El comienzo del pasado curso escolar fue atípico en China. Mientras en la mayoría de despachos españoles se hablaba de crisis, en otros se firmaban acuerdos con las instituciones educativas más importantes del país asiático. En todos los casos, además de un proyecto sólido, el idioma español está siendo su tarjeta de visita.

“La colaboración con el mundo universitario es la mejor muestra de compromiso a largo plazo que una institución privada puede hacer con un país”, explica José Antonio Villasante, director general adjunto del Banco Santander y director de la división Global Santander Universidades. Mano a mano con el Cervantes, el primer banco de la zona euro promoverá la creación de un programa para enseñar español por Internet a estudiantes de la selecta Universidad Tsinghua.

El reto del español en el país asiático es ser un plus en sí mismo. La coyuntura es buena, ya que el Gobierno chino quiere que el país juegue en primera división y ha comprendido que eso requiere dedicar más recursos a la educación. Si a eso le sumamos sus enormes intereses estratégicos en Latinoamérica, podremos hacernos una idea del valor añadido que podría suponer dominar el español en el país asiático. “Hay condiciones geopolíticas que indican que el idioma español será un arma y a España le interesa liderar ese proceso”, asegura Pedro Carreras, subdirector de Eduespaña, una entidad creada en 1996 con el objetivo de promocionar la educación española a escala internacional.

“Los chinos tienen una mentalidad muy práctica y ven que hay futuro entre empresas chinas, españolas y latinoamericanas, así que quieren aprender español como en su día estudiaron inglés”, explica Inma González Puy, directora del Instituto Cervantes de Pekín.

Las sinergias del idioma
Cuando habla del papel del español en China, Inma González Puy resume sus objetivos en uno: conseguir que pase de xiao yu zhong (lengua minoritaria) a da yu zhong (mayoritaria). “Creo que podemos cambiar el chip de la gente y que entiendan que el español es fundamental”, explica. Y en eso influyen también las empresas españolas. Desde que abrió sus puertas en 2006, el Cervantes se ha convertido en un apoyo clave para que organicen sus acciones de promoción en la sala de exposiciones y en el auditorio. “No creo que haya competencia entre el Cervantes y otras escuelas de español en China, me parecen fundamentales las sinergias con las empresas”, asegura González. “Nosotros les brindamos nuestras instalaciones y capacidad de convocatoria, sean o no patrocinadores permanentes”.

Otros promotores del español en China
A mediados de 2008 había en China 40 instituciones de educación superior de enseñanza de español y siete escuelas de educación secundaria, según cálculos de la Consejería de Educación de la Embajada de España en Pekín. Otras instituciones como la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) envían lectores cada año a las universidades chinas.

No existen estudios actualizados sobre el número de estudiantes, pero sabemos que en 2006, entre universidades, instituciones de enseñanza secundaria y el Instituto Cervantes, había más de 5.000. Profesores de español en China aseguran que faltan muchos compañeros docentes y que eso impide que los estudios de español crezcan tanto como la demanda. En otras palabras, se avanza, pero queda mucho por hacer.

Español en las aulas
En muchos países, el negocio que rodea a un idioma como el español es inmenso y tentacular. Sin embargo, en China y en el ámbito de la enseñanza, las empresas extranjeras tienen un menú restringido por ser precisamente extranjeras. La única forma de establecer un centro de enseñanza reglada -colegio, instituto, escuela- es mediante un acuerdo de colaboración con una entidad local. Todas las actividades de la institución educativa están sujetas a la aprobación de la misma autoridad local que aprobó su establecimiento.

Además, la ley marca que deben utilizar sus ingresos para mejorar las instalaciones de enseñanza y ampliar la actividad educativa.

El caso de la enseñanza de idiomas es diferente porque una empresa puede simplemente ofrecer como servicios las clases de español. Para constituirla, basta con registrarla como sociedad mercantil y solo estará sujeta a la aprobación del Ministerio de Comercio chino (MOFCOM, en sus siglas en inglés). Esta vía permite al inversor ahorrarse una lista de trámites estrictos y escoger su modelo de inversión, pues la ley aquí permite que la totalidad del capital sea extranjero. Esta opción, no obstante, tiene un inconveniente teórico: una entidad comercial no puede reclutar a sus estudiantes públicamente, mediante publicidad: deberá ofrecer sus servicios principalmente a empresas y no podrá expedir ningún diploma oficial a sus alumnos.

