DESMOSTRAR LA CALIDAD
Aparecen las barreras técnicas


Hasta hace pocas décadas, el comercio internacional se controlaba principalmente por medio de las imposiciones establecidas en las aduanas. Sin embargo, desde la creación del Mercado Común y la entrada en vigor del Tratado de Roma, los gobiernos no pueden recurrir a las defensas tradicionales a base de imposiciones económicas en la frontera.

¿Significa esto que los estados han renunciado a la protección de sus mercados internos? No parece que sea éste el caso. Si bien el Tratado de Roma impedía imponer exacciones económicas en frontera, sí permitía que, en ausencia de la debida legislación común, los estados pudieran legislar individualmente (aunque eso pudiera suponer una limitación al comercio), siempre y cuando se cumpliera una serie de requisitos previos y que tales medidas no constituyeran un medio de discriminación arbitrario o una restricción encubierta del comercio. Estos requisitos previos eran:

  • Que esa legislación se aplicara tanto a los productos nacionales como a los importados.
  • Que fuera el medio que menos perjudicara al comercio.
  • Que estuviera justificada por ser necesaria para satisfacer unas exigencias imperativas.
  • Y que las medidas fueran proporcionadas a los objetivos que se perseguían.

Las exigencias imperativas a las que se hace referencia están recogidas en el Artículo 36 del tratado. Además, han sido reconocidas por la OMC y, como consecuencia de la legislación derivada de la UE, van siendo ampliadas.

Basándose en los principios indicados, los estados miembros de entonces, procedieron a legislar por medio de un conjunto reglamentos que imponían una serie de requisitos técnicos a cumplir por los productos o servicios y que podían limitar el comercio.

El problema de las barreras técnicas (ver glosario) era tan importante que aún hoy en día continúa siendo uno de los mayores obstáculos que tiene la realización del mercado interno unificado. Basta para ello ver el estudio de la Secretaría de Estado de Comercio, en colaboración con el ICEX y la CEOE sobre el proyecto “Línea abierta para la identificación de problemas de las empresas españolas en los países de la adhesión”, en el que se demuestra que los aspectos de reglamentación técnica son una de las principales dificultades que los empresarios españoles encuentran a la hora de comercializar sus productos en un mercado “doméstico” como es el de la UE.

Homologación, certificación y normalización
  • La homologación (ver glosario) es una condición sine qua non para poder comercializar y circular con un producto en un mercado dado. Desde el punto de vista técnico, no suele ser muy exigente: el estado legisla sobre los mínimos aspectos de la seguridad, es decir se conforma con que los productos/servicios tengan un mínimo de seguridad respecto a la vida y la salud de las personas, animales y también respecto a la preservación del medio ambiente.

  • En el caso de la certificación (ver glosario) no interviene el estado y es pues un proceso voluntario, aunque en la práctica no resulta tan voluntario. Superar una homologación nos permite comercializar y circular, pero para poder vender en un mercado hay que dar un valor añadido en calidad y es aquí donde interviene la certificación. Ésta suele ser más exigente, aunque no obtenerla no implica ni prohibición para comercializar ni impedimento para la circulación de los productos.

  • Subyacentes en los procesos de homologación y en los de certificación están las
    normas técnicas. La norma es voluntaria y exclusivamente adquiere carácter obligatorio cuando está incluida en un reglamento. En España, el único organismo de normalización (ver glosario) es la Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR) que realiza las normas técnicas españolas UNE.

Organismos de normalización:

Mundiales
ISO Organización Internacional de Normalización
IEC Comisión Electrónica Internacional
UIT Unión Internacional de las Telecomunicaciones
Europeos
CEN Comité Europeo de Normalización
CENELEC Comité Europeo de Normalización de Electrotécnica
ETSI Instituto Europeo de Normalización de las Telecomunicaciones

Realizar una norma lleva su tiempo y, aunque los procedimientos se han simplificado, la realidad es que puede durar más de un año, salvo que sea una mera traducción de otra norma preexistente, como en el caso de las normas EN europeas.

Tanto en los procesos de homologación como en los de certificación, se requiere realizar ensayos técnicos que llevan a cabo los laboratorios. A menudo, la verdadera barrera técnica se produce precisamente en estos laboratorios, ya que han de interpretar y aplicar los documentos técnicos (ya se trate de reglamentos o normas), y esa interpretación puede hacerse de manera discriminatoria.

Estos problemas se intentan controlar por medio de la acreditación de los organismos de certificación y de los laboratorios de ensayo.

