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Aparecen las barreras técnicas |
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¿Significa esto que los estados han renunciado a la protección de sus mercados internos? No parece que sea éste el caso. Si bien el Tratado de Roma impedía imponer exacciones económicas en frontera, sí permitía que, en ausencia de la debida legislación común, los estados pudieran legislar individualmente (aunque eso pudiera suponer una limitación al comercio), siempre y cuando se cumpliera una serie de requisitos previos y que tales medidas no constituyeran un medio de discriminación arbitrario o una restricción encubierta del comercio. Estos requisitos previos eran:
Las exigencias imperativas a las que se hace referencia están recogidas en el Artículo 36 del tratado. Además, han sido reconocidas por la OMC y, como consecuencia de la legislación derivada de la UE, van siendo ampliadas.
Realizar una norma lleva su tiempo y, aunque los procedimientos se han simplificado, la realidad es que puede durar más de un año, salvo que sea una mera traducción de otra norma preexistente, como en el caso de las normas EN europeas. Tanto en los procesos de homologación como en los de certificación, se requiere realizar ensayos técnicos que llevan a cabo los laboratorios. A menudo, la verdadera barrera técnica se produce precisamente en estos laboratorios, ya que han de interpretar y aplicar los documentos técnicos (ya se trate de reglamentos o normas), y esa interpretación puede hacerse de manera discriminatoria. Estos problemas se intentan controlar por medio de la acreditación de los organismos de certificación y de los laboratorios de ensayo. Dependiendo de los mercados de destino se pueden dar todas las combinaciones posibles entre la homologación y la certificación. Normalmente, cuanto más desarrollado sea el mercado de destino habrá mayor necesidad de demostrar la calidad por medio de las homologaciones y certificaciones, y, a la inversa, los mercados de países en vías de desarrollo serán menos impositivos.
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Infraestructura de la calidad |
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Sólo las grandes empresas multinacionales tienen capacidad para poder tener sus propios laboratorios con los cuales medir, adaptar y demostrar su calidad. Pero el tejido industrial de casi todos los países está formado por empresas tipo pyme, las cuales han de recurrir a entes públicos o privados de reconocido prestigio internacional para poder demostrar la calidad.
La acreditación es el procedimiento por el que una entidad autorizada reconoce formalmente que un organismo es competente para desarrollar cualquiera de las tareas específicas de inspección, certificación, control, ensayos y auditorías de la calidad. Simplificando mucho, diríamos que la acreditación consiste en vigilar a la vigilante. Según esta definición, la ENAC no actúa directamente sobre las empresas sino sobre organismos que, éstos sí, actúan sobre las empresas. Con la acreditación se intenta evitar lo que podríamos llamar doble imposición técnica, y así un certificado de origen que esté realizado por una entidad acreditada tendrá aceptación en muchos mercados exteriores sin que sea necesario repetir el proceso de certificación en el mercado de destino. Hay que tener en cuenta un factor importante: no todos los laboratorios u organismos de certificación están acreditados. Una empresa que desee internacionalizarse deberá tener cuidado en actuar con organismos que sí lo estén, porque así se le facilitará su acceso a los mercados extranjeros. En este sentido, la confianza de los mercados internacionales en la acreditación se basa en que los procesos y criterios por los que actúan los diferentes organismos de acreditación nacionales son los mismos. En el caso concreto de Europa, estos organismos han constituido la European Cooperation for Accreditation (EA), que, a su vez, ha firmado acuerdos multilaterales con diferentes instituciones mundiales de acreditación.
El salto cualitativo es grande: se supera la vigilancia del producto y se pasa también al control de la propia empresa, y el mejor control que se puede hacer es por medio de una certificación. Fácilmente se comprende que todo esto ha sido uno de los factores que más han contribuido al éxito de las certificaciones de sistemas. Lo que se certifica es que la organización ha implantado un sistema de gestión de la calidad. En este proceso nos encontraremos con dos fases no necesariamente relacionadas:
Hay organizaciones que piensan que lo importante es implantar el sistema, pero que la certificación no es más que un papel. Sin embargo, muchas administraciones, en sus pliegos de contratación de obras de grandes proyectos, la exigen como condición sine qua non para poder presentar la licitación y ni que decir tiene que cada vez más los clientes (empresas) la solicitan para poder contratar y hacer negocios. Así pues, vemos que, actualmente, para poder tener éxito comercial hay que actuar con calidad demostrada a los dos niveles:
La calidad demostrada se convierte así en un poderosísimo factor de marketing y en numerosas ocasiones es exigida de manera obligatoria. (En la versión en papel de El Exportador, diferentes empresas y organizaciones españolas ofrecen su opinión sobre los sistemas de gestión de la calidad.)
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