A 1 de
enero de 2002, la flota mercante de transporte de pabellón
español estaba integrada por un total de 204 buques, a los
que habría que sumar los 188 del Registro
Especial Canario, que continúa aumentando su cuota de
captación de buques.
Buena parte
de las incorporaciones corresponde a buques de nueva construcción,
pero la edad media se sitúa en torno a los 18 años,
que, a pesar de ser similar a la media mundial, es objetivamente
elevada.

Durante el ejercicio
fiscal 2002, las navieras españolas pudieron aplicar un régimen
especial de tributación que no depende de sus beneficios,
sino del tonelaje de sus flotas. Es el llamado Tonnage Tax.
“Esta medida fiscal es muy importante” señala
el informe Marina
Mercante y Transporte Marítimo (2001-2002) de la Asociación
de Navieros de España (ANAVE). Para el presidente de
la organización, Alfredo Pardo, “es un valioso instrumento
para fomentar la inversión en el sector naviero, especialmente
al no quedar gravadas las plusvalías derivadas de operaciones
de compra-venta de buques”.
La UE y la corta distancia
La Unión
Europea aspira a que el transporte sea un instrumento eficaz para
un desarrollo económico sostenible en Europa a medio y largo
plazo y en su Libro
Blanco, emplaza a tomar decisiones para alcanzar este objetivo.
“El transporte
por carretera no debería seguir creciendo al mismo ritmo
durante los próximos 20, porque ello conducirá inevitablemente
a una saturación de las infraestructuras”, es la tesis
fundamental de este documento.
Los Estados
miembros de la UE están interesados en facilitar el crecimiento
del llamado transporte marítimo de corta distancia o Short
Sea Shipping (ver glosario), que no es otra cosa que el tradicional
cabotaje, pero ahora integrado en las modernas cadenas logísticas
multimodales.
“Un 70%
del tráfico de carretera podría utilizar el SSS”,
declaraba en octubre último José Francisco Vidal,
director general de la recién creada Asociación Española
de Promoción del Transporte Marítimo de Corta Distancia.
La publicación
electrónica Tylog
se hacía eco recientemente de los planes de “un importante
grupo logístico español”, para establecer una
novedosa red de transporte. El plan consiste en “diseñar
una serie de corredores de transporte ferroviario o por camión
a través de Europa que desembocarían en los puertos”.
¿El fin del monocasco?
Por otro lado,
el accidente del petrolero Prestige ha forzado a la UE a adelantar
para 2004 la prohibición de buques monocasco en el espacio
comunitario. Según las estimaciones de los expertos, de los
5.000 barcos que operan en aguas comunitarias sólo 1.500
disponen en la actualidad de doble casco. En España existen
19 buques con pabellón nacional que se dedican al transporte
de crudo y derivados, más otras ocho naves con bandera de
conveniencia.
Aunque las compañías
y la Asociación de Navieros de España (ANAVE) prefieren
no hacer público el porcentaje de esta flota que deberá
reciclarse, es muy probable que cerca de la mitad de nuestra flota
petrolera deba salir de circulación.
El problema
es que el comercio exterior de productos petrolíferos se
lleva a cabo, casi en su totalidad, por vía marítima.
A los evidentes problemas de suministro que podría ocasionar
la normativa y el casi seguro repunte de los fletes que acarrearía,
se añade una complicación: obligar a las navieras
a renovar anticipadamente la flota haría sucumbir a más de una. Esta realidad hace calificar a muchos de técnicamente
imposible la retirada de los monocasco en el plazo que impone la
UE.
En el último
Cuaderno profesional marítimo que edita mensualmente ANAVE,
la organización asegura: “En el mundo hay 163 países
con intereses en el transporte marítimo, cada uno con sus
propias prioridades nacionales”. De ahí que resulte
tan difícil llegar a acuerdos en un organismo legislativo
internacional y, más aún, aprobar un ejecutivo internacional
para hacer cumplir las leyes.
Desde mediados
de la década de los 60 se han elaborado convenios internacionales
que abarcan desde la construcción y el mantenimiento de los
buques para preservar la seguridad de la vida en el mar hasta los
regímenes de descansos de las tripulaciones. Sin embargo,
hay países que no ratifican los convenios y otros que lo
hacen, pero no asignan medios para hacerlos cumplir. Ahí,
señala el estudio, están los agujeros del sistema.
(En la edición
en papel de El Exportador se puede consultar datos sobre las autoridades
que regulan el sector marítimo, los registros de buques y
los convenios que rigen el derecho marítimo internacional.)
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