COMPETIR ES INNOVAR
Innovación, productividad y competitividad


De un tiempo a esta parte, estos tres conceptos aparecen juntos constantemente y se han convertido, además, en una prioridad para el Gobierno, máxime si tenemos en cuenta que los datos confirman la creciente pérdida de competitividad (ver glosario) de la economía española en el concierto internacional.

Son numerosos los expertos que opinan que esta reducción de nuestra competitividad se debe, entre otros, a dos factores fundamentales:

  1. por un lado, al desarrollo de un modelo basado en la competencia de costes y precios
  2. y por otro, a la especialización en productos de escaso valor añadido.

"No basta con fabricar el mejor producto u ofrecer el mejor servicio. Es necesario diferenciarse. La banalización del producto es uno de los grandes males del tejido industrial, y la I+D+i es el camino para no caer en ella" afirma con rotundidad Camilo Agromayor, director general de Ofita.

Los términos investigación y desarrollo, y los más complejos de productividad y competitividad tienen un significado suficientemente conocido para todos. No así el de innovación (ver glosario) al que los expertos aluden cuando:
  • un producto nuevo es introducido en el mercado, innovación de producto (ver glosario).
  • o cuando una mejora sustancial es utilizada en el proceso productivo o de prestación de servicios, innovación de proceso (ver glosario).

Conviene subrayar que, en este sentido, la innovación incluye actividades como la I+D interna y también externa, pero asimismo la adquisición de maquinaria y otros conocimientos externos, gastos de formación y otros desembolsos destinados a la introducción de innovaciones en el mercado, así como su distribución.

A raíz de lo expuesto, podríamos preguntarnos si muchas empresas no están realizando inversiones en innovación sin ser conscientes de ello, ya que los datos estadísticos varían según reflejen el número de empresas que realizan I+D y el de aquéllas que llevan a cabo actividades de innovación.

Aunque es posible que muchas compañías innovan quizá sin saberlo, el porcentaje es, en todo caso, muy bajo, en realidad el más bajo de la UE-15 junto al de Grecia. Parece claro, pues, lo que hay que hacer: intentar emular a los mejores de Europa.

Los datos no favorecen
Es indudable que España ha dado un gran salto en los últimos años por lo que respecta a la inversión en I+D+i y, sobre todo, en cuanto a la concienciación general acerca de su capital importancia para el desarrollo del país y para la competitividad de su economía.

Pero, pese a este avance innegable, los especialistas coinciden en señalar que nuestra brecha tecnológica con respecto a la UE, y no digamos frente a EEUU y Japón, sigue siendo excesiva:

  • Nuestro gasto en I+D+i está incluso por debajo del de algunos nuevos socios comunitarios, como Eslovenia o la República Checa.
  • El propio Banco de España alerta sobre el déficit en capital tecnológico y humano, especialmente en lo que se refiere a la formación científico-técnica. Además, califica de insuficiente el esfuerzo realizado hasta ahora y reclama, por ello, mejoras adicionales.
  • El cuarto informe sobre la sociedad del conocimiento realizado por Randstad y el Instituto de Estudios Laborales de Esade suspende directamente a España en materia de I+D, educación, capital humano y gestión de alta tecnología, debido al reducido gasto en estos campos en comparación con la Europa de los 15.
  • Y en materia de patentes españolas, si bien el número de las registradas en la Oficina Europea de Patentes se ha duplicado en los últimos 10 años, no parece suficiente.

El CDTI, un actor principal
El papel de la Administración en el impulso de la I+D+i es, obviamente crucial. Por ello, el Instituto Español de Comercio Exterior, aprovechando la experiencia adquirida por las empresas españolas, tiene previsto poner en marcha un Plan de Internacionalización de Empresas Innovadoras dirigido a reforzar la imagen de España (ver artículo de El Exportador Digital nº 49) como sinónimo de calidad e innovación, coordinar los diversos instrumentos de promoción, comunicación y formación necesarios para mejorar la competitividad exterior y difundir el compromiso del ICEX y la Administración con estas tareas.

