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El ser humano nace, crece, se reproduce, muere y... contamina. En los periódicos, telediarios y documentales se nos advierte constantemente de esta afición, cada vez más nuestra, de generar basura. Hasta muertos. Sin embargo, hay empresas que se devanan los sesos por conseguir que esto no sea así y ofrecen soluciones para que nuestros mares no se conviertan en depósitos de los restos mortales de nuestros seres queridos y de sus correspondientes urnas.
Porque, desengañémonos, a nadie le hace gracia volver a casa con una urna y buscarle una ubicación. En la mesa del salón no queda bien, junto a la ventana se ve demasiado y como florero es un poco grande... Así, ante esta situación, optamos por la solución más cobarde: arrojar de manera impune el recipiente y su contenido a nuestras tan maltratadas aguas.
Menos mal que este último punto ha sido resuelto de forma brillante por Marcs Urnas Bach,empresa con una clara vocación de ofrecer novedades, en un sector como el de las pompas fúnebres, poco propenso a los cambios. Para aquellos que se animen a la incineración, la compañía presenta sus dos productos estrella: bien el cuadro-urna, ideal para aquellos que quieran conservar una imagen y las cenizas de sus familiares, o bien la urna Ecosal, un columbario de sal de gema que se deshace en 40 minutos y no contamina.
Ya se decía en la Biblia: “Polvo eres y en polvo te has de convertir”. ROSA ANTUÑA SIMÓN
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