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De un
tiempo a esta parte, estos tres conceptos aparecen juntos constantemente
y se han convertido, además, en una prioridad para el Gobierno,
máxime si tenemos en cuenta que los datos confirman la creciente
pérdida de competitividad (ver glosario) de la economía
española en el concierto internacional.

Son numerosos
los expertos que opinan que esta reducción de nuestra competitividad
se debe, entre otros, a dos factores fundamentales:
- por un lado,
al desarrollo de un modelo basado en la competencia de costes
y precios
- y por otro,
a la especialización en productos de escaso valor añadido.
"No basta
con fabricar el mejor producto u ofrecer el mejor servicio. Es necesario
diferenciarse. La banalización del producto es uno de los
grandes males del tejido industrial, y la I+D+i es el camino para
no caer en ella" afirma con rotundidad Camilo Agromayor, director
general de Ofita.
Los términos
investigación y desarrollo, y los más complejos de productividad
y competitividad tienen un significado suficientemente conocido para
todos. No así el de innovación (ver glosario) al que
los expertos aluden cuando:
- un producto
nuevo es introducido en el mercado, innovación de producto (ver glosario).
- o cuando
una mejora sustancial es utilizada en el proceso productivo o
de prestación de servicios, innovación de proceso (ver glosario).
Conviene subrayar
que, en este sentido, la innovación incluye actividades como
la I+D interna y también externa, pero asimismo la adquisición
de maquinaria y otros conocimientos externos, gastos de formación
y otros desembolsos destinados a la introducción de innovaciones
en el mercado, así como su distribución.
A raíz
de lo expuesto, podríamos preguntarnos si muchas empresas
no están realizando inversiones en innovación sin
ser conscientes de ello, ya que los datos estadísticos varían
según reflejen el número de empresas que realizan
I+D y el de aquéllas que llevan a cabo actividades de innovación.
Aunque es posible
que muchas compañías innovan quizá sin saberlo,
el porcentaje es, en todo caso, muy bajo, en realidad el
más bajo de la UE-15 junto al de Grecia. Parece claro, pues,
lo que hay que hacer: intentar emular a los mejores de Europa.
Los datos no favorecen
Es indudable
que España ha dado un gran salto en los últimos
años por lo que respecta a la inversión en I+D+i
y, sobre todo, en cuanto a la concienciación general acerca
de su capital importancia para el desarrollo del país y para
la competitividad de su economía.
Pero, pese a
este avance innegable, los especialistas coinciden en señalar
que nuestra brecha tecnológica con respecto a la UE, y no
digamos frente a EEUU y Japón, sigue siendo excesiva:
- Nuestro gasto
en I+D+i está incluso por debajo del de algunos nuevos
socios comunitarios, como Eslovenia o la República Checa.
- El propio
Banco de España alerta sobre el déficit
en capital tecnológico y humano, especialmente en lo que
se refiere a la formación científico-técnica.
Además, califica de insuficiente el esfuerzo realizado
hasta ahora y reclama, por ello, mejoras adicionales.
- El cuarto
informe sobre la sociedad del conocimiento
realizado por Randstad y el Instituto de Estudios Laborales de
Esade suspende directamente a España en materia de I+D, educación,
capital humano y gestión de alta tecnología, debido
al reducido gasto en estos campos en comparación con la
Europa de los 15.
- Y en materia
de patentes españolas, si bien el número de las
registradas en la Oficina Europea de Patentes
se ha duplicado en los últimos 10 años, no parece
suficiente.
El CDTI, un actor principal
El papel de la
Administración en el impulso de la I+D+i es, obviamente crucial.
Por ello, el Instituto Español de Comercio Exterior,
aprovechando la experiencia adquirida por las empresas españolas,
tiene previsto poner en marcha un Plan de Internacionalización
de Empresas Innovadoras dirigido a reforzar la imagen de España
(ver artículo de El Exportador Digital
nº 49) como sinónimo de calidad e innovación,
coordinar los diversos instrumentos de promoción, comunicación
y formación necesarios para mejorar la competitividad exterior
y difundir el compromiso del ICEX y la Administración con
estas tareas.
Asimismo, dentro
de la nueva política tecnológica y de innovación
del Gobierno, el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial
(CDTI) se ha convertido en el principal actor.
"La organización
pretende constituirse en el núcleo de referencia para facilitar
la satisfacción de las demandas tecnológicas de las
compañías españolas" según informa
Perspectiva CDTI,
la revista de información tecnológica que publica
el centro.
El CDTI, que
durante el próximo ejercicio gestionará 1.300 millones
de euros en ayudas a proyectos de I+D+i, divide sus actuaciones
en dos grandes ámbitos: nacional e internacional. En el plano
nacional, gestiona una serie de herramientas financieras para favorecer
la inversión de las empresas de nuestro país y las
asesora en la realización de proyectos. Y en un plano más
amplio, la actividad internacional del centro representa, aproximadamente,
el 50% del total de los fondos que gestiona, y comprende los retornos
del:
A grandes rasgos,
los principales objetivos estratégicos del CDTI y que se
sitúan en línea con los planteamientos de la política
económica gubernamental son:
- El incremento
de los fondos I+D+i movilizados en el ámbito empresarial.
- La extensión
de la cultura de la innovación en el mundo de la empresa.
- El fomento
de la cooperación entre la oferta y demanda tecnológicas.
Para el CDTI, uno de los principales problemas del Sistema de
Innovación Europeo
consiste en su dificultad para trasladar al mercado los resultados
de la investigación básica.
- Y la creación
y potenciación de programas bilaterales en materia tecnológica
con otros países.
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