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PRIMEROS PASOS... JOLCA
Fruto del olivo | 1 | 2 |


La historia de Jolca está tan escalonada como el discurso que utiliza su director gerente, Javier Domínguez, a la hora de contarla. Un relato ordenado, pausado y acorde con el desarrollo de esta empresa sevillana, cuya visión de negocio, consistente en estar siempre alerta de las nuevas oportunidades, ha sido una constante desde su nacimiento en 1961. Año en el que los hermanos Gutiérrez percibieron el potencial económico de una costumbre ampliamente extendida por aquel entonces: la venta de aceitunas a granel.

Javier Domínguez

"¿Por qué no industrializarla y ofrecer a la gente un producto con garantías?", se preguntaron, pese a no disponer todavía ni de instalaciones propias ni de zona de cultivo.

"Empezaron de cero" concreta Javier, "con poca infraestructura e implicándose personalmente en todo, desde el envasado y la comercialización, hasta la gestión del día a día". La bolsa de plástico como envase para aceitunas, algo novedoso en aquellos tiempos, cuajó, y el crecimiento de la actividad dio lugar a que se creara, en 1974, la sociedad anónima bajo la cual operan en la actualidad.

"Hasta 1989, con un único producto y un único formato, Jolca era una empresa que comercializaba aceituna sevillana. Desde ese año hasta 1997 se introduce en el relleno de anchoa, segmento que cada día iba adquiriendo mayor importancia. De ahí en adelante la gama de productos se amplía considerablemente." Es en ese último período cuando se incluyen las aceitunas rellenas de jamón, atún, salmón, queso azul o pimiento asado, y se comienza a comercializar en frasco de cristal la variedad gordal deshuesada con pepinillo y en diferentes aliños. Diversificación que responde a una premisa clara: la de "aportarle novedad al mercado", formulada por Javier Domínguez como reflejo de una filosofía marcada desde su entrada en la empresa, hace ya nueve años.

Primera salida al exterior
La primera exportación de aceituna de mesa se remonta a 1991, "época en la cual la demanda era mucho más importante que la oferta y te venían a comprar sin necesidad de salir a vender". En México se inicia la aventura exterior de Jolca, que hasta el año 2000 seguía basándose más en la voluntad del comprador internacional que en un plan definido por destinos prioritarios. Será la incorporación de la directora de exportación, Piroska Magyar, la que cambie por completo el planteamiento de la estrategia internacional en cuanto a la asistencia a ferias, misiones comerciales y foros de información sobre mercados, la planificación de los aprovisionamientos y la garantía de ofrecer un servicio exhaustivo a los clientes. Aspecto éste muy importante, ya que "debido a la gran competencia y a la alta concentración de la distribución, es imprescindible que haya transparencia en el desarrollo del negocio y que tanto exportadores como importadores aborden los mercados de manera conjunta".

Jolca entra en el PIPE en noviembre de 2001. "Antes de llegar al programa nuestra marca ya estaba presente en México, Francia, República Checa y Rusia, pero no teníamos una buena estructura para trabajar a escala internacional", indica su director gerente. "Solicitamos participar en él porque nos pareció interesante para hacer un análisis de la empresa y disponer de herramientas que nos ayudaran a tener éxito en el mercado exterior."

Se contaba con la ventaja de tener una gama de productos lo suficientemente amplia como para poder competir "en condiciones razonables", y ser una compañía vertical que compra la aceituna, la adereza y la comercializa. ¿Por qué es esto último una ventaja? "Porque tenemos un mayor control sobre el negocio y una mayor capacidad de respuesta ante cualquier posible incidente", recalca. La mayor parte de las aceitunas de mesa de Jolca provienen, de hecho, de la finca que los accionistas adquirieron en 1988 y que desde esa fecha ha experimentado una profunda modernización.

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