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Tener
los conceptos claros |
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Javier Landa, consejero delegado de Enter, los sistematiza de una forma muy clara:
Por su parte, Luis Pozo, gerente de Conexcal, destaca que “la división de gastos entre las distintas empresas que participan supone un evidente ahorro de costes; especialmente en el caso de empresas que comienzan su aventura exportadora, el disponer individualmente de un profesional (gerente) con amplia experiencia en los mercados internacionales supondría un coste muy elevado”. Para José Gualde, de Difrusa, “el consorcio de exportación busca una estabilidad en el suministro y en la gama de productos”. Por lo que se refiere al tamaño de las empresas participantes en un consorcio, Rémi Brest, gerente de Artextil, piensa que “esta figura es una buena solución sobre todo para las pequeñas empresas, que muchas veces no disponen de medios para lanzarse por su cuenta a los mercados exteriores”. Javier Landa, de Enter, sin negar esta afirmación, cree que “el consorcio es probablemente tan útil o más para las medianas empresas. Lo que ocurre es que éstas quizá demandan al consorcio un tipo de servicios distintos de los que persigue una pyme”.
Luis Pozo, de Conexcal, lo ve así: “el consorcio tiene que unificar las estrategias comerciales de cada socio, que a veces difieren, en una sola, lo que puede resultar muy complicado.” Por ese motivo señala que “el número ideal de socios, al menos al principio, debe ser de tres o cuatro”. Finalmente, uno de los aspectos que subrayan los expertos tiene que ver con la propia desconfianza entre los miembros del grupo.
Lluis Renart, profesor del IESE y experto estudioso de los consorcios de exportación, siempre ha sostenido que “una de sus cualidades principales deberá consistir en ser un buen político, haciendo un papel constante de mediador. Deberá esforzarse en conseguir pedidos para todos los socios-fabricantes de forma equilibrada, con el fin de evitar acusaciones de favoritismo así como las posibles bajas prematuras de socios”. También “debe ayudar a los socios a modificar, si es preciso, su oferta para hacerla más atractiva y exportable”. Uno de los consorcios consultados por nuestra revista destaca la importancia de una atinada selección del gerente: “A nuestro grupo se incorporó una persona que permaneció unos meses en la gerencia, pero que resultó no ser la más adecuada, por lo que nos vimos obligados a prescindir de ella. Como ocurrió en los albores de la actividad del consorcio, la fallida elección supuso la pérdida de un año de subvenciones por parte del ICEX, y la paralización de la actividad de la sociedad. El desánimo comenzó a cundir y el consorcio se tambaleó. Tras la negativa experiencia, se decidió realizar otro proceso de selección, esta vez con mucho más cuidado”.
El consejero delegado de Enter, Javier Landa, participa de las dos corrientes de opinión. Señala que, si transcurrida la primera fase, aparecen nuevas oportunidades en los mercados y el consorcio encuentra otras vías de permanencia, entonces puede sobrevivir desempeñando funciones quizá distintas a las que inicialmente se plantearon. Paradójicamente, Landa destaca que, si bien entre los motivos de abandono del consorcio por parte de una empresa se encuentran, como es lógico, unas ventas por debajo de las expectativas, otra de las razones puede ser justamente la contraria, es decir, el éxito. En ocasiones, “las empresas medianas, tras adquirir una determinada penetración en el mercado objetivo, desean desarrollar su propia estrategia y, a veces, el ritmo del consorcio puede no coincidir con el suyo”.
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El
debate de las ayudas |
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En el consorcio logístico Enter también creen que, al principio, resultan imprescindibles como elemento activador, pero también, y sobre todo, para asegurar la estabilidad del consorcio durante la primera época, que suele ser la más difícil, y en la que los resultados no se ven con claridad: lo que se ve, fundamentalmente, son los costes. Juan Antonio García Fernández, consejero delegado y socio promotor del Grupo Hortiberia, piensa: “Las ayudas muestran esa parte de la Administración amiga que, de alguna manera, oficializa lo que estamos haciendo y que se convierte en socio pasajero durante tres años, en unas condiciones ciertamente cómodas y con unas aportaciones interesantes, pero, a partir de ahí, el papel primordial corresponde a los socios”. En el ámbito de los consorcios de exportación, la labor del ICEX consiste en ayudar a estas agrupaciones a dar los primeros pasos para su formación y mantenimiento, incluyendo las aportaciones económicas, pero incidiendo incluso más en la propia idea de creación de los mismos que en la difusión del programa de consorcios del Instituto.
En la edición en papel de El Exportador se pueden consultar los requisitos necesarios para acceder a este programa, así como sus principales características.
Los consorcios apoyan a las empresas en todas las fases de desarrollo de su actividad de proyección internacional. Estas agrupaciones, presentes en todo el territorio nacional, se sitúan especialmente en las zonas más industrializadas (zona centro y norte del país) y están compuestas por más de 8 pymes. Los consorcios operan de forma autónoma o sirviéndose de la colaboración del Instituto Italiano de Comercio Exterior (ICE) y de las cámaras de comercio italianas en el extranjero. En la actualidad, operan en Italia más de 300 consorcios de exportación, que agrupan a 7.000 empresas, de las cuales 4.300 son exportadoras. La Federación Italiana de Consorcios de Exportación (FEDEREXPORT), agrupa a más de 130 consorcios. Las exportaciones realizadas por las empresas que pertenecen a la federación representan un 7% del total de las exportaciones italianas. Italia constituye un buen espejo donde mirarse, cuando de consorcios de exportación se trata.
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