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>> Quince años dan para mucho
Simon Holding es hoy por hoy un gran entramado en el que se engloban
varias empresas dedicadas a la fabricación de pequeño
material eléctrico, productos de protección, de
domótica y de iluminación.

Además
de las ocho plantas repartidas por Cataluña, la compañía
cuenta ya con varias filiales en Marruecos, China, Portugal, Francia
y Brasil.
La implantación
en estos países se inició hará unos quince
años. "En esa época, una empresa familiar en
España, bien situada, lo que hacía era escarceos
con la exportación, empezar a conocer el mundo". En
un principio se confió en los distribuidores; la figura
de los profesionales locales es inherente a la política
de implantación de esta firma. "Necesitas a alguien
del país, alguien que conozca los hábitos y las
costumbres. El material eléctrico no viaja demasiado bien,
no viaja demasiado bien porque hay barreras muy importantes. Cada
país tiene sus propias normas. El distribuidor actúa
en este caso como una fuente de conocimiento", explica Xavier
Torra.
Así
funcionó durante unos ocho años. Se visitaban países,
se acudía a ferias, se contactaba con distribuidores y
paralelamente se iba creando un departamento de exportación
dentro de la empresa. Desde Sudamérica hasta el Pacífico
asiático, las ventas no se limitaron a determinadas zonas.
Sin embargo,
después de casi una década de tanteos, llega la
necesidad de algo más: "Un buen día nos damos
cuenta de que el un buen producto es muy importante, pero tan
importante o más es saber venderlo. Si una empresa quiere
expandirse tiene que aprender a comercializar". Los distribuidores
habían funcionado bien, pero ahora había que ir
más lejos. El lema que se adoptó entonces fue el
de estar en los países. "Estar no quiere decir vender,
estar quiere decir obtener personal propio, obtener implantaciones
propias, conocer cómo funciona el país, conocer
las costumbres y los circuitos de comercialización".
Con esta nueva
perspectiva era imposible abordarlo todo: "una empresa de
nuestro tamaño tiene que establecer prioridades y por ello
nos planteamos qué países nos interesaban de verdad".
La estrategia de comercialización no fue la de muchas otras
empresas, que automáticamente piensan en el mercado europeo:
"Los países industrializados cuentan con mercados
mucho más maduros, con empresas mucho más asentadas.
Las barreras son mayores porque las estructuras están muy
consolidadas con marcas muy arraigadas. Vimos que el mundo ofrecía
muchas más posibilidades y que podíamos expandirnos
por otras partes". El primer objetivo fue Marruecos, aunque
no se obviaron los mercados desarrollados más próximos.
"En Europa hay un par de países en los que tenemos
que estar, porque son cercanos, por proximidad geográfica
y por facilidad de abastecimiento. Montamos una sociedad comercial
en Francia y otra en Portugal, con vendedores propios, ya no distribuidores.
De esta forma podemos definir nosotros mismos la política
comercial dentro del mercado y no depender de que el distribuidor
venda nuestro producto".
Sin embargo,
y como decíamos antes, la figura del socio local es una
constante en la política de Simón. "No podemos
llegar a un país, bajar del avión y comprar cualquier
terreno. Necesitamos ayuda". Y aquí funciona la red
de contactos que la empresa había tejido en la primera
década de experiencias exportadoras. Xavier Torra utiliza
un símil muy característico para los socios locales:
"Es como un noviazgo. Requiere de unos años en los
que nos vamos conociendo y en los que vamos generando una relación
de confianza. Si las cosas funcionan, damos un paso más:
nos juntamos. Llegamos al matrimonio. Nuestras inversiones siempre
entran dentro de proyectos a largo plazo. No vamos con la intención
de llegar, vender y marcharnos. Son inversiones pesadas que conllevan
instalaciones de maquinaria y diseños de productos adaptados".
Igual que
en un compromiso matrimonial, en este caso las dos partes ponen
su granito de arena. "El socio local nos da el conocimiento
sobre las costumbres y la idiosincrasia del país y nosotros
aportamos, aparte de los recursos financieros, la teoría
comercial y los conceptos de comercialización que pueden
ser más generales. Montar una fábrica en Marruecos,
sin un socio marroquí que conozca cómo se contrata
a la mano de obra, que sepa lo que se puede pedir y lo que no
se puede pedir, nos puede llevar muchos más años
y seguramente cometeremos muchos más errores".
Con esta misma
política identificaron otros puntos estratégicos.
Después de Marruecos llegó China. "Hicimos
lo mismo que en el caso anterior, buscamos, viajamos, seleccionamos,
hablamos con gente de allí. Alcanzamos un acuerdo con un
socio de una muy pequeña empresa. Nos ha funcionado realmente
bien. De hecho, la red de ventas del país asiático
es la más grande que tenemos, incluso mayor que la de España,
y en el laberinto chino, si no tienes un socio que te lleve de
la mano, es muy difícil desenvolverse".
Más
tarde fueron Brasil y Argentina. Siempre con la misma idea, la
de estar en los países y compaginar la presencia local
con la de la empresa. Esto cambia el concepto tradicional de la
exportación: "Si me preguntas qué exportamos,
debo decir que no lo sé, lo que hacemos es una cifra de
negocio en el exterior. En las ventas finales, algunas piezas
han salido de España, mientras que otras se fabrican directamente
en el país de destino".
Siempre dentro
de esta línea, los siguientes proyectos se dirigen ahora
a México, "base para cubrir el mercado de América
central y del Caribe, y puerta también a Estados Unidos,
en el caso de que algún día queramos entrar",
y a Europa del este. "Desearíamos tener alguna base
operativa en esta zona en el plazo de uno o dos años. Por
un lado está la franja colateral al mercado común,
más parecida a la Europa occidental, y por otro lado queda
Rusia y otras ex repúblicas soviéticas como Ucrania.
Con el tiempo nos gustaría cubrir ambas áreas".
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