|
Nueva York, Londres, Toronto. Recorrer estas tres ciudades, en un corto espacio de tiempo, forma parte del quehacer diario de Alejandro Fernández, que a sus casi 73 años continúa con su frenético periplo viajero, iniciado mucho antes de ver materializado su sueño infantil: elaborar vino. Objetivo vital que empezó a plasmarse cuando tenía 40 años, frontera existencial en la que dejó atrás una profesión que cambió por una vocación. De comercial de maquinaria agrícola pasó a convertirse en vitivinicultor.
|
Alejandro Fernández
|
Nueva York. Alejandro Fernández es uno de los cinco bodegueros españoles considerados superestrellas en el mundo del vino, que el pasado 30 de marzo encandilaron a distinguidos profesionales y prescriptores de opinión estadounidenses en un seminario-degustación celebrado en el restaurante neoyorquino Per Se.
Londres. Berry Bros & Rudd, la acreditada tienda especializada en vinos, considerada la más antigua del mundo, organizó recientemente una cata vertical de Pesqueras ante un selecto grupo de 40 clientes británicos. Cata en la que pudieron apreciar la profundidad y los matices que el paso del tiempo aporta a estos vinos, y en la que Alejandro Fernández aprovechó para presentar los vinos de sus otras tres bodegas.
Toronto. La revista canadiense Wine Access, tras la destacada presencia de Alejandro Fernández en la última edición de Wine Summit Lake Louise, analiza su personalidad como vía para entender su peculiar manera de elaborar vinos, con menos alcohol y más acidez que la mayoría de vinos modernos. Su crítico, Anthony Gismondi, asegura que “Fernández siempre ha sido un visionario, y Tinto Pesquera es su telescopio".
El triunfo de un modo de sentir
Alejandro Fernández es la viva imagen de un hombre hecho a sí mismo. Imagen que en lugar de desvirtuarse una vez enfrentada a la realidad, adquiere todavía matices más auténticos. Su juventud se la pasó desarrollando diversas labores agrarias, hasta que los avatares de la vida le llevaron a concentrarse en el comercio de la maquinaria agrícola, llegando a diseñar él mismo “las primeras cosechadoras de remolacha que se vieron en España”, asegura. Mientras tanto, durante todos esos años no dejaba de alimentar su más ansiada ilusión: crear su propia bodega y elaborar en ella grandes vinos tintos.
Siempre se ha dicho que la infancia marca el porvenir de una persona y Alejandro, desde niño, siguiendo la tradición familiar aprendida de su padre, elaboraba vino cada año con uvas de sus pequeños viñedos. Pero no sólo se encuentra aquí su vinculación con este mundo sino que, casualidades o no de la vida, su nacimiento le creó una ligadura imposible de quebrar como ha demostrado el paso del tiempo. Vio la luz el 11 de agosto de 1932, el año en que la República puso en marcha el primer Estatuto del Vino Español. “Yo soy mucho de casa”, explica el propio Alejandro, de una forma más prosaica pero llena de simbolismo, su relación con el vino.
Forjado en el campo castellano, este hombre fue testigo directo de cómo a partir de los años 50 en toda la zona vallisoletana de la ribera del Duero se arrancaban las viñas para sustituirlas por cereal y remolacha, que eran mucho más rentables. Y cuantas menos viñas iban quedando en la zona, más ahínco ponía en el negocio de la maquinaria, con el único objetivo de acumular el capital necesario que se requería para comprar terrenos, organizar el viñedo y hacer una bodega. Y hasta 1972, no pudo ser.
Los comienzos no fueron fáciles. A contracorriente, él iba plantando viñas e, incluso, comenzó a introducir el cultivo en espaldera en la región. Algunos vecinos de Pesquera del Duero le tomaron por loco. Pero tenía los pies en la tierra. Mientras su bodega, Tinto Pesquera, iba tomando cuerpo, la comercialización de maquinaria agrícola, su profesión hasta ese momento, no sólo sustentaba económicamente su vocación, sino que sirvió para empezar a dar a conocer dentro y fuera de España sus primeras cosechas. “Tanto en ferias como en los viajes que me veía obligado a hacer, siempre me acompañaba mi propio vino. Allá donde estuviera con un stand en una feria, mi vino era la carta de presentación de la maquinaria a compradores, distribuidores o clientes. Es más, mis colegas sabían que en mi coche indefectiblemente podían encontrar vino y chorizo”, rememora con cierta añoranza Alejandro. Hábito mas arraigado de lo que uno pudiera imaginar, al evidenciar que el maletero de su coche hace, todavía hoy, las veces de bodega y despensa.
Con carácter
En el momento en que sale a la luz el primer Tinto Pesquera, en 1975, todas las localidades ribereñas con el Duero elaboraban claretes alcohólicos, salvo la mítica Vega Sicilia, el único referente digno de tener en cuenta por su dilatada historia. Alejandro se aleja de todos los modelos posibles y concibe “un vino de color intenso, de taninos opulentos y con una evidente presencia frutal” , en palabras del crítico José Peñín. “Un vino hecho como lo hacían mis padres, mis abuelos, con mucho cuerpo, con mucho extracto, pero mejor elaborado, claro está”, explica el propio Alejandro. Para todo el proceso enológico disponía de un pequeño lagar de piedra, del siglo XVI. Hubieron de pasar unos diez años para que la bodega de Tinto Pesquera tuviera más o menos el aspecto que tiene hoy en día.
