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Puro diseño
En
oposición a esta forma de hacer, Camper se especializó en
ese valor añadido que, consideran, se encuentra fundamentalmente
en el diseño del producto y su comunicación al público.
"Por eso no tenemos ninguna producción propia, porque creemos
que nuestro fuerte no es hacer un zapato de altísima calidad
muy bien confeccionado como puede hacer Lotusse, sino, sobre
todo, aportar nuevos productos, investigar sobre su diseño
e innovar".

Eso
sí, en Camper se controla absolutamente todo el proceso
de creación del producto para que el resultado sea el planeado.
Cada vez que el departamento de diseño saca un nuevo artículo,
se seleccionan los proveedores que cumplen sus requisitos
y se contacta con los fabricantes (los hay en Mallorca,
en la Península y también fuera de España) para indicarles
exactamente cómo debe hacerse el zapato y a qué proveedores
deben dirigirse para obtener cada componente. "En la actualidad,
la cuestión logística es muy complicada -explica Jaime-
la sede de Camper se ha convertido en una especie de centro
de control de flujos de información entre diseñadores, fabricantes,
proveedores y clientes que realizan pedidos, desde cualquier
parte del mundo. Es una gran central de inteligencia".
Durante
los primeros siete años de trayectoria, el calzado Camper
podía encontrarse en tiendas multimarca (zapaterías con
un amplio surtido de marcas) de toda España y a pesar de
que se había logrado atraer a cierta clientela, sobre todo,
profesionales liberales y gente con inquietudes culturales
y artísticas, los resultados no cumplían al 100% las expectativas
de su fundador. La marca Camper tenía una gran potencialidad
que no se estaba aprovechando al máximo. "El principio fue
duro porque la gente no entendía muy bien qué es lo que
ofrecíamos" indica el director de Márketing. ¿Por qué? Pues
simplemente, continúa, "porque no se había sido capaz de
comunicarlo al consumidor".
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Como en su casa
Las
tiendas Camper son la solución porque en ellas "se puede
mantener un contacto real con el cliente", que es lo que
se necesitaba, dice Estela. La primera de ellas se abrió
en 1982 en la calle Muntaner de Barcelona, "una de las ciudades
más abiertas de España, en la que siempre ha habido una
especial predilección por el diseño y el arte y en la que
la gente ansía ver cosas nuevas y frescas". Por supuesto,
añade el directivo, también influyó que allí tuvieran mejores
ventas que en otros lugares, aunque en realidad "los resultados
económicos nunca han sido lo más importante en la compañía".
Como no podía ser menos, la concepción de las tiendas propias
debía ser radicalmente distinta de lo habitual. "La meta
no era decir que habíamos montado una tienda de zapatos
sino que teníamos que esforzarnos para hacer algo diferente,
por aportar algo nuevo", relata Estela, y ya que lo normal
era que las tiendas mostraran grandes escaparates con cientos
de zapatos expuestos, y los dependientes "cuando entrabas,
te hacían sentar, te cogían el pie y te decían lo que necesitabas",
en Camper quitaron los escaparates con zapatos y dejaron
libertad al cliente para que, él mismo, cogiera y se probara
el calzado que le apeteciera.
Según el personal de Camper, las tiendas son su "casa",
una casa minimalista que reproduce el espíritu mediterráneo:
discreto y bastante austero. Cada una de ellas está decorada
de una manera, por ejemplo, en la de Old Bond Street, en
Londres, hay pelotas de goma que sirven de asientos y una
cinta andadora para que se prueben los zapatos de la forma
más fiable, caminando; y en la de Florencia los probadores
son unas bañeras con aire a diferentes temperaturas. Hoy
en día, Camper tiene 50 tiendas propias, 10 de ellas en
el extranjero, y otras cuatro nuevas que estarán en funcionamiento
en mayo. Entre estas tiendas aún quedan unas cinco franquicias
(las de Valencia, la de Vitoria y las que están en Asia)
un sistema que han experimentado empujados por la demanda
y que les facilitó la apertura de tiendas propias en mercados
muy alejados.
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