|
La evolución de la economía de Senegal en los últimos años está marcada por los variados programas de Gobierno que persiguen el ansiado desarrollo económico y la reducción de la pobreza, los altos precios del petróleo, un sector exterior endémicamente deficitario y una vulnerabilidad extrema a los caprichos del clima. Sin embargo, a pesar de desequilibrios y zozobras, Senegal parece haberse aferrado a la senda del crecimiento.

Desde 1994, el país africano ha registrado tasas de crecimiento sostenido, consolidándose en torno al 4,8% a partir de 2001. Asimismo, su pertenencia a la Unión Económica y Monetaria del África del Oeste (UEMOA en sus siglas en francés) ha contribuido de forma notable a la estabilidad macroeconómica. Entre los logros de esta unión destacan la contención de la inflación hasta un 1,7% de media anual y una moneda única y fuerte que favorece el comercio en toda la región.
Sin embargo, la mayoría de la población senegalesa se enfrenta a dramáticas carencias sociales: más de la mitad de la población vive por debajo del umbral de la pobreza, su tasa de alfabetización es de las más bajas de África y el acceso a electricidad y agua corriente en muchas zonas del país es más que precario.
La política económica del Gobierno senegalés, derivada del Poverty Reduction Strategy Paper (PRSA), elaborado conjuntamente con el FMI y la Estrategia de Crecimiento Acelerado (SCA), persigue aliviar esta situación y se puede dividir en cuatro grandes líneas que condicionan toda la actividad económica: atraer la inversión extranjera, renovar las infraestructuras, determinar los sectores motores del desarrollo y liberalizar el comercio.
 Atraer la inversión extranjera
Senegal es de los pocos países de África que pueden presumir de estabilidad democrática. Disfruta, además, de cierta reputación en cuanto a las clasificaciones sobre transparencia y corrupción: en la calificación de riesgo soberano de Standard & Poor´s obtiene regularmente un B+/B, mejor que la India o Argentina.
Sin embargo, un clima de negocios deficiente, por su complicado sistema regulador, está lastrando la inversión extranjera. Según Carlos Domínguez, analista de mercado de la Oficina Económica y Comercial española (Ofecomes) en Dakar, “hay poca claridad en los procedimientos y se emplea demasiado tiempo en los pasillos consiguiendo sellar el papel correcto o llamando a la puerta adecuada”.
La Agencia Nacional para la Promoción de las Inversiones (APIX) pretende ser la ventanilla única para todas aquellas empresas que deseen instalarse en Senegal: ayuda en los procedimientos administrativos y acompaña de principio a fin el proyecto de inversión.
El principal problema al que se enfrentan los inversores extranjeros en Senegal es la disponibilidad de terrenos y oficinas, ya que Dakar está muy saturado. La propiedad de los terrenos es un tema delicado. “No existe un catastro, así que, cuando una empresa tiene interés en comprar un terreno, hay que hacer un estudio de delimitación para saber quién es el propietario. Esto conlleva tiempo y lo más sensato es asociarse con una empresa local con experiencia en el lugar”, recomienda Carlos Domínguez.
El Código de Inversiones de Senegal fue modificado en 2004, contemplando incentivos y ventajas fiscales para empresas de sectores relacionados con la explotación de recursos naturales, manufacturas, turismo y hostelería, además de conceder un estatus especial a las Empresas Francas Exportadoras.
Renovar las infraestructuras
Sólo existe una única línea de transporte de pasajeros, la cual une Dakar con Bamako, capital de Mali, dos veces por semana.
Una vez superados los problemas administrativos, los obstáculos a la inversión suelen venir asociados a la logística. De hecho, problemas de infraestructuras son los que no están permitiendo a Senegal consolidarse como el mejor acceso a la región, en detrimento de Costa de Marfil.
El Estado se ha atribuido la responsabilidad de impulsar el desarrollo de las infraestructuras. Entre los llamados “proyectos de jefe de estado”, destaca la construcción de un nuevo aeropuerto internacional, una autopista de peaje entre Dakar y Thiès y la reforma de la ruinosa red ferroviaria. Proyectos monumentales que difícilmente podrían realizarse sin la presencia de las instituciones financieras multilaterales
“Senegal es un País Menos Adelantado (PMA) que cumple un criterio básico: estabilidad democrática. La financiación multilateral es tan abundante que el país no puede llegar a absorber y gestionar todos los fondos que recibe y, al final del año, tiene que devolver parte de ellos”, explica Carlos Domínguez.
El Banco Mundial, el Banco Africano de Desarrollo, el Banco Islámico de Desarrollo o el Banco Europeo de Inversiones son algunas de las instituciones que, regularmente, financian en Senegal proyectos de infraestructuras de transporte, abastecimiento de agua, energías renovables o desarrollo agrícola. Estos proyectos abren posibilidades a la empresa española, aunque en la mayoría de los casos para optar a la licitación es necesario disponer de una oficina permanente en Senegal.
| 1 | 2 |
|