Asimismo, dentro de la nueva política tecnológica y de innovación del Gobierno, el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) se ha convertido en el principal actor.

"La organización pretende constituirse en el núcleo de referencia para facilitar la satisfacción de las demandas tecnológicas de las compañías españolas" según informa Perspectiva CDTI, la revista de información tecnológica que publica el centro.

El CDTI, que durante el próximo ejercicio gestionará 1.300 millones de euros en ayudas a proyectos de I+D+i, divide sus actuaciones en dos grandes ámbitos: nacional e internacional. En el plano nacional, gestiona una serie de herramientas financieras para favorecer la inversión de las empresas de nuestro país y las asesora en la realización de proyectos. Y en un plano más amplio, la actividad internacional del centro representa, aproximadamente, el 50% del total de los fondos que gestiona, y comprende los retornos del:

  • VI Programa Marco de la UE.
  • Los contratos para entidades españolas obtenidos en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN).
  • Los proyectos con la Agencia Espacial Europea.
  • Y su participación en el programa Eureka y en la iniciativa Iberoeka.

A grandes rasgos, los principales objetivos estratégicos del CDTI y que se sitúan en línea con los planteamientos de la política económica gubernamental son:

  • El incremento de los fondos I+D+i movilizados en el ámbito empresarial.
  • La extensión de la cultura de la innovación en el mundo de la empresa.
  • El fomento de la cooperación entre la oferta y demanda tecnológicas. Para el CDTI, uno de los principales problemas del Sistema de Innovación Europeo consiste en su dificultad para trasladar al mercado los resultados de la investigación básica.
  • Y la creación y potenciación de programas bilaterales en materia tecnológica con otros países.

 

COMPETIR ES INNOVAR
Las empresas ante la I+D


Desde todos los ámbitos, se estima que el esfuerzo privado en inversión en I+D es una de las asignaturas pendientes del sistema español de innovación.

"En la actualidad, los mercados sólo reconocen y respetan aquellas empresas diferenciadas y que aportan conceptos novedosos. Hoy ya no existen empresas formadas sólo por un músculo productivo; en cualquier caso, sí que pueden existir empresas formadas por un músculo de I+D con producciones deslocalizadas" señala a este respecto Antonio Flores, socio de la consultora estratégica CDN International.

Por su parte, Antonio de Carvajal, director de programas de Indra, insiste en el cambio producido a partir de la globalización (ver glosario) de la economía mundial "I+D+i quiere decir capacidad de posicionar nuevos productos o servicios en el mercado. La velocidad de desarrollo actual de las altas tecnologías hace imprescindible que las empresas estén continuamente innovando con objeto de no perder la competitividad. Además, las empresas tienen que acortar cada vez más el tiempo en que han de lanzar un nuevo producto o servicio al mercado y esto exige un política continua de innovación".

Todas estas ideas son, naturalmente, aplicables cuando se pretende salir a los mercados internacionales. "Lo que sucede es que hay que tener muy clara la estrategia para poder competir en el exterior. Un capítulo fundamental de esa estrategia es la especialización" señala Antonio de Carvajal. Por lo tanto, las empresas españolas deben estar altamente especializadas en una gama concreta de productos o servicios.

Las demandas del sector privado
Las demandas de las empresas que quieren innovar en España se inclina siempre por el lado de la insuficiencia de los incentivos que ofrece la Administración. El propio informe 2004 de la Fundación COTEC sobre tecnología e innovación en España señala que, en lo que se refiere a la financiación, no ha existido en nuestro país un verdadero impulso público de fomento de la innovación, y además no se ha adaptado a las características específicas de las empresas destinatarias.

En este sentido, Antonio de Carvajal sostiene que "las ayudas públicas a la I+D+i adolecen a veces de la suficiente coherencia. Quizá lo más adecuado sería definir previamente unos sectores prioritarios y concentrar la mayor parte de las ayudas en ellos. Asimismo, habría que reconsiderar la política de créditos frente a las subvenciones, ya que se favorece a los primeros, lo cual, pensando en las pymes, no atrae suficientemente."

