El CEB (Council of Europe Development Bank) es el banco de desarrollo del consejo de Europa. Su gobernador, Raphael Alomar, nos relata de primera mano sus logros y objetivos.
EL EXPORTADOR: ¿Qué especificidad tiene el CEB respecto a las demás instituciones financieras internacionales?
RAPHAEL ALOMAR: El CEB, creado en 1956, es el banco multilateral de desarrollo más antiguo de Europa y el único dotado de un mandato exclusivamente social. Por ello, su actividad se centra prioritariamente en proyectos urgentes y en reforzar la cohesión social en nuestro continente: se puede decir que el CEB es la institución financiera de referencia para las víctimas de catástrofes naturales, los refugiados y los grupos de población más vulnerables.
Nuestro banco se distingue tanto por la envergadura de su accionariado (el pasado mes de diciembre dábamos la bienvenida a nuestro 40º Estado miembro con la adhesión de Montenegro) como por el ámbito geográfico en el que interviene puesto que el CEB está activo en 33 de sus países miembros.
Permítame decir unas palabras sobre las modalidades de acción de nuestra institución, que conforman su ventaja comparativa: el CEB cuenta con una estructura ligera (150 empleados) y eficaz que le confiere una rápida capacidad de reacción. Aún más esencial es el extraordinario efecto de palanca financiera que ejerce al servicio de su misión de desarrollo social: a modo de ilustración, cada euro de capital que aportan sus Estados miembros se traduce en más de 30 euros de crédito concedido en préstamos. El capital aportado por los accionistas del CEB es inferior a 400 millones de euros, pero el crédito de los préstamos supera a día de hoy los 12.000 millones de euros. A razón de un 40% por proyecto de contribución media, este crédito permite, a su vez, financiar inversiones sociales en Europa de aproximadamente 30.000 millones de euros.
Por descontado, esta actividad va acompañada de una gestión de riesgos y de dispositivos cautelares especialmente rigurosos: el CEB goza de una rentabilidad muy buena, de un historial irreprochable de reembolso de los préstamos con la gestión actual y del máximo prestigio, al recibir la nota AAA de las tres agencias principales de rating: Moody’s, Fitch Ratings y Standard & Poor’s.
EE: ¿Cuál ha sido su receta para no dejar de crecer en 10 años?
RA: Constante innovación. Hemos apostado por mejorar la aplicación web para satisfacer al máximo la exigencia de los asociados: en 2002, introdujimos la garantía de cobro; también fuimos pioneros en permitir el acceso a la bolsa a través de la PDA y vía SMS, para garantizar mayor inmediatez. Otro gran acierto ha sido fomentar una gran interacción con los usuarios para incorporar sus sugerencias e implementar nuevas funciones. El servicio de atención al cliente, el de traducción simultánea, el departamento de tráfico y el servicio de descarga de emergencia han sido sugeridos por los propios usuarios.
EE: ¿Cómo se orientan las intervenciones actuales y futuras del CEB?
RA: Por su naturaleza intrínseca de banco de desarrollo social, el CEB actúa en un estrecho margen entre rentabilidad y generosidad. Tanto en el presente como en el futuro, el banco debe ligar el mayor rigor de gestión con una voluntad constante de profundizar en el valor añadido de su contribución.
El CEB mantiene una política financiera y de gestión de riesgos muy estricta, cuya importancia se mide a la luz de las convulsiones actuales de los mercados de capitales. Gracias a esta política, tengo la convicción de que podemos continuar movilizando fondos en los mercados financieros internacionales en condiciones inmejorables, y ver como nuestros préstamos ganan en atractivo dentro de un flight to quality generalizado.
Claro está que la solidez financiera no constituye un fin en sí mismo para una institución como el CEB, que está al servicio de una Europa cada vez más solidaria. Conforme a las orientaciones estratégicas de su Plan de Desarrollo a medio plazo para el período 2005-2009, el banco redefine su despliegue geográfico poniendo especial énfasis en sus Estados miembros del centro y sudeste de Europa, calificados como grupo objetivo. Al mismo tiempo, el CEB trabaja para reafirmar su condición de banco de desarrollo y aumentar la eficacia de su labor. Para lograrlo, el banco insiste en:
- Estructurar su intervención en torno a tres grandes líneas de acción sectorial (refuerzo de la integración social, gestión del medio ambiente y apoyo al capital humano).
- Enriquecer el aspecto non lending services de su contribución, con especial hincapié en la asistencia, el seguimiento y la evaluación de los proyectos de inversión social.
- Elaborar igualmente una política de estrecha colaboración con otras organizaciones internacionales, que multiplique sus posibilidades de intervención.