Cuando se comienza a comercializar en España, la gente, sobre todo la de la zona, decía que “era un vino como muy basto, con mucho cuerpo”. Incluso, los representantes de Vinoselección lo rechazaron en un primer momento porque lo veían demasiado astringente. Sin embargo, este vino estructurado, potente, carnoso y cargado de aromas frutales remitía a los míticos tintos del Pomerol o Médoc bordeleses. Su Tinto Pesquera estaba en sintonía con el canon de belleza vinícola.
La intuición natural de Alejandro le hizo tomar la decisión de empezar a venderlo fuera, para impulsar unas ventas que no terminaban de cuajar en España. Y ahí comienza para muchos toda una leyenda sobre este hombre, circulando por los aeropuertos del mundo con una caja de vino debajo el brazo para darlo a catar. Leyenda que en este caso está basada en una auténtica realidad: “Lo he dado a conocer en todos los países del mundo que -como dice él- pueden comprar vino".
Así, directamente de Pesquera fue a Estados Unidos, donde recuerda que la primera vez que asistieron a la Aspen Food & Wine Classic, y que resultaron ser los únicos expositores españoles, tuvieron que ubicarse al lado del pabellón francés. “Como reclamo decidimos dar tapas españolas, y cuál fue nuestra sorpresa cuando nos dimos cuenta de que la gente cogía la tapa e iba a tomársela al pabellón francés para acompañar su degustación con uno de sus vinos. ¿Qué hice yo? Pues me puse a repartir vasitos de vino en la cola que se formaba para la comida. En un cuarto de hora se corrió la voz y se nos llenó el stand de personas que venían a comer y a catar Tinto Pesquera”, recuerda Alejandro, al que nunca le han faltado recursos.
Esos primeros contactos, establecidos mientras compaginaba el negocio de la maquinaria con el de los vinos, todavía se mantienen en la actualidad. Sus distribuidores estadounidenses, Stephen Metzler y su esposa española, Almudena, pertenecen a estos avezados socios que supieron apreciar la potencialidad de sus vinos.
Un antes y un después
Y en este devenir, se cruza en la historia de esta bodega española el gurú de la prensa especializada estadounidense Robert Parker, quien definió el Pesquera Janus Reserva de 1982 como uno de los tres mejores vinos tintos españoles y lo situó entre los ochos más excelsos vinos del mundo. La casualidad, ciertamente inducida en este caso, se convirtió en su aliada. Por lo visto, un día que llegó a casa Robert Parker bastante tarde, se encontró con que no tenía vino para cenar, a excepción de una botella de Tinto Pesquera que le había enviado Alejandro, a través de Stephen Metzler. Y optó por abrir ese vino español, venciendo sus iniciales reservas con respecto a catar más vino español, puesto que consideraba que más allá de los que se elaboraban en La Rioja no había más que claretes. “Cuando abrió la botella y lo echó en una copa, lo primero que le sorprendió fue su aroma, luego su cuerpo y color. Lo probó y se percató de que eso era otra cosa. Pero como se conoce que no le convenció del todo o le extrañaba que pudiera estar tan bien, lo volvió a catar al día siguiente y entonces estaba aún mejor”, relata Alejandro. Y tal fue su certeza entonces que en su prestigiosa publicación The Wine Spectator otorgó a este vino 98 puntos sobre 100 y comentó: “ Usted puede comprar un Château Petrus en una tienda que le pude costar 290 dólares o 300, y puede usted comprar un vino español con las misma características por 12 dólares".
La comparación con el Petrus hizo de Pesquera una gran marca. Mientras, iba sumando todo tipo de elogios y distinciones: entró en la gloriosa lista que elabora la editorial francesa Hachette para su guía Los 100 vinos más prestigiosos del mundo, y se alzó con el Premio Nacional de Gastronomía Víctor de la Serna. Además, puso a la zona donde se elaboran los vinos con Denominación de Origen Ribera del Duero en el mapa vinícola mundial.
Y lo más importante, supo gestionar a la perfección el éxito conseguido. La mayoría de las bodegas cuyos vinos son destacados por Robert Parker u otros importantes prescriptores de opinión tiende a subir el importe de las botellas. Sin embargo, Alejandro no lo hizo. Según explica: “Robert Parker me confesó que soy el único al que, gracias a una valoración suya, el vino subió a todo lo alto y no incrementé su precio. Yo tenía claro que con la calificación se vendería casi a cualquier precio el vino durante el primer año, pero después ¿qué?, pues disminuirían las ventas de forma espectacular por el incremento que había experimentado."
Política, la de la moderación de los precios, que sigue defendiendo a rajatabla. Cuando hace unos años, las ventas de vino español al Reino Unido empezaron a disminuir (ver El Exportador Digital nº 78), debido sobre todo a su encarecimiento, Tinto Pesquera, ajeno a este movimiento, las mantuvo y continuó codeándose con los vinos franceses, los auténticos reyes del mercado, tanto en el canal off trade (tiendas y supermercados, mercado de venta al público) como en el on trade (hostelería, restauración y catering: horeca).
| 1 | 2 |
|