PRIMEROS PASOS... MARTÍN CÓDAX  


>> Un joven con tradición
Cuenta la leyenda que, con los monjes de la orden del Císter, también llegaron a Galicia, allá por el siglo XII, las primeras cepas de uva albariña. Otros, por el contrario, prefieren decir que fue en tierras gallegas donde aquellos hombres la encontraron, para llevarla después a otras zonas de Europa. Sea como fuere, lo cierto es que desde entonces el cultivo de la uva de albariño ha marcado decisivamente la identidad de la región pontevedresa de las Rías Baixas. Allí, la influencia de las brisas atlánticas, que suavizan la temperatura a lo largo de todo el año, la particular composición del suelo y el especial influjo de las meigas, han ido imprimiendo carácter a esta variedad hasta convertirla en una de las más apreciadas del mundo. A partir de ella se elabora el albariño, el vino blanco español con mayor proyección internacional, y referencia obligada de la cultura gallega.

Martín Códax mezcla la tecnología más avanzada y el saber hacer tradicional.

Fiel a esa cultura, pero con el deseo de darle un nuevo impulso, nace en 1986 la bodega Martín Códax, bautizada de esta forma en homenaje al poeta galaico del mismo nombre que, en el siglo XIII, ensalzara en sus cántigas el amor galante y el embrujo del albariño. Establecida en Cambados, capital del Valle del Salnés, pronto se convierte en uno de los exponentes más destacados de la Denominación de Origen Rías Baixas. Sus fundadores, un grupo de 25 viticultores, "vieron que tenían entre sus manos una piedra preciosa que, pulida adecuadamente, podía dar lugar a una economía importante en la zona -comenta Juan Vázquez, director general de la bodega-. Pero se dieron cuenta de que solos no podrían conseguir nada". Por este motivo, deciden aunar esfuerzos y agruparse en forma de cooperativa, una determinación que al principio despertó cierto escepticismo por la escasa tradición asociacionista existente en Galicia. Esa realidad, y la acusada tendencia al minifundio en la zona, fueron los principales retos con los que la bodega tuvo que enfrentarse en sus primeros momentos. "De generación en generación el minifundio va siendo más exagerado y, además, esa mentalidad minifundista la trasladamos a la producción; cada uno quiere tener su propia bodega porque cree que su vino es el mejor del mundo y nadie sabe hacerlo como él", reflexiona Vázquez. En poco tiempo, los resultados comenzaron a hablar por sí solos y nuevos viticultores fueron incorporándose al proyecto, hasta llegar a los 284 socios con que cuenta Martín Códax en la actualidad.