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The Machinist, dirigida por Brad Anderson con Christian Bale y Jennifer Jason Leigh como actores principales. Arachnid, de Jack Sholder. Una casa de locos, de Cédric Klapisch. Dagon, de Stuart Gordon. Tapas, de José Corbacho y Juan Cruz. Darkness y Frágiles, de Jaume Balagueró, con Anna Paquin y Lena Olin protagonizando la primera de ellas y Calista Flockhart y Richard Roxburgh la segunda. El Cid, la leyenda, de José Pozo. Beyond Re-Animator, de Brian Yuzna. ¿Qué tienen en común todas estas películas? A Julio Fernández, que es su nexo de unión. Tal vez su nombre tampoco aclare mucho. Un dato más: es el presidente del Grupo Filmax, una destacada organización industrial independiente del sector audiovisual, dedicada a la creación, producción, distribución y exhibición de películas cinematográficas, tanto de ficción como de animación, y de contenidos televisivos. “Se habla de Filmax, pero no se habla de Julio Fernández”, asegura el propio Julio, quien puntualiza: “si, con más de 70 películas producidas, uno quisiera entrar en la dinámica de las galas y del glamour… pero no te puedes distraer en esos temas, hay que poner los pies en la tierra y seguir trabajando en la consecución del objetivo marcado, que es, además, el sueño de toda mi vida: convertirnos en un estudio cinematográfico con participación en todas fases del proceso de creación audiovisual”. Difícil parece abstraerse ya de por si y más aún cuando presume de organizar las mejores fiestas que se celebran al amparo del Festival de Cannes, en las que nunca han faltado las grandes estrellas del momento, ya sean Kevin Costner o Harrison Ford.
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Julio Fernández |
Gracias a esta filosofía llevada a todo trance, Filmax ha pasado de ser una distribuidora más en el panorama cinematográfico a una firma candidata a convertirse en una de las mejores empresas europeas por su labor en todos los campos de la industria audiovisual. De hecho, su desarrollo comercial le permite además de estar presente en todos los mercados internacionales, tener clientes estables en más de un centenar de países, entre los que destaca por su volumen de ventas Estados Unidos, donde asimismo cuenta con una filial propia, Filmax USA.
El principio del gran proyecto
A Julio Fernández, el embrujo del cine le encandiló siendo niño, cuando vio su primera película, en la aldea de Cereixido, en la localidad lucense de A Fonsagrada, donde nació. Desde ese mismo momento sintió el deseo de vincularse a ese mundo evocador. Tiempo hubo de pasar hasta que lo pudiera hacer. Tiempo en el que participó en empresas de diseño y venta de urbanizaciones y que le fue forjando la afabilidad de su carácter. Tiempo en el que fue fiel a sus recuerdos, que siempre lleva consigo y que le han hecho convertir la sede central de Filmax en un auténtico museo del Séptimo Arte, donde ocupa un lugar destacado el cinematógrafo de A Fonsagrada, desde el cual se proyectaron esas imágenes que le atraparon para siempre. “Todo esto irá a parar a una fundación que crearé en un futuro cercano, cuando se haya consolidado Filmax como un estudio al estilo de Hollywood, donde la integración y la especialización vayan aún más a la par si cabe. Desde mi punto de vista, ahora estamos en el momento más emocionante de nuestra trayectoria, en el principio del gran proyecto: hemos sido capaces de entusiasmar a muchas personas que han decidido arriesgarse con nosotros, lo que nos ha ayudado a la configuración del estudio, y ahora lo que nos queda es engrandecerlo por la misma línea seguida hasta ahora, la de la confianza y la seriedad”.
Una buena combinación de ilusión y pragmatismo le llevó a dar sus primeros pasos en la distribución, tras la adquisición de la marca Filmax, que comercializaba en España desde 1953 los grandes éxitos de la cinematografía estadounidense. “Optamos por conocer al detalle todas sus claves, puesto que esa información nos ayudaría a comprender parte del funcionamiento de la industria audiovisual a escala internacional. Así analizamos el contenido de las películas que los grandes distribuidores mundiales compraban para Italia, Francia o Reino Unido, para cualquier país del mundo en definitiva, y observamos que eran historias que tenían un interés universal, independientemente del contexto cultual donde se exhibiesen”.
Tras doce años de aprendizaje, Filmax funda Castelao Productions, entrando de lleno en la producción de contenidos audiovisuales “para el mundo”, como le gusta apostillar a Julio. “Yo era consciente de que mi proyecto empresarial iba a romper los moldes del cine español, puesto que durante muchos años éste se ha planteado más como una expresión cultural, que como una industria. Y la industria audiovisual supone no tener en cuenta sólo los intereses del público español, sino también los de todo el mundo. No queríamos ser una productora que realizara al año una o dos películas y depender exclusivamente de su resultado para hacer la siguiente”. Así, para solventar el escollo de la financiación, y dada su experiencia como distribuidora, se optó por la creación del sello cinematográfico de género fantástico, Fantastic Factory. “Fue mi apuesta personal, con la que buscaba abrir un hueco en el escenario mundial. Y el género fantástico permitía tener repartos internacionales y rodar en inglés. Además, una historia de terror es perfectamente vendible en todos los países porque desarrolla conceptos más claros, más universales”. Su asociación con el cineasta estadounidense Brian Yuzna trajo a reconocidos directores como Stuart Gordon o Jack Sholder, “lo que hizo posible que empezásemos a trabajar con presupuestos altos para España. Y, como aquí no había abundancia de expertos en efectos especiales, los trajimos de fuera, nos abrimos aún más al mercado internacional”.
Batiendo récord
Lejos de ser profeta en su tierra, esas primeras películas no fueron muy bien recibidas por los críticos. “Al igual que nosotros teníamos nuestras dudas, el mercado también. Filmax ha hecho una apuesta industrial con un gran presupuesto y ha salido bien, así que muchos de los que nos criticaban quizá hayan cambiado su opinión. La calidad del producto está a la vista”, apunta su presidente. La personalidad de la Fantastic Factory se fue conformando con la inclusión de jóvenes directores españoles. Y fue un de ellos, Jaume Balagueró quien con Los sin nombre primero y Darkness después refrendó la apuesta empresarial de Julio Fernández. La primera de ellas obtuvo el reconocimiento de la crítica, al ser galardonada en festivales internacionales de género fantástico en Francia, Bélgica, Portugal, Italia, Canadá y Corea. Con la segunda, las puertas del mercado estadounidense se le abrieron de par en par: se estrenó en más de 1.700 salas y en sus dos primeros días de exhibición recaudó seis millones y medio de dólares, situándose en la sexta posición del ranking de taquilla estadounidense, compitiendo con otros grandes estrenos como El Aviador o Los padres de él. “Es más, tiene una previsión de ventas en vídeo de 30 millones de dólares en Estados Unidos. Asimismo, ha sido número uno en Italia, con cuatro millones de dólares recaudados; en México la han visto más de un millón de espectadores, lo que le ha reportado dos millones de dólares; y en Francia ingresó más de un millón de dólares. Realmente es algo histórico que una película 100% española llegue a recaudar más de 100 millones de dólares en todo el mundo".
La línea de credibilidad que le dio este gran éxito ha hecho posible que “hayamos configurado una marca reconocible y que llevemos en los últimos cuatro años catorce películas vendidas a Estados Unidos: ocho a Lions Gate, cuatro a Miramax, El maquinista la distribuye Paramount y Una casa de locos la Fox”. Y acaba de firmar una alianza estratégica con Lauren Films, por la que Filmax incorporará a su catálogo de DVD toda la librería de la estadounidense.
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