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COMPETIR ES INNOVAR
Las empresas ante la I+D
Innovación, productividad y competitividad


Desde todos los ámbitos, se estima que el esfuerzo privado en inversión en I+D es una de las asignaturas pendientes del sistema español de innovación.

"En la actualidad, los mercados sólo reconocen y respetan aquellas empresas diferenciadas y que aportan conceptos novedosos. Hoy ya no existen empresas formadas sólo por un músculo productivo; en cualquier caso, sí que pueden existir empresas formadas por un músculo de I+D con producciones deslocalizadas" señala a este respecto Antonio Flores, socio de la consultora estratégica CDN International.

Por su parte, Antonio de Carvajal, director de programas de Indra, insiste en el cambio producido a partir de la globalización (ver glosario) de la economía mundial "I+D+i quiere decir capacidad de posicionar nuevos productos o servicios en el mercado. La velocidad de desarrollo actual de las altas tecnologías hace imprescindible que las empresas estén continuamente innovando con objeto de no perder la competitividad. Además, las empresas tienen que acortar cada vez más el tiempo en que han de lanzar un nuevo producto o servicio al mercado y esto exige un política continua de innovación".

Todas estas ideas son, naturalmente, aplicables cuando se pretende salir a los mercados internacionales. "Lo que sucede es que hay que tener muy clara la estrategia para poder competir en el exterior. Un capítulo fundamental de esa estrategia es la especialización" señala Antonio de Carvajal. Por lo tanto, las empresas españolas deben estar altamente especializadas en una gama concreta de productos o servicios.

Las demandas del sector privado
Las demandas de las empresas que quieren innovar en España se inclina siempre por el lado de la insuficiencia de los incentivos que ofrece la Administración. El propio informe 2004 de la Fundación COTEC sobre tecnología e innovación en España señala que, en lo que se refiere a la financiación, no ha existido en nuestro país un verdadero impulso público de fomento de la innovación, y además no se ha adaptado a las características específicas de las empresas destinatarias.

En este sentido, Antonio de Carvajal sostiene que "las ayudas públicas a la I+D+i adolecen a veces de la suficiente coherencia. Quizá lo más adecuado sería definir previamente unos sectores prioritarios y concentrar la mayor parte de las ayudas en ellos. Asimismo, habría que reconsiderar la política de créditos frente a las subvenciones, ya que se favorece a los primeros, lo cual, pensando en las pymes, no atrae suficientemente."

"A pesar de las deducciones fiscales y las subvenciones, las empresas, y especialmente las pymes, tienen grandes dificultades para conseguir financiación inicial con la que llevar a cabo un proyecto de I+D+i" apostilla Camilo Agromayor, director general de Ofita.

Es conocido que los incentivos fiscales españoles para actividades de I+D+i son los más ventajosos de la OCDE pero, a pesar de su indudable atractivo, no son adecuados para proyectos modestos. Por otro lado, las ayudas en forma de crédito sólo se conceden actualmente si se acredita una sólida solvencia económica, algo que, con frecuencia, no puede ser aportado por la pymes.

Al margen de los incentivos, también el sector privado tiene que hacer sus deberes. Para Antonio de Carvajal "el desarrollo y la innovación tecnológica no se han incorporado todavía a la propia cultura el empresario español, pues su mentalidad persigue todavía resultados a corto plazo, lo cual es la antítesis de una verdadera actividad de I+D+i."

Es más, la consultora española Clarke, Modet & Co, especializada en asesoría relacionada con la propiedad industrial e intelectual, pone de manifiesto el derroche económico que se produce en las empresas, tanto europeas como españolas, en materia de I+D.

Alejandro Klecker, su director general, confirma que "la consultora ha podido constatar la falta de análisis previos o de prospección adecuada de las empresas. Además, el desconocimiento, por parte de la mismas, sobre la situación en que se encuentran determinadas tecnologías explicaría que, en ocasiones, se duplique una serie de inversiones ya efectuadas en otros países. Este conjunto de circunstancias son las que llevan a las empresas de la UE a desperdiciar 32.000 millones de euros al año."

El apoyo europeo
La cumbre europea de Lisboa del año 2000 determinó el objetivo estratégico de transformar a la UE en la economía del conocimiento (ver glosario) más dinámica y competitiva del mundo para el año 2010. Un objetivo que debía lograrse a través de la creación del llamado Espacio Europeo de Investigación.

Dentro de este marco, el Consejo Europeo de Barcelona, celebrado en marzo de 2002, fijó dos medidas principales para la consecución de este nuevo espacio:

  1. el aumento de las inversiones en I+D+i en la UE, desde el 1,9% del PIB (año 2000) al 3% en 2010
  2. y la intención de que, para esa fecha, la distribución del gasto en I+D+i suponga la absorción por el sector privado de alrededor del 75% de todo el esfuerzo investigador europeo, tal y como sucede en otros países más avanzados, como EEUU y Japón.

Así pues, favorecer la implantación de una cultura de la innovación es vital para la UE y por ello el título I, artículo I-3 de la Constitución Europea señala expresamente que la Unión "promoverá el progreso científico y técnico."

Por si fuera poco, entre las conclusiones del Informe del grupo de alto nivel de la UE creado en 2004 para evaluar el grado de cumplimiento de los objetivos de la Estrategia de Lisboa para el Crecimiento y el Empleo se recoge una que es taxativa: "Hacer de la I+D en Europa un prioridad absoluta, ya que ignorar esta evidencia sería un error estratégico fundamental en términos de competitividad."

Con este propósito, desde hace ya bastantes años, la UE ha puesto en marcha los denominados Programas Marco de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Demostración (PM). Actualmente, está en vigor el VI Programa Marco para el período 2002-2006, que cuenta con un presupuesto de 17.000 millones de euros.

Es importante destacar que, dado que el mayor esfuerzo innovador, tanto en España como en Europa, es llevado a cabo por las pequeñas y medianas empresas, éstas deben saber que en el VI Programa Marco existen apoyos específicos para ellas.

Queda, pues, mucho por hacer por parte de todos los agentes implicados ya que la carrera por la competitividad no se detiene. Es más, se trata de una carrera continua.