minería, la pesca y el textil.

Consciente de ello, el Estado peruano ofrece unas excelentes condiciones para el inversor, como seguridad jurídica y un sistema financiero sólido.

También hay que destacar que la inversión extranjera, y la española en particular, ya ha contribuido a mejorar las condiciones para ulteriores desembarcos de empresas.

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