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Nuevos modos, viejas costumbres
La estabilidad política y económica que vive Marruecos
y su situación
estratégica hacen de este país un interesante
destino para la inversión extranjera. Es más, el
proceso de liberalización en el que está inmersa
su economía, iniciado a principios de la década
de los 90, cuenta con algunos hitos
significativos.

Estas circunstancias
han llevado aparejada la necesidad de crear las condiciones adecuadas
para que el sector privado asuma el papel de motor de la inversión,
convirtiéndose así el capital extranjero en el elemento
clave de esta estrategia. Para su captación se ha desarrollado
un marco legal con incentivos y garantías al inversor extranjero,
iniciándose un sistema que tiende a la simplificación
de los trámites y mecanismos existentes.
Así,
el Instituto Español de Comercio Exterior, a través
de su División de Inversiones y Cooperación Empresarial,
ha elaborado un manual práctico sobre la mejor forma de
abordar el mercado marroquí. El estudio, que recoge 52
preguntas y respuestas, ha sido realizado por Ana González
Fontaíña, coordinadora del Foro de Inversiones y
Cooperación Empresarial Hispano-marroquí, que se
celebró en Tánger el pasado mes de octubre (ver
El Exportador nº 48).
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Luces, pero también sombras
Para sacar
el máximo provecho a las ventajas que ofrece Marruecos
al inversor extranjero, éste tiene que prever y solventar
una serie de escollos que conviene tener presentes:
- El funcionamiento
de su administración que, en líneas generales,
adolece de una excesiva burocracia, y de la justicia, que muestra
ciertas deficiencias.
- La escasez
de terrenos industriales acondicionados.
- El elevado
coste de la energía, el transporte y las comunicaciones.
- La falta
de cualificación de la mano de obra.
- El bajo
poder adquisitivo de la mayor parte de la población.
Junto con
las medidas que está tomando el Gobierno marroquí
para paliar en la medida de lo posible estos obstáculos,
el
Acuerdo de Asociación de Marruecos con la Unión
Europea, en vigor desde marzo de 2000, ha puesto en marcha
un proceso de desarme arancelario. El caso de los productos agrarios
es uno de los temas
espinosos. Y es que la agricultura supone entre un 15% y un
20% del PIB marroquí.
Entonces,
¿cuáles son los sectores de mayor interés
para la inversión extranjera? Todas aquellas actividades
en las que el uso
de la mano de obra sea intensivo pueden compensar las limitaciones
derivadas de otros factores.
Tomada la
decisión de invertir, el siguiente paso será decidir
si fabricar para exportar o para el mercado local, sin excluir
en ningún caso abarcar ambas vías. Todo ello sin
perder de vista un elemento importante en la idiosincrasia marroquí:
el tiempo. En general los plazos se alargan, por lo que hay que
hacer previsiones con un margen de maniobra suficientemente amplia.
>> Regulación de inversiones
La llamada Carta
de Inversiones -Charte de l'Investissement-, en vigor
desde enero de 1996, es la norma que fija los objetivos del Estado
en materia de promoción y desarrollo de la inversión
hasta 2006.
Existe un
número limitado de sectores en los que está restringida
la entrada de capital extranjero:
- Aquellos
en los que el Estado ostenta el monopolio: minería, energía
y agua.
- Las explotaciones
agrícolas, donde se da la posibilidad de arrendamiento
a largo plazo.
- La pesca,
que ha de contar con una participación mínima
del 50% de personas físicas marroquíes.
Respecto a
las posibles ventajas de tener un socio local, se advierte en
el informe que no hay que dejarse arrastrar por el mito de que
es necesario tener contactos para hacer negocios en Marruecos.
Pero si uno se asocia, sí que ha de tener en cuenta una
serie de costumbres culturales:
- la estrategia
de negociación ha de contemplar el regateo,
- es muy
difícil obtener respuestas concretas a preguntas precisas.
Aun así,
el inversor extranjero no debe dejarse guiar por tópicos.
A la hora
de estructurar cualquier forma de inversión, resulta fundamental
la presencia de un asesor jurídico. También, es
conveniente saber que en los acuerdos de coinversión, el
hecho de contar con la mayoría de las acciones de una empresa
no siempre asegura el control
total en su gestión.
Otros dos
detalles importantes son la libertad para ampliar o reducir la
inversión, conforme a lo indicado en la normativa sobre
sociedades comerciales, y la posibilidad de transferir en todo
momento la propiedad de la inversión.
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