¿Por qué productos hay que apostar? Según un estudio realizado por el departamento de Servicios Culturales de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España (Ofecomes) en Pekín, por los programas de posgrado, seguidos de los universitarios, ya que la mayoría de estudiantes chinos de español demanda otros contenidos además de la lengua. Una vez definido el proyecto, los tres retos serán captar estudiantes, conseguir visados y ofrecer a los alumnos un título homologado en China.

Primer reto: captar estudiantes
Ante la competencia creciente, no solo española, sino también latinoamericana, lo fundamental para una escuela española en China es darse a conocer. De eso hubo mucho en la pasada edición de la China Education Expo, una de las ferias mejor consideradas del país, que se celebró en Pekín en el mes de octubre. Escuelas de negocios, universidades públicas y privadas españolas y editoriales no dejaron pasar la ocasión de acercarse al estudiante chino.

El objetivo de las escuelas españolas es ganarse a los estudiantes en China para que luego vayan a España y prosigan su formación. Es el caso del Instituto Superior de Formación y Empresa (ISFE), con sede en Burgos.

En China no sirve con empaparse del mercado y contar con buenos agentes. Por ejemplo, aseguran, cuanto mayor sea el capital de la sociedad, más se agilizan los trámites. Pese a todo no se sienten cómodos al hablar de estos temas porque temen dañar sus guanxi, las relaciones personales de vital importancia para hacer negocios en el país.

Segundo reto: los visados
Sin la llave que permite a los estudiantes chinos salir al exterior, gran parte del negocio se pierde. En los últimos años la competencia se ha disparado al entrar en escena las empresas de Latinoamérica. Muchos empresarios se quejan de que, entre los chinos, España tiene fama de exigente a la hora de conceder visados, mientras que otros países como México piden menos requisitos.

Lo que se les exige a la mayor parte de los alumnos chinos para darles el visado a España, entre otras cosas, es certificar que poseen un conocimiento suficiente del idioma (el nivel ALTE A2 requerido por la ley Schengen).

Tercer reto: ofrecer un título
Existe competencia entre empresas, pero sobre todo entre los consumidores: China es la jungla para los estudiantes. La lucha por las plazas en las mejores universidades es feroz. “Es importante asegurarles un título porque es lo que buscan. Si les dices que algo va a contribuir a su crecimiento personal no les interesa. Lo que quieren es un diploma porque, si no tienen más que su vecino, no encontrarán trabajo”, explica Mónica Moyano.

La crisis económica ha acrecentado el miedo al paro, de ahí que “una escuela española en China hará buen negocio siempre y cuando garantice un título homologado”, dice Moyano. ¿Conclusiones? Hay que conocer la demanda. “Venir a China es difícil y caro, entraña un alto coste económico y personal por el enorme cambio cultural”, explica Ramiro García, presidente del ISFE.

Minkang Zhou, coordinador del Máster de Traducción e Interpretación español-chino de la Universidad Autónoma de Barcelona, asegura que “el siglo XXI es y será el siglo del encuentro definitivo entre el mundo de Cervantes y el chino”. Según él, son “los jóvenes profesionales los que se encargarán de continuar promoviendo la comprensión y el intercambio cultural, social e intelectual” entre ambos. Un intercambio que pasa por aumentar la oferta en español y adaptarse a los formatos más demandados por los jóvenes: métodos por Internet, canciones, juegos, material de apoyo, etc. Las empresas españolas pueden mover la ficha del idioma para llegar a ese público.

Entre libros

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Documentación
El sector editorial en China
José Carlos Lis Mazuelas, Ed. Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Pekín, julio 2008, 101 págs.

El sector de la educación en China
José Carlos Lis Mazuelas, Ed. Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Pekín, octubre 2008, 42 págs.

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