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Apuesta por la calidad
Desde el principio, la filosofía de la bodega se centró
en una premisa básica: invertir en calidad. "Teníamos clarísimo
que, o nos diferenciábamos en calidad, o no teníamos nada
que hacer", señala su director general. Y así fueron introduciendo
la tecnología más avanzada del sector en su proceso de producción,
respetando siempre el saber hacer más tradicional heredado
de sus antepasados. Una apuesta por la modernidad que han
trasladado a cada una de las fases de elaboración de sus
caldos, desde el cultivo de los viñedos al embotellado.
Para vigilar el buen estado de las vides, por ejemplo, además
del seguimiento diario de su equipo de campo, cuentan con
siete estaciones meteorológicas distribuidas por todo el
Valle del Salnés. "Tenemos un acuerdo con la Universidad
de Santiago; ellos recogen los datos y los traducen en probabilidad
de aparición de determinadas enfermedades por la correlación
de humedad y temperatura. Con ello pretendemos tratar sólo
en el momento oportuno, cuando es necesario", explica Juan
Vázquez.
Esa
constante inquietud por mejorar la calidad de sus vinos
no les ha hecho olvidar, sin embargo, un factor fundamental
para el éxito de cualquier producto: la imagen. Y es que,
como afirma Vázquez, "no sólo basta con serlo, hay que parecerlo".
De esta forma, las actividades de promoción de la bodega
vinculadas al mundo de la cultura se convierten en un rasgo
definitorio de su personalidad desde el primer momento.
Para Sonia Castro, export manager de Martín Códax,
la explicación es muy sencilla: "El vino es el reflejo de
una cultura, el reflejo de una tierra y el reflejo de una
gente".
La importancia
de la imagen para el desarrollo de sus productos se hace
más evidente cuando la bodega se plantea ampliar sus horizontes
y salir al exterior. "Para mercados extranjeros buscamos
una botella que fuera elegante, que expresase la calidad
del vino y al mismo tiempo tuviese un carácter propio",
comenta Sonia Castro. Además del diseño de la botella, se
introdujeron cambios en el etiquetado para adecuarlo a las
rígidas normativas vigentes en muchos países, unas "barreras
no arancelarias que a las bodegas con menos recursos les
impide comenzar a exportar", explica Castro.
Superados
esos obstáculos, Martín Códax inicia lentamente su proyección
internacional. "Los primeros pasos muchas veces se dan por
casualidad, porque resulta que en todas partes existe una
cultura de lo gallego; eran cuatro cajas que se enviaban
a cuatro nostálgicos que hacían una comida de vez en cuando.
Pero parece que eso da lugar a una inquietud por la exportación,
aunque al principio tengas dudas de si eso es exportar y
si realmente existe un mercado para tu producto", recuerda
Juan Vázquez. Finalmente, dos razones fundamentales les
empujan hacia la internacionalización: "Primero, estábamos
convencidos de que lo que teníamos podría ser bien apreciado
en todo el mundo. Y, segundo, tenemos todo el riesgo concentrado
en una única variedad, un solo vino y vino del año, además
de una excesiva concentración del riesgo en cuanto a los
clientes (la D.O. vendía un 94% de su vino en España, y
un 60% o 70% correspondía a Galicia), eran muy pocos y en
un mercado muy localizado. Si había una crisis en un mercado
determinado, las consecuencias podían ser muy graves, lo
que nos llevó a pensar que debíamos ampliar los mercados
para diversificar los riesgos", añade.
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Necesidad de una estrategia
Si tuviéramos que buscar una palabra para resumir los primeros
pasos de la bodega en el exterior, ésa sería, sin duda,
tenacidad. "Nos apuntábamos a todas las misiones comerciales,
a todas las ferias que había, y empezamos a recorrer el
mundo con nuestras botellas de vino debajo del brazo", subraya
Vázquez. Sin embargo, prosigue, pronto descubren la necesidad
de contar con una estrategia de internacionalización definida.
Es entonces cuando la bodega se incorpora al PIPE 2000,
un programa que lo que hizo fue "ayudarnos a pensar: uno,
por la metodología del plan, y, dos, por el hecho de venir
una persona de fuera, que tiene una visión de los negocios
y de lo que es la internacionalización distinta de lo que
para nosotros representa el día a día". Según explica el
director general de la bodega, la aplicación de un método
les permitió seleccionar adecuadamente sus mercados y los
canales más convenientes para introducirse en ellos. "Tenemos
recursos muy limitados, somos pequeñas empresas con un producto
muy diferenciado, y eso requiere una determinada estrategia,
que será de concentración, de diversificación, etc. En el
caso del vino, lo que hay que hacer es elegir muy bien la
distribución: tiendas especializadas, vinotecas..., y saber
cómo relacionarte con los prescriptores, que son los que
imponen una determinada moda", comenta.
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