N.30
Abril 2000
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 TRAS LAS HUELLAS DE ... CAMPER  


>> Puro diseño
En oposición a esta forma de hacer, Camper se especializó en ese valor añadido que, consideran, se encuentra fundamentalmente en el diseño del producto y su comunicación al público. "Por eso no tenemos ninguna producción propia, porque creemos que nuestro fuerte no es hacer un zapato de altísima calidad muy bien confeccionado como puede hacer Lotusse, sino, sobre todo, aportar nuevos productos, investigar sobre su diseño e innovar".

Eso sí, en Camper se controla absolutamente todo el proceso de creación del producto para que el resultado sea el planeado. Cada vez que el departamento de diseño saca un nuevo artículo, se seleccionan los proveedores que cumplen sus requisitos y se contacta con los fabricantes (los hay en Mallorca, en la Península y también fuera de España) para indicarles exactamente cómo debe hacerse el zapato y a qué proveedores deben dirigirse para obtener cada componente. "En la actualidad, la cuestión logística es muy complicada -explica Jaime- la sede de Camper se ha convertido en una especie de centro de control de flujos de información entre diseñadores, fabricantes, proveedores y clientes que realizan pedidos, desde cualquier parte del mundo. Es una gran central de inteligencia".

Durante los primeros siete años de trayectoria, el calzado Camper podía encontrarse en tiendas multimarca (zapaterías con un amplio surtido de marcas) de toda España y a pesar de que se había logrado atraer a cierta clientela, sobre todo, profesionales liberales y gente con inquietudes culturales y artísticas, los resultados no cumplían al 100% las expectativas de su fundador. La marca Camper tenía una gran potencialidad que no se estaba aprovechando al máximo. "El principio fue duro porque la gente no entendía muy bien qué es lo que ofrecíamos" indica el director de Márketing. ¿Por qué? Pues simplemente, continúa, "porque no se había sido capaz de comunicarlo al consumidor".

>> Como en su casa
Las tiendas Camper son la solución porque en ellas "se puede mantener un contacto real con el cliente", que es lo que se necesitaba, dice Estela. La primera de ellas se abrió en 1982 en la calle Muntaner de Barcelona, "una de las ciudades más abiertas de España, en la que siempre ha habido una especial predilección por el diseño y el arte y en la que la gente ansía ver cosas nuevas y frescas". Por supuesto, añade el directivo, también influyó que allí tuvieran mejores ventas que en otros lugares, aunque en realidad "los resultados económicos nunca han sido lo más importante en la compañía".

Como no podía ser menos, la concepción de las tiendas propias debía ser radicalmente distinta de lo habitual. "La meta no era decir que habíamos montado una tienda de zapatos sino que teníamos que esforzarnos para hacer algo diferente, por aportar algo nuevo", relata Estela, y ya que lo normal era que las tiendas mostraran grandes escaparates con cientos de zapatos expuestos, y los dependientes "cuando entrabas, te hacían sentar, te cogían el pie y te decían lo que necesitabas", en Camper quitaron los escaparates con zapatos y dejaron libertad al cliente para que, él mismo, cogiera y se probara el calzado que le apeteciera.

Según el personal de Camper, las tiendas son su "casa", una casa minimalista que reproduce el espíritu mediterráneo: discreto y bastante austero. Cada una de ellas está decorada de una manera, por ejemplo, en la de Old Bond Street, en Londres, hay pelotas de goma que sirven de asientos y una cinta andadora para que se prueben los zapatos de la forma más fiable, caminando; y en la de Florencia los probadores son unas bañeras con aire a diferentes temperaturas. Hoy en día, Camper tiene 50 tiendas propias, 10 de ellas en el extranjero, y otras cuatro nuevas que estarán en funcionamiento en mayo. Entre estas tiendas aún quedan unas cinco franquicias (las de Valencia, la de Vitoria y las que están en Asia) un sistema que han experimentado empujados por la demanda y que les facilitó la apertura de tiendas propias en mercados muy alejados.