A la hora de
formar un consorcio, existe una serie de conceptos básicos
que deben tenerse muy en cuenta desde el principio por parte de
los posibles socios.

Javier Landa,
consejero delegado de Enter, los sistematiza de una
forma muy clara:
- “los
objetivos que se marquen han de estar muy bien definidos;
- la consecución
de estos objetivos exige normalmente más tiempo del inicialmente
previsto;
- un consorcio
exige capacidad de negociación y pacto con los demás
miembros, y este proceso es, además, continuo;
- el consorcio
debe tener capacidad de adaptación a las circunstancias
del mercado”.
Factores para el éxito
Existe una serie
de factores que, a priori, permite valorar las posibilidades de
éxito de un consorcio.
- La similitud
de tamaño, capacidad económica y experiencia internacional
de las empresas miembro.
- La complementariedad
entre sí de los productos, aunque puede no darse en todos
los sectores de producción. Por ello, si los productos
fueran directamente competidores, habría que establecer
acuerdos explícitos para el reparto de pedidos.
- A este respecto,
José Gualde, director gerente de Difrusa,
afirma que para ellos “disponer de dos opciones de proveedores
por artículo permite completar los posibles fallos semanales
que pueda tener uno u otro socio”.
- Una oferta
homogénea en calidad, prestación de servicios y
cantidad disponible para comercializar a través del consorcio.
- Disponibilidad
para hacer una inversión de capital inicial y aportar una
cuotas de mantenimiento.
- Participación
en la búsqueda de un gerente consensuado por todos los
socios, buen negociador y con experiencia comercial en mercados
exteriores.
- Voluntad
de cooperación, dedicando el tiempo y apoyo necesarios
al promotor y al gerente.
Evidentes ventajas
Mercedes Segura,
directora de marketing del Grupo Pi, afirma:
“Les ofrecemos una gran variedad de catálogo; un sistema
de gestión más eficaz y seguro, con un único
contacto que centraliza todas las demandas”.
Por su parte,
Luis Pozo, gerente de Conexcal, destaca que “la
división de gastos entre las distintas empresas que participan
supone un evidente ahorro de costes; especialmente en el caso de
empresas que comienzan su aventura exportadora, el disponer individualmente
de un profesional (gerente) con amplia experiencia en los mercados
internacionales supondría un coste muy elevado”.
Para José
Gualde, de Difrusa, “el consorcio de exportación busca
una estabilidad en el suministro y en la gama de productos”.
Por lo que se
refiere al tamaño de las empresas participantes en un consorcio,
Rémi Brest, gerente de Artextil, piensa que “esta
figura es una buena solución sobre todo para las pequeñas
empresas, que muchas veces no disponen de medios para lanzarse por
su cuenta a los mercados exteriores”.
Javier Landa,
de Enter, sin negar esta afirmación, cree que “el consorcio
es probablemente tan útil o más para las medianas
empresas. Lo que ocurre es que éstas quizá demandan
al consorcio un tipo de servicios distintos de los que persigue
una pyme”.
Pero también hay dificultades
Al entrar en
consorcio, las empresas pierden una parte de su libertad individual.
Luis Pozo, de
Conexcal, lo ve así: “el consorcio tiene que unificar
las estrategias comerciales de cada socio, que a veces difieren,
en una sola, lo que puede resultar muy complicado.” Por ese
motivo señala que “el número ideal de socios,
al menos al principio, debe ser de tres o cuatro”.
Finalmente,
uno de los aspectos que subrayan los expertos tiene que ver con
la propia desconfianza entre los miembros del grupo.
La figura clave del gerente
Para soslayar
muchas de las dificultades expuestas, la figura del gerente resulta
clave.
Lluis Renart,
profesor del IESE
y experto estudioso de los consorcios de exportación, siempre
ha sostenido que “una de sus cualidades principales deberá
consistir en ser un buen político, haciendo un papel constante
de mediador. Deberá esforzarse en conseguir pedidos para
todos los socios-fabricantes de forma equilibrada, con el fin de
evitar acusaciones de favoritismo así como las posibles bajas
prematuras de socios”. También “debe ayudar a
los socios a modificar, si es preciso, su oferta para hacerla más
atractiva y exportable”.
Uno de los consorcios
consultados por nuestra revista destaca la importancia de una atinada
selección del gerente: “A nuestro grupo se incorporó
una persona que permaneció unos meses en la gerencia, pero
que resultó no ser la más adecuada, por lo que nos
vimos obligados a prescindir de ella. Como ocurrió en los
albores de la actividad del consorcio, la fallida elección
supuso la pérdida de un año de subvenciones por parte
del ICEX, y la paralización de la actividad de la sociedad.
El desánimo comenzó a cundir y el consorcio se tambaleó.
Tras la negativa experiencia, se decidió realizar otro proceso
de selección, esta vez con mucho más cuidado”.
Continuidad o disolución
Dos son las corrientes
de opinión acerca de la finalidad última de los consorcios
de exportación, ambas bien definidas por el profesor Renart:
- En tanto
que escuela de aprendizaje, sería un instrumento transitorio,
y condenado a disolverse en tres-cinco años, tan pronto
como los socios fueran capaces de exportar de forma independiente
y por sí mismos.
- Como instrumento
destinado a lograr objetivos ambiciosos “un consorcio con
una correcta gestación al principio y bien dirigido después
puede tener una duración indefinida.”
El consejero
delegado de Enter, Javier Landa, participa de las dos corrientes
de opinión. Señala que, si transcurrida la primera
fase, aparecen nuevas oportunidades en los mercados y el consorcio
encuentra otras vías de permanencia, entonces puede sobrevivir
desempeñando funciones quizá distintas a las que inicialmente
se plantearon.
Paradójicamente,
Landa destaca que, si bien entre los motivos de abandono del consorcio
por parte de una empresa se encuentran, como es lógico, unas
ventas por debajo de las expectativas, otra de las razones puede
ser justamente la contraria, es decir, el éxito. En ocasiones,
“las empresas medianas, tras adquirir una determinada penetración
en el mercado objetivo, desean desarrollar su propia estrategia
y, a veces, el ritmo del consorcio puede no coincidir con el suyo”.
|