N.41
Abril 2001
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El establecimiento de filiales ha dado continuidad a la presencia internacional de la compañía


Los planes de futuro del Grupo EP pasan por seguir diversificando su actividad y sus mercados exteriores

 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE ... GRUPO EP  


>> Exportar cooperación
En el mundo de los personajes de televisión, Epi es bien conocido en España por su vida privada y sus agrias polémicas con su inseparable compañero Blas, pero en el mundo empresarial la fama internacional de EPI se debe fundamentalmente a su dilatada experiencia profesional en proyectos de ingeniería y consultoría. Nicaragua, Rumania, Guatemala, Filipinas, Jordania, Túnez, El Salvador, Mauritania, Palestina, Siria, Namibia, República Dominicana, Bosnia, Venezuela, Senegal o Brasil son algunos de los países beneficiarios de la iniciativas de Eptisa Proyectos Internacionales, más conocida por sus siglas EPI, una empresa que desde su creación, en 1995, ha puesto en marcha más de 40 proyectos de cooperación en países de cuatro continentes.

EPI es una de las 20 empresas (15 en España más la cinco filiales en el extranjero) que forman el Grupo EP, una compañía que tiene su origen en 1956, cuando el Banco Urquijo decide crear Eptisa, la empresa matriz del grupo y una de las ingenierías españolas más antiguas, al disgregar lo que hasta esa fecha había sido su oficina de proyectos.

A partir de ese momento Eptisa va creciendo y como explica Luis Villarroya, consejero delegado del grupo, "poco a poco, va convirtiéndose en una de las empresas más importantes del sector de la obra civil en España, lo que da lugar a la generación de empresas filiales en Galicia, Cataluña y el País Vasco, dedicadas a lo que en aquella época era el eje del negocio de Eptisa: la consultoría relativa a la ingeniería civil y el control de calidad".

El año 1990 marca el inicio de la gran expansión de la empresa. Aunque en ese momento, Eptisa tenía una presencia notable en el territorio nacional, se puso en marcha un plan estratégico que apostaba por extender su influencia a todas las comunidades autónomas, reforzar una actividad internacional que había comenzado en la década de los sesenta y, sobre todo, diversificar la actividad de la compañía, introduciéndose en segmentos distintos a los que habían sido tradicionales hasta entonces como los servicios industriales, informáticos, turísticos y de mantenimiento.

>> Lucha por la supervivencia
Las fusiones producidas entre distintas entidades bancarias habían provocado que Eptisa pasara a manos del Banco Central Hispano (nacido de la unión del Banco Central y del Banco Hispano, que previamente había adquirido el Banco Urquijo), quien decide vender la empresa en 1995 por considerar que no estaba vinculada a la actividad fundamental de la entidad, que era la financiera. "En aquel año, un grupo de empleados de la casa decidimos lanzarnos a comprar Eptisa, uniéndonos a una de las cinco mayores ingenierías del mundo, que en aquel momento se llamaba Heidemij y hoy se conoce como Arcadis" recuerda Luis Villarroya. "Con esta adquisición nació el Grupo EP, que entonces estaba formado por 10 compañías nacidas de la disgregación de las filiales de Eptisa, pero que hoy cuenta con 15 en España y 5 en el exterior". Entre la maraña de empresas del grupo, Eptisa sigue siendo, junto con Adisa, dedicada a la gestión de la construcción, la firma señera del grupo, tanto por su tradición como por su tamaño y facturación. Además, las cinco filiales que el Grupo EP posee en Brasil, Chile, Colombia, Argentina y Rumania dependen de Eptisa Proyectos Internacionales, la compañía que gestiona, promueve y organiza toda la actividad internacional que realiza el grupo.

Tener un pasado tan ajetreado ha obligado a superar numerosos contratiempos a lo largo de los años. "En una compañía de casi 50 años de historia, las dificultades no responden a un momento específico, ni a un escenario determinado" puntualiza Luis Villarroya. "Creo que uno de los principales problemas de nuestro segmento ha sido las oscilaciones que el mercado de la ingeniería sufre de forma permanente. De repente, llega un Plan Nacional de Carreteras y hay que dotar a la empresa de una gran cantidad de recursos para ser fuerte en ese terreno, pero entonces se acaba el plan y lo que procede es modernizar aeropuertos. Además la caída de la inversión pública hace que se resienta la empresa, lo que obliga a un esfuerzo de diversificación constante".

Sin embargo, para Luis Villarroya los mayores temores llegaron a la hora de tomar las riendas de la empresa. "Haber pasado a ser los propietarios de la compañía es lo que nos hace sentirnos más orgullosos, pero los retos han sido muchos. Convertirse en empresario en una compañía nacida bajo la tutela de un banco es complicado, porque un buen día te encuentras que aunque eres dueño de tu propio destino, no hay nadie que te respalde y tienes que salir adelante tú solito". Esta situación requiere gran flexibilidad y una importante capacidad de adaptación, cualidades que también resultaron tremendamente útiles cuando se tomó la decisión de diversificar los campos de actuación de la compañía. "La introducción en el mundo de los servicios también planteó numerosos problemas, sobre todo de conocimiento de los nuevos mercados, de cómo poner en marcha las nuevas actividades y de cómo gestionarlas debidamente" recalca Luis Villarroya.