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La mayor economía del continente negro se moderniza a marchas forzadas para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de su población y para demostrar al mundo que está preparada para organizar un campeonato mundial de fútbol.

El Gautrain, la mayor de las numerosas y costosas inversiones en infraestructuras que se realizan por todo el país, la reforma de los aeropuertos, la mejora del transporte ferroviario, las nuevas carreteras, los nuevos estadios de fútbol para el campeonato mundial de 2010, la modernización del sistema energético y el boom de la construcción van a arrebatarle al consumo interno el título de motor de la economía. “Tenemos un enorme programa de infraestructuras de 400.000 millones de rands (40.000 millones de euros aproximadamente) que va, sin duda, a liderar la economía”, afirma el consejero económico de la Embajada de Sudáfrica en Madrid, Johan Engelbrecht.
La fuerte demanda interna es lo que ha permitido que el país creciera hasta un 5% en los últimos años. “La sudafricana es una economía en crecimiento a la que cada vez se incorporan más personas y es su mayor poder adquisitivo lo que ha provocado en estos años un efecto arrastre en la demanda. Se consume mucho producto gourmet, bienes de consumo, calzado, automóviles de gama alta y la gente compra muchas casas”, explica Elisa García Grande, consejera económica y comercial de España en Johannesburgo.
Pero la subida internacional de los precios de los alimentos y de la energía ha provocado una inflación que en noviembre alcanzó el 8,6%, la mayor desde 2003. A pesar del aumento de las exportaciones y la subida de los precios de los productos mineros -Sudáfrica produce enormes cantidades de oro, platino, cromo y diamantes- su déficit por cuenta corriente es el más alto en 25 años, y en octubre alcanzó el 8,1% del PIB.
Líder del continente pero con problemas
Sabedora de su condición de nación más rica del continente negro, Sudáfrica es el mayor inversor del continente, es el socio más fuerte de la Southern African Costums Union y encabeza el desarrollo regional en el marco de la Comunidad de Desarrollo Sudafricana (SADC). Asimismo, en el plano político, el presidente Thabo Mbeki lidera la New Partnership for Africa Development (NEPAD), que promueve el desarrollo sostenible del continente.
Por eso, recordar el apartheid para describir este país ya no resulta significativo. Sudáfrica mira al futuro y confía en la imaginación que en su día le sirvió para dibujar una bandera de seis colores -la única en el mundo-, y que ahora le debe servir para sortear los obstáculos que se le presentan, que no son pocos. El último, una grave crisis energética que desde enero provoca apagones periódicos por toda la geografía y que amenaza sectores clave de la economía, algunos intensivos en mano de obra, como la minería y la siderurgia.
Oficinas, comercios, minas, fábricas, cadenas de montaje o frigoríficos, sin electricidad. “Para nosotros el riesgo es muy alto porque dejamos de producir”, señala Miguel Cámara, jefe de ingeniería y proyectos de Grupo ANTOLIN South Africa, que cuenta con varias plantas de producción en el país en torno a la industria del automóvil y tiene que pensar en planes alternativos como la adquisición de generadores.
A los apagones se le añaden también otras cifras no tan buenas que el Gobierno se esfuerza en corregir: el paro afecta al 25% de la población activa (el 40% en su definición más amplia), el país tiene el mayor número de seropositivos del mundo (unos 5,5 millones), y la delincuencia, aunque desciende cada año, sigue arrojando uno de los índices más altos del planeta.
Un país dual para invertir
Pero Sudáfrica es un país dual, con dos economías, una del primer mundo y otra de subsistencia, un país de ricos y otro de pobres, un país de blancos y de negros. Por eso, a las malas noticias también le acompañan las buenas. “Sudáfrica cuenta con muchos elementos que le convierten en un destino atractivo para invertir: determinadas infraestructuras sí funcionan y el marco jurídico funciona bien, así como el financiero; la forma de hacer negocios es similar a la europea; en definitiva, son las mismas reglas del juego”, prosigue García Grande.
El consejero económico sudafricano en Madrid apunta los sectores más interesantes para el inversor extranjero y en particular para el español: “Los sectores más atractivos para la inversión extranjera son las infraestructuras, la construcción, la energía, o la automoción. En Madrid recibimos mucho interés por parte de empresas de energías renovables”.
España y Sudáfrica mantienen un acuerdo para evitar la doble imposición que se firmó en junio de 2006, así como un acuerdo para la protección recíproca de inversiones.
También existen acuerdos en materia de investigación científica y tecnológica y una mesa bilateral con representantes de varios ministerios que se reúne de forma periódica.
Estas condiciones positivas han atraído la inversión española en los últimos años. El capital español está presente en el sector minero con Unión Fenosa; en la siderurgia Acerinox tiene una fundición; ACS-Dragados construyó una carretera de peaje en la capital -que gestionará por 30 años-; Irizar lleva desde 2003 montando autocares de lujo para todo el sur de África y Grupo ANTOLIN abastece desde varias plantas de producción a la industria del automóvil, clave para este país.
También hay que considerar Sudáfrica como puerta de entrada para las economías emergentes de la zona. Junto con Namibia, Botsuana, Lesotho y Suazilandia, forma la South African Costums Union (SACU). Por eso es interesante para una empresa “instalarse primero en Sudáfrica, por su marco legal y mejores infraestructuras, y considerarla como base de operaciones para la región”, apunta la consejera. En este sentido la experiencia de Irizar es un buen botón de muestra: “Desde la planta de Johannesburgo ensamblamos autocares para su venta al mercado local, pero también a Mozambique, Zimbabue, y hemos vendido hasta en Tanzania y Uganda”, según explica Antonio Sánchez, director local de la empresa.
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