EE: El CEB desarrolla cada vez más sus intervenciones en el sudeste de Europa. ¿Cuáles son los retos principales para estos países?
RA: Los países del sudeste europeo (y del Cáucaso) deben superar actualmente un triple desafío:
- Garantizar un paso equilibrado a la democracia y la economía de mercado.
- Integrar la globalización.
- Organizar las tareas relacionadas con la reconstrucción de las zonas devastadas por varios años de conflicto.
Los países de esa región están comprometidos con reformas económicas dignas de admiración. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos realizados, este movimiento aún no va acompañado de un desarrollo social equivalente. Así pues, la desigualdad de los ingresos aumenta y son los segmentos débiles de la sociedad quienes más sufren las consecuencias de esta fase de ajuste dolorosa, pero desgraciadamente necesaria. Si las reformas estructurales y el fortalecimiento de las instituciones son un proceso de larga duración, el choque de la transición económica, por el contrario, pesa inmediatamente sobre una gran parte de la población que en algunos casos ha podido encontrarse en peores condiciones que antes de la caída del muro.
Todo ello alimenta un sentimiento difuso de inseguridad y descontento que puede rebelarse, si no se toman las medidas necesarias, contra la economía de mercado y la democracia.
Por eso, considero esencial que se den las condiciones para que todas las clases sociales participen en el desarrollo y crecimiento económicos, y para que todos los ciudadanos tengan un acceso igualitario a los servicios sociales. La inversión en el capital humano así como la promoción del acceso al empleo y a la vivienda son factores determinantes para el crecimiento económico sostenido y la cohesión social.
EE: ¿Cuál es el balance provisional de la actividad del banco en estos países?
RA: Creo poder afirmar que el CEB ha actuado como catalizador en la movilización de financiaciones para esta región. Hasta hoy se han aprobado más de 87 proyectos de inversión social en los países del sudeste europeo, lo que equivale a más de 2.700 millones de euros. Además, para reafirmar la repercusión social de sus intervenciones, el banco ha aportado más de 11 millones de euros en concepto de donaciones y ha concedido 79 millones de euros en forma de bonificación de intereses.
Desde 1995, las intervenciones del CEB en la región se han dirigido especialmente a tres sectores:
- La gestión del medio ambiente que representa el 29% de los proyectos aprobados.
- La vivienda social con el 12% de los proyectos aprobados. Entre los aprobados recientemente, mencionaré dos proyectos emblemáticos: primero, un proyecto en Albania (15 millones de euros) destinado a solventar la escasez de viviendas a la que se enfrentan las familias con pocos ingresos, gracias a la construcción de 1.100 pisos aproximadamente en distintos municipios del país; segundo, un proyecto en Moldavia (5 millones de euros) que permitirá mejorar y desarrollar el parque de viviendas de alquiler en favor de la población socialmente vulnerable y de los refugiados.
- El apoyo a la creación de empleo en las pymes que representa el 27% de los proyectos aprobados, para impulsar al sector privado y poner remedio al elevado desempleo.
No obstante, el simple traspaso de recursos financieros no basta para garantizar la viabilidad de los proyectos en el contexto institucional, económico y social de estos países, que suele ser complejo. Por esta razón, el CEB es partidario de un enfoque integrado que intenta responder al conjunto de los problemas relacionados con la cohesión social en dichos países. Cada vez con más frecuencia cooperamos mediante el peritaje y el apoyo técnico en la fase de preparación de los proyectos y para reforzar la capacidad institucional local.
Con la contribución de uno de sus países miembros (Noruega), el CEB ha establecido un instrumento ad hoc dirigido a los Balcanes occidentales, que le permite fortalecer la calidad social de sus intervenciones en la región. Desde su creación en 2004, este instrumento ha resultado ser muy eficaz y extremadamente útil.
EE: ¿Qué papel ha desempeñado España en el seno del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa?
RA: España es un socio privilegiado del CEB, en dos aspectos:
- Como accionista, con cerca del 11% del capital, España forma parte del núcleo duro de los cuatro principales accionistas del banco. Debo decir en este sentido que los representantes de España, tanto en el Consejo de Dirección (órgano colegiado de carácter político, compuesto por Embajadores del Consejo de Europa) como en el Consejo de Administración (órgano colegiado de gestión, compuesto por altos funcionarios de la administración de las Finanzas de los países miembros) han aportado en el pasado y aportan hoy en día, un respaldo constante, exigente y esencial para la labor de nuestra institución.
- Como prestatario y país de intervención, en segundo lugar, España es el primer cliente del CEB. Con un crédito de 2.234 millones de euros en préstamos, es decir, casi el 19% de la cartera total, las instituciones españolas, incluidos organismos públicos e instituciones financieras, son los socios privilegiados de nuestro banco.
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