N.52
Abril 2002
 
 





     
Tras las huellas de ...  
  Primeros pasos  
  Actualidad del exportador  

 

La figura de un socio local ha jugado un papel importante en su expansión internacional

 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE… SIMÓN S.A.  


>> Y se hizo la luz...
Esta empresa de origen catalán ha crecido a lo largo de un siglo, demostrando una increíble capacidad de adaptación a través del tiempo y por encima de fronteras geográficas.

Xavier Torra

Al llegar a casa aprieto el botón de la pared, casi instintivamente, sin girar la cabeza, no miro donde pongo la mano. Se enciende la luz. Recuerdo las pequeñas clavijas de una casa construida hace décadas. Tenía que tantear hasta encontrar aquel saliente, una palanquita que tenía que empujar hacia arriba para dar la luz.

Ahora me fijo por primera vez en el interruptor cuadrado de ángulos redondeados. Y pienso en la pared de la oficina, justo al lado de la puerta. Me doy cuenta de las veces que yo he visto ese mismo objeto, que lo he pulsado. ¿Cuántas veces al día repito este ejercicio? Un nombre me viene a la cabeza: Simón.

Una de esas piezas que uno considera parte del mobiliario de la cotidianeidad, no parecen tener identidad. Sin embargo, reconozco la marca. Y soy incapaz de recordar otro nombre que yo haya visto en los interruptores.

Simón fabrica muchas otras piezas, pero sin duda esta compañía ha conseguido imprimir sus señas a través de estos pequeños elementos, cabeza visible de un conglomerado de enormes dimensiones y de larguísima trayectoria.

>> Del portalámparas a los magnetotérmicos
Olot, 1916. Arturo Simón Vibet trabaja como instalador. Son los años de la Primera Guerra Mundial. Reino Unido, Francia y Rusia, y más tarde Italia y Estados Unidos, se enfrentan a los grandes imperios centroeuropeos, Alemania y Austria-Hungría. Hay graves problemas de abastecimiento. Se paralizaban los suministros de productos procedentes de los países en conflicto.

Iniciativa. Si hay problemas en el suministro de piezas, habrá que fabricarlas aquí. Entonces se utilizaban portalámparas de bayoneta para la instalación de bombillas eléctricas. Pero escasean, y Arturo Simón -don Arturo- se pone manos a la obra para fabricar estos pequeños elementos con forma de rosca.

Un viajante pasó por la capital de la comarca de La Garrotxa. "Le gustaron los portalámparas del señor Simón, pensó que podría vender unos cuantos. Con el tiempo volvió. Había vendido muy bien aquellas primeras piezas y quería comprar una nueva partida", relata Xavier Torra, director general de la compañía. Así nacía una empresa.

Durante los años de la gran guerra el negocio fue bien. A partir de 1919 las cosas se ponen difíciles. Las ventajas de la neutralidad de España durante la contienda se diluían al tiempo que la economía del continente recuperaba cierta normalidad. Entonces los únicos tres trabajadores de la compañía fabricaban los tornillos de forma artesanal. Dos de estos tres trabajadores no eran otros que Arturo Simón y su esposa, María Dolores Borrell.
Trabajo duro y una mente abierta. Esta actitud ayudó sin duda, ya no sólo a la subsistencia de la empresa, sino también al desarrollo de la misma.

Para hacerse una idea. Estamos en la década de los años veinte y el artesano gerundense emprende la mecanización de su pequeño taller. Instala prensas y tornos que agilizan la fabricación. Va más allá. Importa la porcelana, material utilizado entonces en los portalámparas, de países como Alemania, Checoslovaquia o Portugal. Viaja a donde haga falta y no se detiene aquí.

Si los portalámparas se venden bien y tenemos el material, fabriquemos también otros componentes eléctricos, debió pensar entonces. Enchufes, brazos para el alumbrado doméstico e interruptores.

Simón tenía ya marcadas las pautas de su trayectoria con los rasgos que definen a la empresa: espíritu emprendedor, capacidad de adaptación y posibilidad de respuesta ante las dificultades diversificando la producción.

En los años treinta hubo que afrontar graves crisis económicas, una incipiente nueva guerra mundial y un doloroso conflicto interno, la Guerra Civil Española. Cerradas las vías de la importación, don Arturo responde de nuevo con eficacia. Abre una nueva fábrica para autoabastecerse del material y no tener que importar la porcelana. Más aún, también se queda en casa la fabricación de maquinaria gracias a la incorporación a la empresa de los hijos del fundador, Ricardo y Pedro Simón Borrell, ingeniero el primero y mecánico experimentado el segundo.

Poco a poco la compañía se va moviendo hacia Barcelona, sin dejar de lado Olot, donde crecen las fábricas y las naves de producción. "Simón continuaba creciendo y en una ciudad como Olot llega un momento en el que se acaba la mano de obra. No queda más remedio que trasladar parte de la producción a Barcelona", afirma Xavier Torra. En los cincuenta la dirección de la empresa se instaló en un edificio de la calle Álava de la capital catalana, sin desvincularse nunca de su ciudad natal.

En los mismos años culmina el posicionamiento de la firma a la cabeza del sector español del pequeño material eléctrico, con la compra de su principal competidora. "En los cincuenta todavía era la segunda compañía del país, en los sesenta adquiere el liderazgo y para los setenta la posición ya queda establecida", señala el actual director general.

En 1966 se celebró el primer cincuentenario de Simón. Don Arturo, su fundador, había fallecido cinco años antes. La segunda generación continuó la trayectoria iniciada por él y al mismo tiempo supo transmitir su espíritu a sus continuadores. Diversificación. Compran IEP, empresa de iluminación pública, "con la que Simón se introduce en los aparatos de iluminación exterior, farolas e iluminación de las calles", apunta Torra.

Poco después firman un acuerdo con Siemens AG para la fabricación de interruptores magnetotérmicos. Estamos en 1972, año en que se trasladan las oficinas centrales y la dirección a la actual sede de la capital condal. Con el tiempo, otras empresas que se han ido adhiriendo al grupo o surgiendo de él son Major Mecánica, Elva o Cima Box, hasta conformar todas ellas lo que hoy se conoce bajo el nombre de Simon Holding.