“En
los últimos 50 años y por primera vez en la historia
ha tenido lugar un cambio crucial: el crecimiento de las exportaciones
de mercancías ha superado al de la producción mundial”,
apunta Jean-François Bourque, consejero del International
Trade Centre (ITC).

Sólo
entre 1990 y 2001 las exportaciones mundiales crecieron un 6%, mientras
que la producción lo hizo un 2,4%.
Y dentro de este incremento
de los flujos comerciales, la mayor parte se realiza bajo la modalidad
de transporte marítimo: entre un 75 y un 80%.
Según
el anuario
estadístico de 2001 del organismo Puertos
del Estado, en España el 59% de las exportaciones y el
82% de las importaciones de ese año salió y entró
por mar. Una primacía que se explica por la mayor capacidad,
bajo coste y flexibilidad de uso de este tipo de transporte en comparación
con el terrestre y el aéreo.
Y eso que la ralentización de la economía mundial
en 2001, agravada por los atentados del 11 de septiembre, provocó
un estancamiento en la demanda de transporte marítimo. Las
cifras hechas públicas en diciembre de 2002 por la Conferencia
de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) señalan
que el comercio mundial por mar se contrajo un 1% en 2001 después
de 15 años de aumentos consecutivos.
Los puertos y las actividades logísticas
Las cifras relativas
al volumen de exportaciones e importaciones que emplean para el
transporte el medio marítimo vienen a confirmar la importancia
de la que goza en nuestro país este tipo de tráfico
y, por ende, el sistema portuario.
La transformación
que ha tenido lugar en el transporte marítimo no ha dejado
al margen a los puertos. Los grandes puertos españoles (Algeciras,
Valencia, Barcelona, Bilbao) se han convertido (o están en
camino) en grandes centros de actividades logísticas. El
presidente de Puertos del Estado, José Llorca, destacaba
en noviembre pasado el buen momento que atraviesa el sistema
portuario español.
Pero el sector se encuentra
inmerso en un proceso de transformación que ha encontrado
no pocas oposiciones. La Comisión Europea está promoviendo
la liberalización de los servicios portuarios con la idea
de terminar con lo que denomina situaciones de monopolio. De salir
adelante, esta directiva europea tendría su aplicación
en España con una modificación de la Ley de Puertos
que podría aprobarse en el primer trimestre de 2004.
La nueva reglamentación
supone un cambio sustancial respecto a la actual legislación.
Además de la libertad de acceso a la prestación de
servicios, los servicios portuarios básicos dejan de ser
de titularidad de la autoridad portuaria.
Según
Llorca, los puertos españoles ya están preparados
para “desarrollarse como cualquier sector económico”.
El contenedor
Para Fernando
González Laxe, catedrático de Economía Aplicada
de la Universidad de
La Coruña, los cambios en los procesos de producción,
distribución y consumo han dado lugar a una era de globalización
marítima en la que se aprecian dos características
propias:
- En el aspecto
técnico, la aparición de los servicios puerta a
puerta y la concentración de éstos para garantizar
seguridad a la carga, y rapidez y productividad en los procesos.
- Desde el
punto de vista económico, la búsqueda de un abaratamiento
de los costes, mejora en la manipulación de la carga y
facilitación de los procesos administrativos y de información.
El gran invento
de esta nueva era del comercio marítimo es el contenedor.
El movimiento mundial de contenedores en los puertos aumenta a un
ritmo del 15% anual y las previsiones apuntan a un fuerte crecimiento en los tráficos del transporte marítimo, fundamentalmente
en lo que respecta a la carga en contenedores.
“El contenedor
ha admitido la masificación y ha facilitado la estandarización”,
apunta el economista gallego. En otras palabras, el contenedor ha
democratizado el comercio internacional.
Cómo operar
Para enviar los
productos por vía marítima, en función de la
mercancía a transportar, existen dos modalidades claramente
establecidas: fletamento y línea regular.
- Cuando se
trata de embarque de graneles o de grandes volúmenes que
implican la utilización de un buque en su totalidad o de
gran parte del mismo, debe acudirse al mercado de los buques tramp
(ver glosario) y efectuar un fletamento.
Es, por ejemplo, el sistema que utiliza Cepsa con la Naviera Fernández
Tapias S.A.
- La mayoría
de las empresas exportadoras, por el volumen y características
de las mercancías, utiliza los servicios de línea
regular, que establecen rutas fijas entre las
distintas zonas geográficas y un calendario de salidas
y llegadas que permite programar las exportaciones. Normalmente,
el transportista, que lo mismo puede ser el armador que el fletador,
tiene una red de agentes o consignatarios en los puertos (Naviera
del Odiel S.A. es agente consignatario de Transatlántica
Española S.A., por ejemplo). Es el consignatario, en representación
del armador, quien realiza todas las gestiones necesarias para el despacho documental frente a las autoridades locales,
aunque sus responsabilidades son limitadas en lo que se refiere
al incumplimiento de sus representados.
“A la
hora de elegir un transportista, además de la cotización recibida, tenemos en cuenta la experiencia anterior con
el proveedor”, asegura María Vera-Fajardo, directora
del Departamento de Marketing y Comunicación de EGA Master.
Si bien las
autoridades portuarias fijan unas tarifas por el uso de sus instalaciones,
que afectan tanto a los buques como a las mercancías, las
compañías navieras o conferencias de fletes (ver glosario)
son las que deciden qué importes repercutirán en el
usuario y cuáles no. Eso es lo que hace que unos precios
sean más competitivos que otros.
Hay que recordar que
“las condiciones de los fletes se refieren exclusivamente
al importe del transporte acordado con el operador/armador y no
a las condiciones de compra/venta de las mercancías”,
explica Joseph Baena en su manual de formación Transporte
Internacional.
El buque cobra el flete
base por cada tonelada o metro cúbico de mercancía
transportada. La decisión de si es por un concepto o por
otro la toma el armador, siempre a su conveniencia.
¿Y quién
paga la factura? ¿El que compra o el que vende la mercancía?
La respuesta está en los Incoterms,
los términos de comercio internacional desarrollados por
la Cámara
Internacional del Comercio (CCI), que además de detallar
en qué punto se realiza la entrega de la mercancía
especifican qué costes debe asumir el vendedor y cuáles
el comprador.
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