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Parece lógico pensar que el segundo país más grande del mundo, y miembro del selecto club de las siete naciones más desarrolladas del planeta, posea una red de transportes y comunicaciones adaptada a su extensión geográfica y a las necesidades de su población. Y, sin embargo, Canadá ostenta un asombroso déficit de infraestructuras, propiciado por la falta de inversión pública desde finales de los años 70, a causa de la ralentización de la economía y de la precaria situación de las finanzas públicas.
Conscientes de esta situación, las autoridades canadienses se han puesto manos a la obra: en julio de 2007, el Gobierno federal presentó un nuevo plan de infraestructuras denominado Building Canada, con una inversión prevista de más de 33.000 millones de dólares hasta 2014. La inversión pública se complementa con otros proyectos en asociación con el sector privado: los denominados PPP –public private partnerships- están en auge porque “protegen a los contribuyentes del riesgo y permiten desarrollar proyectos innovadores y efectivos en costes y en tiempo”, a juicio de Jennifer Davies, directora de comunicación de Partnerships BC.
Una de las peculiaridades del mercado canadiense es que las provincias tienen las competencias en materia de infraestructuras: “La mayor parte de los proyectos dependen de organismos provinciales, que son los responsables de los concursos”, explica Enrique Fanjul, consejero jefe de la Oficina Económica y Comercial de España (Ofecomes) en Ottawa. “En cada caso hay que ver cuál es el organismo relevante y cuál es el procedimiento establecido. No hay unas normas unificadas para todo Canadá”. Así, las principales provincias han puesto en marcha sus propias agencias de promoción de proyectos.
Carreteras y hospitales
Estas provincias, junto con Alberta, albergan 9 de las 10 ciudades más grandes del país y aproximadamente el 85% de la población de Canadá; son, por tanto, las regiones con más potencial para el desarrollo de grandes proyectos. En infraestructuras de transporte, las principales oportunidades están en carreteras, pero hay otros sectores en auge: “Están proliferando las concesiones para la construcción de escuelas y de infraestructuras hospitalarias, las de mayor envergadura, en Québec”, cita Fernando Gutiérrez de Vera, presidente de la comisión de concesiones de la Asociación de Empresas Constructoras de Ámbito Nacional (SEOPAN).
En Québec y en British Columbia es donde el modelo de concesión pública a través de PPP está más avanzado. Si bien, cada provincia establece sus propios procedimientos para las licitaciones, en todos los casos subyacen unos requisitos mínimos: “Se valora la experiencia en este tipo de proyectos, la capacidad técnica de la empresa y la solvencia económico-financiera”, enumera Enrique Fanjul. Fernando Gutiérrez de Vera, añade: “También influye positivamente el hecho de haber realizado proyectos anteriormente en el país, haber cumplido las obligaciones contractuales y que la empresa tenga una estructura in situ”. Y apostilla: “Las empresas españolas ya tienen un prestigio y esto es importante a la hora de ganar una concesión. Ahora mismo somos los número uno del mundo en el sector”.
Socios necesarios
Las empresas españolas suelen concurrir a las licitaciones como contratista general. Por lo tanto, deben proveerse de socios que puedan llevar a cabo el diseño, la construcción y el suministro de servicios, como explica Enrique Fanjul: “Las empresas canadienses tienen mucho que ofrecer en estos ámbitos. Suelen estar muy especializadas y tienen la capacidad técnica y el conocimiento del mercado necesario, pero no el tamaño para asumir la responsabilidad de un proyecto de envergadura. A su vez, las pocas empresas locales que sí tienen la capacidad para liderar un proyecto como contratista también son socios potenciales”.
Sin embargo, a juicio de Isabel Hernández, directora del área de Norteamérica de ACS, “en ocasiones no resulta sencillo encontrar empresas canadienses a las que poder asociarse, que cuenten con un tamaño adecuado y con una estructura de negocio semejante a la nuestra”. De ahí que en Canadá cobre especial importancia la participación internacional, como corrobora Jennifer Davies, de Partnerships BC: “Debido al tamaño de mercado relativamente pequeño de Canadá, las empresas extranjeras son bienvenidas, es más, son necesarias para el éxito de estos proyectos”.
La participación internacional no tiene por qué limitarse a las grandes constructoras, ya que las obras de infraestructura pueden generar oportunidades para empresas más pequeñas: “Lógicamente ayuda que las constructoras que acometan el proyecto sean españolas porque siempre pueden arrastrar a otras empresas nacionales como suministradoras de bienes y servicios”, reconoce Gutiérrez de Vera, de SEOPAN. “En una gran obra civil, el porcentaje de bienes y servicios que se importan está en torno al 20%; en edificación de hospitales puede llegar al 40% porque además de construirlo hay que equiparlo”.
De todas formas, Enrique Fanjul matiza: “Es difícil que las empresas españolas puedan competir con las locales en suministros para la construcción propiamente dichos. Más bien las oportunidades pueden surgir para empresas muy especializadas en las áreas de diseño, ingeniería y servicios de gestión de infraestructuras. En este caso, lo recomendable es que trabajen con las grandes empresas con las que colaboran habitualmente en España, más que buscar directamente socios locales”. Aun así, Antonio de Santiago, de Cintra, no quiere dar falsas esperanzas: “La distancia geográfica y los distintos estándares de construcción pueden resultar una barrera muy importante”.
Documentación
Participación española en proyectos PPP de infraestructuras en Canadá
Ed. Oficina Económica y Comercial de España en Ottawa, 2008, 52 págs; en español
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