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Exportar cooperación
En el mundo de los personajes de televisión, Epi
es bien conocido en España por su vida privada y
sus agrias polémicas con su inseparable compañero
Blas, pero en el mundo empresarial la fama internacional
de EPI se debe fundamentalmente a su dilatada experiencia
profesional en proyectos de ingeniería y consultoría.
Nicaragua, Rumania, Guatemala, Filipinas, Jordania, Túnez,
El Salvador, Mauritania, Palestina, Siria, Namibia, República
Dominicana, Bosnia, Venezuela, Senegal o Brasil son algunos
de los países beneficiarios de la iniciativas de
Eptisa Proyectos Internacionales, más conocida por
sus siglas EPI, una empresa que desde su creación,
en 1995, ha puesto en marcha más de 40 proyectos
de cooperación en países de cuatro continentes.
EPI
es una de las 20 empresas (15 en España más
la cinco filiales en el extranjero) que forman el Grupo
EP, una compañía que tiene su origen en 1956,
cuando el Banco Urquijo decide crear Eptisa, la empresa
matriz del grupo y una de las ingenierías españolas
más antiguas, al disgregar lo que hasta esa fecha
había sido su oficina de proyectos.
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A
partir de ese momento Eptisa va creciendo y como explica
Luis Villarroya,
consejero delegado del grupo, "poco a poco, va convirtiéndose
en una de las empresas más importantes del sector de
la obra civil en España, lo que da lugar a la generación
de empresas filiales en Galicia, Cataluña y el País
Vasco, dedicadas a lo que en aquella época era el eje
del negocio de Eptisa: la consultoría relativa a la
ingeniería civil y el control de calidad". |
El año
1990 marca el inicio de la gran expansión de la empresa.
Aunque en ese momento, Eptisa tenía una presencia notable
en el territorio nacional, se puso en marcha un plan estratégico
que apostaba por extender su influencia a todas las comunidades
autónomas, reforzar una actividad internacional que había
comenzado en la década de los sesenta y, sobre todo, diversificar
la actividad de la compañía, introduciéndose en segmentos
distintos a los que habían sido tradicionales hasta entonces
como los servicios industriales, informáticos, turísticos
y de mantenimiento.
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Lucha por la supervivencia
Las fusiones producidas entre distintas entidades bancarias
habían provocado que Eptisa pasara a manos del Banco
Central Hispano (nacido de la unión del Banco Central
y del Banco Hispano, que previamente había adquirido
el Banco Urquijo), quien decide vender la empresa en 1995
por considerar que no estaba vinculada a la actividad fundamental
de la entidad, que era la financiera. "En aquel año,
un grupo de empleados de la casa decidimos lanzarnos a comprar
Eptisa, uniéndonos a una de las cinco mayores ingenierías
del mundo, que en aquel momento se llamaba Heidemij y hoy
se conoce como Arcadis" recuerda Luis Villarroya. "Con
esta adquisición nació el Grupo EP, que entonces
estaba formado por 10 compañías nacidas de
la disgregación de las filiales de Eptisa, pero que
hoy cuenta con 15 en España y 5 en el exterior".
Entre la maraña de empresas del grupo, Eptisa sigue
siendo, junto con Adisa, dedicada a la gestión de
la construcción, la firma señera del grupo,
tanto por su tradición como por su tamaño
y facturación. Además, las cinco filiales
que el Grupo EP posee en Brasil, Chile, Colombia, Argentina
y Rumania dependen de Eptisa Proyectos Internacionales,
la compañía que gestiona, promueve y organiza
toda la actividad internacional que realiza el grupo.
Tener un pasado tan ajetreado ha obligado a superar numerosos
contratiempos a lo largo de los años. "En una
compañía de casi 50 años de historia,
las dificultades no responden a un momento específico,
ni a un escenario determinado" puntualiza Luis Villarroya.
"Creo que uno de los principales problemas de nuestro
segmento ha sido las oscilaciones que el mercado de la ingeniería
sufre de forma permanente. De repente, llega un Plan Nacional
de Carreteras y hay que dotar a la empresa de una gran cantidad
de recursos para ser fuerte en ese terreno, pero entonces
se acaba el plan y lo que procede es modernizar aeropuertos.
Además la caída de la inversión pública
hace que se resienta la empresa, lo que obliga a un esfuerzo
de diversificación constante".
Sin
embargo, para Luis Villarroya los mayores temores llegaron
a la hora de tomar las riendas de la empresa. "Haber
pasado a ser los propietarios de la compañía
es lo que nos hace sentirnos más orgullosos, pero
los retos han sido muchos. Convertirse en empresario en
una compañía nacida bajo la tutela de un banco
es complicado, porque un buen día te encuentras que
aunque eres dueño de tu propio destino, no hay nadie
que te respalde y tienes que salir adelante tú solito".
Esta situación requiere gran flexibilidad y una importante
capacidad de adaptación, cualidades que también
resultaron tremendamente útiles cuando se tomó
la decisión de diversificar los campos de actuación
de la compañía. "La introducción
en el mundo de los servicios también planteó
numerosos problemas, sobre todo de conocimiento de los nuevos
mercados, de cómo poner en marcha las nuevas actividades
y de cómo gestionarlas debidamente" recalca
Luis Villarroya.
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