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Una de las cinco tiendas exclusivas de TINO Stone Group en el exterior se encuentra en el número 17 de la avenida Opernring, a escasos metros del legendario edificio de la ópera de Viena. Las solemnes alamedas, los coches de caballos transportando a turistas nostálgicos o los propios arcos de medio punto que enmarcan los ventanales del local confieren al entorno una atmósfera que invita a evocar la Viena imperial de principios del siglo XX. Un entorno en el que no es difícil imaginar aquellos personajes de las obras literarias de Stefan Zweig o Arthur Schnitzler rondando por sus calles.
Un contexto dramáticamente diferente ofrece Macael. Situada en un valle angosto en el centro de la provincia de Almería, esta localidad, de calles estrechas y cuestas pronunciadas, alberga varias decenas de empresas dedicadas a la piedra natural. De hecho, Macael da su nombre al tipo de mármol tan característico que se encuentra en las entrañas de las montañas circundantes y cuyo prestigio, que se remonta a la época de los fenicios, ha conocido momentos estelares como el de haber sido empleado en la construcción del Patio de Los Leones de la Alhambra. La abundancia de esta materia prima, de hecho, ha condicionado la actividad económica y social del pueblo durante generaciones.
“Mi padre trabajaba de cantero en Macael”, recuerda Antonio Valdés, presidente de TINO Stone Group. Los orígenes de esta compañía no aluden ni a grandes coyunturas históricas ni a linajes ancestrales sino que se cimientan en la humildad y la perseverancia de quien empieza desde cero. A finales de los años setenta, Valdés, como muchos otros jóvenes, se marchaba a la costa todos los veranos para trabajar de camarero y ahorrar un poco de dinero. “Yo solía trabajar en Marbella. En aquellos años, el sector de la construcción estaba en pleno crecimiento y ocurrió que, gracias a mi trabajo, conocí a gente que demandaba mármol para sus negocios y viviendas. Como yo era de Macael, estaba en contacto con gente que lo trabajaba”.
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Antonio Valdés
(Presidente de TINO Stone Group) |
Inesperadamente, el actual presidente de TINO se encontraba en el preciso punto en el que la oferta y la demanda se cruzan. Sin embargo, el inicio de toda aventura requiere siempre de un punto de partida, un hecho desencadenante que empuje irremediablemente al protagonista a avanzar hacia lo desconocido. En la historia de TINO, este instante iniciático consistió en llevar a Marbella un camión con mármol desde Macael. “Una vez cerrada la operación me quedaron 60.000 pesetas, tanto dinero como el que solía ganar como camarero en Marbella durante todo un mes. Entonces me di cuenta de que se podía hacer dinero”, recuerda Valdés.
En los 340 kilómetros de carretera que separan Macael de la ciudad malagueña, en aquellos camiones que salían de las canteras cargados de mármol y volvían vacíos se fue consolidando el embrión de lo que es TINO en la actualidad. Eran los años ochenta y, como asumía Antonio Valdés, el negocio de la piedra natural residía en ofrecer producto a precios competitivos, así que se arriesgó a dar el salto. “En aquellos momentos comprobé que la demanda era muy alta, así que decidí fortalecerme en la producción y no ser solamente un intermediario. Fue complicado porque no teníamos mucho dinero. De hecho, tuvimos que comprar las máquinas de segunda mano”, explica Valdés, quien, a pesar de las dificultades, completó la adquisición de una cantera y de su fábrica actual en Macael.
Este punto podría haber sido el desenlace de una de tantas historias de emprendedores que, con trabajo y audacia, alcanzan el éxito y, sumidos en el bienestar que proporciona la estabilidad, renuncian a explorar nuevas vías de negocio. Sin embargo, no fue este el caso de TINO. De la misma manera que su posición como productor de mármol de Macael se iba reforzando, la sensibilidad para captar nuevas inclinaciones o tendencias en la demanda no dejaba de afinarse. Precisamente, la permeabilidad a los gustos y necesidades de sus clientes empujó a Valdés a sus primeros contactos con el exterior. “La demanda en Marbella no se limitaba al mármol blanco de Macael sino que se extendía a productos de Italia o Grecia, así que, para satisfacer a mis clientes, mis primeras experiencias en el exterior fueron como importador”, recuerda Valdés.
A pesar de estos contactos, su conciencia internacional todavía no se había despertado. Era necesario un obstáculo, un punto de giro que le empujara por caminos hasta entonces impredecibles. Por ejemplo, una crisis.
Un refugio, el mundo
A principios de los noventa, el sector de la construcción empezó a palidecer. El paisaje formado por las innumerables obras que continuamente surgían del suelo de Marbella durante los años ochenta empezó a ser cada vez más infrecuente. “Las crisis acaban con muchas empresas pero las que sobreviven se hacen más fuertes”, sentencia Valdés, quien entendió desde el principio que, para capear el temporal, lo adecuado no era buscar un cobertizo para esconderse sino correr para escapar de la lluvia. Lejos de la timidez de muchas empresas que dan sus primeros pasos en países cercanos de la UE, TINO apuntó directamente a Asia. “Dado que, en Marbella, mi conexión se había establecido con las clases altas, decidí acercarme a una clientela similar, como la de los países árabes ricos en petróleo”, explica su presidente.
Tras introducir sus texturas en un hotel de Kuwait construido por una compañía británica, en lo que supuso la primera piedra de su proyecto internacional, la empresa andaluza avanzó unos cuantos husos horarios más hasta llegar al Lejano Oriente. “En un mercado tan difícil como Japón vendimos varios contenedores y, aunque no se trató de un gran éxito económico, ya que nos costó casi lo mismo llegar hasta allí, sí que nos proporcionó la seguridad de saber que éramos capaces de vender fuera”.
En la misma época que las primeras texturas de TINO traspasaron las barreras culturales y arancelarias del mercado nipón, la empresa se lanzó a dar su particular gran salto adelante en el otro gigante asiático. “En aquellos tiempos apenas se empezaba a oír que en China se estaban levantando muchos proyectos. Un arquitecto que conocí en Hong-Kong me propuso instalar mármol en un hotel y acepté. Al cruzar la frontera entre la entonces colonia británica y China, nos encontramos con una torre de más de treinta plantas, erigida en medio de centenares de chabolas y rodeada de andamios de bambú. Yo siempre había asociado los hoteles al turismo y a la costa, así que no entendía nada”.Sin embargo, tras varias reuniones, el acuerdo entre TINO y las autoridades locales se cerró con una carta de crédito por valor de dos millones de dólares.
La aparente facilidad con la que la empresa andaluza entró en China solo la entendió Antonio Valdés, algún tiempo más tarde, en el contexto más amplio de las complejidades de hacer negocios en el país asiático: “Enviamos a China mano de obra especializada en colocación, lo cual era verdaderamente caro. Sin embargo, al final nos dimos cuenta de que el Estado chino no compraba tanto nuestro producto o la mano de obra como nuestro conocimiento. La primera vez pagan por el servicio. La segunda vez, ellos ya saben cómo hacerlo”.
Después de la aventura en China, edificios emblemáticos repartidos por diferentes rincones del mundo, como el hotel Biltmore de Miami o el hotel Ritz en Singapur, han acogido en sus estructuras más íntimas las texturas en piedra de TINO. Sin embargo, este proceso de internacionalización todavía habría de dar un nuevo giro, pasando de los interiores hoteleros a los escaparates de algunas de las más lujosas calles y avenidas mundiales.
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