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CALIENTE, CALIENTE
El Protocolo de Kioto
 La oportunidad de Kioto: áreas calientes


El período de cumplimiento del Protocolo de Kioto empieza el 1 de enero de 2008. Hasta ahora toda la actividad realizada ha constituido una fase de prueba y ajuste, aunque ha permitido a algunas empresas tomar una posición de liderazgo en lo que promete ser acicate y punto de no retorno para el desarrollo de tecnologías limpias.

“Como todos los temas nuevos que arrancan hay su período de ajuste y estamos pasando ya ese período y entrando en una etapa más consistente en términos de generación de proyectos, generación de emisiones y entendimiento entre todas las partes”, se ve obligado a recordarnos Eduardo Dopazo, gerente del Fondo Español del Carbono en el Banco Mundial.

El Protocolo de Kioto prevé distintos instrumentos para que los países signatarios puedan alcanzar sus objetivos. Son los llamados mecanismos de flexibilidad que funcionan en una doble dirección: por un lado facilitan a los países desarrollados y a las economías en transición el cumplimiento de sus compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI); y, por otro, respaldan el crecimiento sostenible de los países en desarrollo a través de la transferencia de tecnologías limpias. Los mecanismos de flexibilidad son tres: el Comercio de Emisiones (CE), el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) y el Mecanismo de Aplicación Conjunta (AC) (ver Glosario). Los dos últimos están basados en proyectos.

La génesis del proyecto
Un proyecto Kioto reposa en última instancia en una metodología, que fundamentalmente establece una serie de pasos por los que probar que el proyecto en efecto evita o elimina un cierto número de emisiones en relación a una línea de base definida como aquellas emisiones que llegarían a la atmósfera si se utilizara tecnología convencional, y a este principio se denomina adicionalidad.

La intención de conseguir la más amplia difusión de metodologías para poder generar la mayor cantidad de proyectos justifica que todas las metodologías aprobadas por la ONU sean de dominio público y excluye que llegue a plantearse el establecimiento de un sistema de patentes. De establecerse, considera Regina Pálla, responsable de la Unidad de Calidad y Desarrollo Sostenible de COFIDES “se pararían las inversiones en los países en desarrollo y se llegaría a lo que se ha tratado de evitar: que los países en desarrollo sigan creciendo a pesar de que tengamos un problema de contaminación”.

El hecho de que todo el conocimiento resultante de la investigación y desarrollo sea un bien público encierra el riesgo de desincentivar la necesaria inversión de las empresas por temor a no poder retener la totalidad de los beneficios, y de esto alerta ya el Informe Stern, elaborado por encargo del Gobierno británico en 2006.

La aprobación del proyecto
Cualquier proyecto antes de ser sancionado como proyecto Kioto capaz de generar créditos
de carbono, sufre un minucioso examen por parte de la Junta Ejecutiva. Previamente –señala Alejandro López-Cortijo, director de la oficina en España de Ecosecurities - tiene que haber recibido “una aprobación por parte de la Autoridad Nacional Designada (AND) del país anfitrión y, si la inversión viene desde una empresa española, la española ha autorizado a su vez a esa empresa a que haga esa inversión”. Tres aprobaciones independientes son necesarias para otorgarle el rango Kioto a un proyecto, garantía de su efectiva reducción de emisiones.“Luego viene una empresa a certificar cuántas (cada año se hace una auditoría) y Naciones Unidas emite tantos certificados a nombre de la empresa como Tm de CO2 equivalente haya reducido”.

Estos certificados constituyen los créditos de carbono que la empresa con obligaciones de cumplimiento añade a su cuenta abierta en el RENADE o registro nacional equivalente o bien, al igual que aquella sin obligaciones, puede negociar en las diferentes bolsas del carbono.

Las empresas energéticas españolas con presencia internacional han sido las primeras en utilizar esta adicionalidad para impulsar proyectos que antes no eran rentables, “pero ahora son empresas locales las que conciben el proyecto y vienen a venderlo, una vez tienen el proyecto, a empresas de países desarrollados. Estos proyectos atraen financiación, crean empleo, favorecen el desarrollo sostenible y, en definitiva, conllevan la construcción de nuevas instalaciones, y por ello las empresas españolas van a tener cada vez más oferta de proyectos promovidos por los países anfitriones”, augura José Luis Tejera, director de Desarrollo Estratégico y Corporativo de AENOR.

Mirando al futuro
Habrá proyectos para todos los gustos de actividad y en todas las regiones del mundo. “El Protocolo de Kioto existirá siempre, a lo mejor con otro nombre, pero las medidas permanecerán. Estará mejor, no habrá tantos errores estructurales, entrarán otros sectores como la aviación o el sector químico, será mundial y más eficiente”, se muestra convencido Javier Tordable, socio fundador de Sendeco2, la bolsa de carbono de referencia en el Mediterráneo.

“Tenemos la convicción de que el proceso se va a profundizar después de 2012, va a haber la necesidad de hacer esfuerzos más grandes de reducción, de exprimir mucho el jugo de nuevas tecnologías y acelerar el proceso de transferencia de muchas de esas tecnologías a los países en desarrollo”,  explica Eduardo Dopazo: “Quien espere al 1 de enero de 2013 para ver qué pasa, perdió el tren. Quien no quiera asumir un riesgo ahora no puede lamentarse luego en el 2013”.