En
el último lustro se ha producido un relativo auge de lo que
los críticos musicales han venido a llamar música
étnica. Conforme han ido pasando los años, ha sido
más frecuente encontrar en las listas de éxitos artistas
y grupos que, con hondas raíces en diferentes culturas, han
venido a constatar que muchas cosas están cambiando en el
panorama musical español. Pero en 1994, el mercado español
del disco apenas conocía a artistas que no fueran los promocionados
por las grandes multinacionales, siendo residual, al igual que otras
variedades musicales, la presencia de ese producto de raíces
tradicionales que se ha venido a denominar como étnico. Pese
a ser uno de los países que aún conservan de manera
más celosa su variado acervo cultural folclórico,
lo cierto es que la etiqueta músicas del mundo no decía
nada a quien no estuviera sumergido en su ambiente. En España
apenas se conocían las andanzas creativas de Vainica Doble
o de cantautores que, como José Antonio Labordeta, bebían
en las fuentes tradicionales de las regiones a las que pertenecían.
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Equipo
de la discográfica Nubenegra |
Justo en el
momento en que comienzan a arribar a España muchos ciudadanos
de otros continentes, entre ellos, muchos músicos, Manuel
Domínguez, consciente de la necesidad de dar a conocer una
serie de artistas que empiezan a disfrutar de cierta (aunque mínima)
repercusión en España, crea Nubenegra, un sello discográfico
independiente cuyo leit motiv es la distribución,
edición y producción de músicas de culturas
íntimamente relacionadas con lo hispánico. Así,
con músicos extranjeros pero relacionados con España,
bien por su pasado directamente ligado a la antigua metrópoli,
como es el caso de los procedentes de Cuba, Venezuela, Sáhara
Occidental o Guinea Ecuatorial, bien por pertenecer a áreas
en permanente contacto con la cultura española, comienza
su andadura musical Nubenegra.
Con un catálogo
que fue ampliándose progresivamente hasta llegar a la cincuentena
de títulos, esta empresa madrileña con vocación
mundial ha prestado desde sus orígenes especial atención
a las músicas “abiertas y plurales, con raíces
en la tradición popular pero determinadas por su plena actualidad
y la capacidad creativa de sus autores”, según declara
Ana Beltrán, responsable del departamento editorial de la
compañía madrileña. En la nómina de
artistas y creadores de Nubenegra, que se inauguró con La
Vieja Trova Santiaguera, el hoy ya popular quinteto de son cubano,
podemos encontrar nombres que ya tienen su sitio en el duro mercado
discográfico, como Gema y Pável, representantes de
lo que vino a llamarse Novísima trova cubana, la exitosa
Omara Portuondo o las famosas Hijas del Sol. A ellos, a los que
aún están en la compañía y a los que
emigraron a las multinacionales con posterioridad, con los años
se les vinieron a unir músicos y bandas como Bidinte, Septeto
santiaguero, Seydu, Mujeres saharauis o los españoles Luis
Delgado y María Salgado, entre otros.
La experiencia
de Nubenegra, que algunos encasillaron en sus comienzos como sello
de música cubana, dada la amplia nómina de artistas
de esa procedencia, vino a afianzarse con dos pilares fundamentales:
las antes citadas Hijas del Sol, de gran repercusión entre
el público español y con quienes se abría la
nómina de artistas nacidos en África, y la difusión
de jóvenes y reputados valores nacionales que aunaban nuevas
tendencias con la canción folk tales como Mestisay,
Uxía, Imanol o la ya citada María Salgado. “Nosotros
apostamos desde el principio por la calidad el talento, valores
intangibles pero presentes en músicas que entonces no eran
conocidas”, señala Ana Beltrán. Con el tiempo,
nuevos artistas africanos, asiáticos e hispanoamericanos
se han unido al proyecto discográfico y la presencia de Nubenegra
en las ferias internacionales más importantes del sector
como WOMEX o la más conocida para el gran público,
MIDEM, ha sido constante y destacada.
Salir al exterior
Nubenegra, en
su triple vertiente de productora discográfica, gestora de
los derechos de autor de sus artistas y promotora de conciertos
y contratación, ha trabajado siempre con el objetivo de “dar
a conocer a gente en la que creemos” y una vocación,
lograr acceder a mercados en los que este tipo de música
está afianzado para así exportar el talento musical
que contiene su ya amplio catálogo de músicos. La
discográfica siempre ha considerado que la clave de su proyecto
empresarial radica en “trabajar con el talento de los artistas,
en un sector que no es de masas y que no cuenta ni con la promoción
ni con la aceptación de otros productos musicales mucho más
comerciales”, añade Ana Beltrán. Por ello, la
mejor tarjeta de visita para salir al exterior ha sido participar
en las principales ferias internacionales del sector, como la citada
WOMEX, como trampolín para gestionar y llevar a cabo la dura
tarea de promoción mediante la celebración de encuentros
y conciertos de los artistas. Es decir, conseguir de esta forma
que esas experiencias sean su particular caballo de Troya para asentar
a sus artistas en la escena internacional e introducirse en mercados,
como el francés, el inglés o el centroeuropeo, en
los cuales estas músicas son algo más que un producto
de minorías. Como fruto del trabajo de promoción de
sus artistas, Nubenegra ha conseguido firmar acuerdos de licencia
y distribución de su catálogo en los mercados más
importantes: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, y países
en los que existe una gran aceptación hacia el sector musical
al que ha consagrado su actividad productora “aunque Francia
es un caso aparte por su política de cuotas a la presencia
de productos culturales extranjeros”. Gracias a esos contratos
de distribución, el sello madrileño ha logrado que
la obra de sus artistas aparezcan en películas, televisión
e, incluso, en diferentes documentales de National Geographic.
“Desde
un principio fuimos conscientes de que nuestra viabilidad empresarial
estaría estrechamente vinculada a poder traspasar fronteras,
ya que los costes de producción y edición exigen un
cierto volumen de ventas”, puntualiza Ana Beltrán.
Y, por supuesto, la presencia de los artistas del sello ha sido
una constante en ferias del sector y giras internacionales, cosechando
en sus conciertos favorables críticas y una notable repercusión.
El mejor ejemplo es La Banda Negra, un proyecto musical nacido al
calor del Plan PIPE en el que diferentes músicos africanos
del catálogo artístico de la compañía
se unían para tocar su música en una original forma
de promoción de sus propias obras individuales.
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