"A pesar de las deducciones fiscales y las subvenciones, las empresas, y especialmente las pymes, tienen grandes dificultades para conseguir financiación inicial con la que llevar a cabo un proyecto de I+D+i" apostilla Camilo Agromayor, director general de Ofita.

Es conocido que los incentivos fiscales españoles para actividades de I+D+i son los más ventajosos de la OCDE pero, a pesar de su indudable atractivo, no son adecuados para proyectos modestos. Por otro lado, las ayudas en forma de crédito sólo se conceden actualmente si se acredita una sólida solvencia económica, algo que, con frecuencia, no puede ser aportado por la pymes.

Al margen de los incentivos, también el sector privado tiene que hacer sus deberes. Para Antonio de Carvajal "el desarrollo y la innovación tecnológica no se han incorporado todavía a la propia cultura el empresario español, pues su mentalidad persigue todavía resultados a corto plazo, lo cual es la antítesis de una verdadera actividad de I+D+i."

Es más, la consultora española Clarke, Modet & Co, especializada en asesoría relacionada con la propiedad industrial e intelectual, pone de manifiesto el derroche económico que se produce en las empresas, tanto europeas como españolas, en materia de I+D.

Alejandro Klecker, su director general, confirma que "la consultora ha podido constatar la falta de análisis previos o de prospección adecuada de las empresas. Además, el desconocimiento, por parte de la mismas, sobre la situación en que se encuentran determinadas tecnologías explicaría que, en ocasiones, se duplique una serie de inversiones ya efectuadas en otros países. Este conjunto de circunstancias son las que llevan a las empresas de la UE a desperdiciar 32.000 millones de euros al año."

El apoyo europeo
La cumbre europea de Lisboa del año 2000 determinó el objetivo estratégico de transformar a la UE en la economía del conocimiento (ver glosario) más dinámica y competitiva del mundo para el año 2010. Un objetivo que debía lograrse a través de la creación del llamado Espacio Europeo de Investigación.

Dentro de este marco, el Consejo Europeo de Barcelona, celebrado en marzo de 2002, fijó dos medidas principales para la consecución de este nuevo espacio:

  1. el aumento de las inversiones en I+D+i en la UE, desde el 1,9% del PIB (año 2000) al 3% en 2010
  2. y la intención de que, para esa fecha, la distribución del gasto en I+D+i suponga la absorción por el sector privado de alrededor del 75% de todo el esfuerzo investigador europeo, tal y como sucede en otros países más avanzados, como EEUU y Japón.

Así pues, favorecer la implantación de una cultura de la innovación es vital para la UE y por ello el título I, artículo I-3 de la Constitución Europea señala expresamente que la Unión "promoverá el progreso científico y técnico."

Por si fuera poco, entre las conclusiones del Informe del grupo de alto nivel de la UE creado en 2004 para evaluar el grado de cumplimiento de los objetivos de la Estrategia de Lisboa para el Crecimiento y el Empleo se recoge una que es taxativa: "Hacer de la I+D en Europa un prioridad absoluta, ya que ignorar esta evidencia sería un error estratégico fundamental en términos de competitividad."

Con este propósito, desde hace ya bastantes años, la UE ha puesto en marcha los denominados Programas Marco de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Demostración (PM). Actualmente, está en vigor el VI Programa Marco para el período 2002-2006, que cuenta con un presupuesto de 17.000 millones de euros.

Es importante destacar que, dado que el mayor esfuerzo innovador, tanto en España como en Europa, es llevado a cabo por las pequeñas y medianas empresas, éstas deben saber que en el VI Programa Marco existen apoyos específicos para ellas.

Queda, pues, mucho por hacer por parte de todos los agentes implicados ya que la carrera por la competitividad no se detiene. Es más, se trata de una carrera continua.