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¿SABÍA USTED?
Caracol, col, col


Sin duda, en el imaginario colectivo, permanece imborrable un recuerdo de la más tierna infancia: capturar a un sufrido caracol y cantarle, a voz en grito, que deje relucir su cornamenta ante la llegada del buen tiempo. La letra de esta popular tonada, respetando sus variantes locales, dice así: “Caracol, col, col, saca tus cuernos al sol, que tu madre y tu padre ya los sacó…”. Inocentes de nosotros, pocos imaginábamos que buena parte de aquellos pacientes ejemplares terminarían en los estómagos de más de uno. Porque, con más de 16.000 toneladas de estos moluscos gasterópodos al año, España es uno de los principales consumidores de este peculiar alimento, cuyo ingesta se concentra en el área mediterránea y buena parte del Sudeste Asiático. Sin embargo, el aprovechamiento de este animalito cuenta con más fines que el meramente gastronómico. La baba de caracol, ese remedio tan común tras una caída en un mato de ortigas, se ha convertido en un preciado guardián de la eterna juventud cuyo empleo en cremas y demás potingues es ya moneda corriente.

José Melero Abadía, guiado por una corazonada, decidió dedicarse a su pasión, la helicicultura, Y, hasta la fecha, su firma, Helix Exea, que funciona casi a modo de cooperativa con 32 empresas integradas, ha entendido a la perfección el complejo universo de los caracoles, logrando imitar en cautividad su hábitat natural, además de hacerse eco de buena parte de sus costumbres, menos la de avanzar a su mismo paso. Su mayor éxito radica en la estandarización de su modelo de cría que ha exportado hacia Latinoamérica, donde esta peculiar ganadería también cuenta con un gran número de adeptos, ¡tiene babas la cosa!
ROSA ANTUÑA SIMÓN