N.30
Abril 2000
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Para Camper la comodidad no debe someterse a la estética, por eso sus zapatos suelen ser un poco más anchos que los demás y con tacones razonables


 

 

 TRAS LAS HUELLAS DE ... CAMPER  


>> El Mediterráneo en los pies
Todo el mundo dice que la luz de Mallorca es especial, más luminosa, una evocación continua al mar que rodea la isla. Los almendros, que en esta época del año se encuentran cargados de flores blancas, como si hubiera nevado, bordean todos los caminos, incluidos los que llevan al pequeño polígono industrial de Inca donde tiene su sede Camper. Puede resultar extraño que una empresa tan conocida en el sector del calzado y de la moda en general y que ha conseguido tanta proyección internacional, continúe "aislada" en el campo. Quizá sea la luz o los almendros aunque, en cualquier caso, Camper es atípica en muchos otros aspectos.

"Nos definimos como una empresa mediterránea porque el entorno, el paisaje, la cultura, son determinantes para nosotros", según comenta Jaime Estela, director de Márketing de Camper.

"Un diseñador que trabaje aquí, a la hora de comer sale a un jardín y almuerza al aire libre, rodeado de árboles o puede ver pasar cerca un rebaño de ovejas con su pastor... esto es muy distinto a las grandes ciudades en las que a las cinco o las seis ya es de noche y para regresar a casa hay que coger el coche y meterse en atascos durante tres o cuatro horas. Todo esto le da personalidad al producto. Por ejemplo, las botas de Dr. Marten's se entienden perfectamente si vas a Londres y ves la movida cultural que hay allí. Si Camper hubiese nacido en Inglaterra no sería lo que es, sería otra cosa", dice Estela.

En esta empresa mallorquina de calzado se da una original unión de lo tradicional y lo actual, de lo artesanal y lo avanzado, de lo local y lo global. Su origen y su éxito están ligados a la tierra que la vio nacer hace ya muchos años en el seno de una familia de zapateros. Los antecedentes de Camper se remontan a 1877, cuando Antonio Fluxá se marchó a Inglaterra para estudiar cómo se producía el calzado de forma industrializada. A su regreso, traía con él una Goodyear, una de las primeras máquinas que existieron para el cosido de zapatos.

Con ella y sus nuevos conocimientos montó la primera fábrica mecanizada de Mallorca, en la que reunió a un nutrido equipo de artesanos zapateros. A partir de entonces, las fábricas de calzado empezaron a multiplicarse por la isla, aunque generalmente producían "a granel", es decir, sin diferenciarse con un nombre propio. También en esto la empresa de la familia Fluxá se destacó, siendo una de las primeras que empleó una marca para sus zapatos: Lotusse.

>> Salto generacional
El negocio pasó de padre a hijo, de generación en generación. Lorenzo Fluxá, el fundador de Camper, es el nieto de aquel pionero en la industria zapatera, el heredero de su inquietud. Lorenzo se ha criado entre zapatos, pieles, suelas y cordones. Pero sus vivencias han sido distintas a las de sus mayores, han estado enriquecidas por una serie de transformaciones sociales que le impulsaron a fundar Camper en 1975.

En España se había vivido de lejos la revolución juvenil del 69 y la efervescencia de los hippies y se estaba viviendo una transición a la democracia en la que se atisbaban aires de mayor apertura y libertad. Los jóvenes llevaban el pelo más largo, se ponían vaqueros y leían las noticias en El País, que acababa de aparecer en el mercado. Sin embargo, los zapatos seguían siendo rígidos, finos y formales, de colores oscuros, "unos zapatos que, aunque estuvieran bien hechos, no eran los que el consumidor iba a pedir en el futuro", señala Estela.

En el momento en que Lorenzo Fluxá, consciente de estas transformaciones, se dio cuenta de que el calzado para los nuevos tiempos debía ser distinto, más creativo y cómodo, decidió fundar Camper (cuya denominación societaria es Coflusa S.A.) y creó el Camaleón. Este zapato era la reinvención de los que llevaban desde principios de siglo los campesinos de Mallorca. Para fabricar la suela se utilizaban neumáticos gastados y para el resto, lonas de carruajes, que se cosían con hilo de cáñamo. Lorenzo lo produjo industrialmente y lo vendió luego por toda España.

Ya con la marca Camper, que significa campesino, la empresa de calzado da una idea de su origen y su propia filosofía. Se trata de hacer zapatos desde el campo, reciclados y respetuosos con el medio ambiente, para la gente de la ciudad. "La empresa partía de una inquietud por aportar un producto nuevo, con nuevos diseños y nuevas formas de vender zapatos", explica el director de Márketing. El objetivo era, y aún sigue siendo, buscar y potenciar el valor añadido del producto para mantener el dinamismo del sector, que en el momento en que apareció Camper se caracterizaba por la gran cantidad de fábricas dedicadas exclusivamente a suministrar productos estándares al mercado.