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TRAS LAS HUELLAS DE … RAFAEL CATALÁ
Historia de distinción | 1 | 2 |


Mascletà en un día de Fallas. Los ninots, decoraciones callejeras y trajes regionales valencianos reflejan desde hace siglos lo que ha venido a denominarse como la estética barroca del Levante español, resultado, en parte, de que esta zona durante la Edad Media fuera lugar de confluencia para judíos, musulmanes y cristianos y que recibiera, antes que cualquier región española, fuertes influencias de la floreciente Italia del Renacimiento: “Los valencianos y, especialmente las mujeres, han mantenido con mucha devoción sus trajes tradicionales de fiesta, lo que ha favorecido que se mantengan a lo largo de los siglos orfebres y tejedurías de seda con productos muy exclusivos”, nos afirma el actual propietario de la firma sedera Rafael Catalá, Alberto Catalá, desde su despacho en Albuixech (Valencia).

  Alberto Catalá

Alberto es la séptima generación de una familia cuya actividad en el sector textil está registrada por escrito desde 1770: “En este camino tan largo, hemos pasado momentos de gran esplendor y otros de terribles crisis. Pero siempre hemos sabido encauzar las situaciones y hacer las reformas necesarias para combinar tradición y el uso de técnicas modernas”.

Y esto es algo que todo aquel que visite Rafael Catalá sabrá apreciar: en sus instalaciones productivas la más moderna maquinaria textil se alterna con telares de madera del siglo XIX, que son usados para realizar espolines (tejidos de seda con estampados de flores en hilos de plata y oro); en sus almacenes podemos encontrar ricas telas hechas con fibras de rayón y seda destinadas a la decoración y espolines destinados a trajes regionales valencianos y de novia; y en sus archivos de retales de seda y documentos de utillaje hay un tesoro histórico sobre la industria textil europea de los siglos XVIII, XIX y XX.

 Una empresa histórica
Pero, ¿qué pasos se han recorrido hasta llegar al año 2003? Antes que cualquier cosa, conviene hacer historia sobre una empresa que ha asegurado su futuro bajo la divisa de la exclusividad.

En torno a 1770 Josép Catalá crea un taller de hilaturas y tejedurías de seda en el ámbito de la industria sedera valenciana, que ya era sólo un reflejo mínimo del esplendor que ésta vivió durante la Baja Edad Media. “En aquella época Rafael Catalá fabricaba tejidos de seda que eran vendidos en todas las regiones del antiguo Reino de Aragón y se empezaron a confeccionar pañuelos muy primorosos que, con el tiempo, se comercializarían en el gran centro sedero francés de la época, Lyon”.

El gran período de esplendor de Rafael Catalá fue el siglo XIX: “Nuestro principal cliente era el alto clero, que nos demandaba casullas, capas pluviales, etc. de una gran riqueza ornamental. También fabricábamos muchas capas y fue durante este siglo cuando cimentamos un gran prestigio que se mantuvo hasta 1936”.

El primer tercio del siglo XX se caracterizó por la fabricación de capas destinadas a Tetuán, antiguo puerto en la Ruta de la Seda y uno de los grandes centros de distribución sedera en el norte de África. En todo este tiempo este negocio familiar contó con un factor clave para su mantenimiento: “Durante cinco generaciones la descendencia familiar consistía tan sólo en un hijo varón al que se le ponía de nombre Rafael. Este hecho tan excepcional se rompió con mi padre, que tuvo tres hijos de los cuales sólo yo he seguido con el negocio”.

El estallido de la Guerra Civil en 1936 supuso un punto de inflexión en Rafael Catalá, que tuvo que destinar parte de su producción a las necesidades bélicas del ejército republicano, fabricando telas para paracaídas. Tras el conflicto, la empresa volvió a la normalidad, después de un breve período de inactividad. Sin embargo, abandonó la confección artesanal y exclusiva de tejidos de seda y se pasó a una producción más industrial que, con la crisis del petróleo en los años 70 empezó a sufrir una fuerte reestructuración: en aquel momento sólo los más fuertes podían sobrevivir y Rafael Catalá optó por volver a la exclusividad en los años 80. “Estábamos viviendo un momento clave para asumir este giro de 180 grados, porque todavía contábamos con trabajadores que se habían formado durante su juventud en el uso de antiguos telares para la seda y fue así como empezamos a marcar un paso que es el que seguimos en la actualidad: dirigirnos al mundo de la alta decoración y la alta costura”. Así, las más modernas tecnologías se alternaron con la maquinaria decimonónica.

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