Dependiendo de los mercados de destino se pueden dar todas las combinaciones posibles entre la homologación y la certificación. Normalmente, cuanto más desarrollado sea el mercado de destino habrá mayor necesidad de demostrar la calidad por medio de las homologaciones y certificaciones, y, a la inversa, los mercados de países en vías de desarrollo serán menos impositivos.

 

DEMOSTRAR LA CALIDAD
Infraestructura de la calidad


Un estado moderno que no tenga este tipo de infraestructura no es nadie en el comercio internacional, ya que sus empresarios no podrán demostrar su calidad de manera efectiva y creíble.

Sólo las grandes empresas multinacionales tienen capacidad para poder tener sus propios laboratorios con los cuales medir, adaptar y demostrar su calidad. Pero el tejido industrial de casi todos los países está formado por empresas tipo pyme, las cuales han de recurrir a entes públicos o privados de reconocido prestigio internacional para poder demostrar la calidad.

Vigilar al vigilante
En el caso español, la infraestructura de la calidad viene definida por el Real Decreto 2200/1995. El Estado reconoce directamente a dos organismos privados, sin ánimo de lucro:

  • La Asociación Española de Normalización y Certificación (AENOR).
  • Y la Entidad Nacional de Acreditación (ENAC).

La acreditación es el procedimiento por el que una entidad autorizada reconoce formalmente que un organismo es competente para desarrollar cualquiera de las tareas específicas de inspección, certificación, control, ensayos y auditorías de la calidad. Simplificando mucho, diríamos que la acreditación consiste en vigilar a la vigilante.

Según esta definición, la ENAC no actúa directamente sobre las empresas sino sobre organismos que, éstos sí, actúan sobre las empresas.

Con la acreditación se intenta evitar lo que podríamos llamar doble imposición técnica, y así un certificado de origen que esté realizado por una entidad acreditada tendrá aceptación en muchos mercados exteriores sin que sea necesario repetir el proceso de certificación en el mercado de destino.

Hay que tener en cuenta un factor importante: no todos los laboratorios u organismos de certificación están acreditados. Una empresa que desee internacionalizarse deberá tener cuidado en actuar con organismos que sí lo estén, porque así se le facilitará su acceso a los mercados extranjeros.

En este sentido, la confianza de los mercados internacionales en la acreditación se basa en que los procesos y criterios por los que actúan los diferentes organismos de acreditación nacionales son los mismos. En el caso concreto de Europa, estos organismos han constituido la European Cooperation for Accreditation (EA), que, a su vez, ha firmado acuerdos multilaterales con diferentes instituciones mundiales de acreditación.

Sistemas de gestión de la calidad
Hasta ahora hemos hablado de la calidad en lo que concierne al producto o servicio, pero la calidad no queda relegada a este nivel. Los procedimientos de certificación u homologación, cada vez más, implican el control de la calidad de las empresas, comprobando sus técnicas, controles, registros, etc.; en una palabra, comprobando que la empresa tenga un sistema de gestión que, hasta cierto punto, asegure que la producción tendrá un nivel de calidad sostenido.
 

El salto cualitativo es grande: se supera la vigilancia del producto y se pasa también al control de la propia empresa, y el mejor control que se puede hacer es por medio de una certificación. Fácilmente se comprende que todo esto ha sido uno de los factores que más han contribuido al éxito de las certificaciones de sistemas.

Lo que se certifica es que la organización ha implantado un sistema de gestión de la calidad. En este proceso nos encontraremos con dos fases no necesariamente relacionadas:

  • La primera sería la implantación del sistema de gestión.
  • Y la segunda fase consistiría en certificar que ese modelo de gestión se ajusta a los criterios elegidos.

Hay organizaciones que piensan que lo importante es implantar el sistema, pero que la certificación no es más que un papel. Sin embargo, muchas administraciones, en sus pliegos de contratación de obras de grandes proyectos, la exigen como condición sine qua non para poder presentar la licitación y ni que decir tiene que cada vez más los clientes (empresas) la solicitan para poder contratar y hacer negocios.

Así pues, vemos que, actualmente, para poder tener éxito comercial hay que actuar con calidad demostrada a los dos niveles:

  1. Calidad del producto.
  2. Y calidad de gestión de la empresa u organización.

La calidad demostrada se convierte así en un poderosísimo factor de marketing y en numerosas ocasiones es exigida de manera obligatoria.

(En la versión en papel de El Exportador, diferentes empresas y organizaciones españolas ofrecen su opinión sobre los sistemas de gestión de la calidad.)